XIV

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Ni Hannah ni Stiles podían creer lo que sus ojos veían. El policía que había llegado a verificar la escena del crimen en la escuela se había ido como si nada hubiera pasado. Una vez que esperaron unos minutos a que se fuera, Hannah y Stiles se bajaron del Jeep.

—Estoy bastante segura de que debería estar quemándose todo en estos momentos —murmuró Hannah entredientes, su mano entrelazada con la de Stiles guiándolo por los pasillos de la escuela.

—¿Y si no está muerto? ¿Y si escapó?

—Su corazón ya no latía. E incluso si hubiera escapado, no hubiera llegado lejos con la mitad de su cuerpo en llamas —Stiles se quedó callado; Hannah malinterpretó su silencio—. No te preocupes —dijo, haciendo un gesto con su mano libre—. Lo terminaré de matar si es que el hijo de puta sigue vivo... —se interrumpió a si misma al llegar a la biblioteca, frunciendo el ceño—. Estoy bastante segura de que destrocé eso.

El lector de la entrada de credenciales de la biblioteca estaba en perfecto estado, como si nada hubiera pasado. Decidida, Hannah sacó su tarjeta y la pasó, abriéndoles las puertas. Stiles se quedó estático mientras la chica avanzaba, incrédula. Era como si nada, absolutamente nada hubiera pasado.

El andamio estaba en su lugar, no había rastro de cuerpos ni de sangre ni nada quemado... Todo lucía tal y como hace un par de horas, cuando habían estado investigando todos en la biblioteca.

—¿Qué mierda acaba de pasar? —susurró Hannah, viendo a la nada. Stiles, detrás de ella, pasó un dedo por el andamio.

—Hann —la llamó. Ella se dio la media vuelta para encararlo y se acercó a él. Stiles le enseñó el dedo que acababa de pasar por el andamio, manchado de sangre. 

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—Deberías darte una ducha si quieres —ofreció Hannah, adentrándose en su loft. Ir a su casa esa noche era la opción más lógica. Les daría la coartada a Stiles de que había pasado ahí la noche entera con Hannah como única testigo—. Haré algo de té y hablaremos, ¿sí?

Hannah supuso que Stiles asintió al sentir sus pasos detrás de ella yendo al baño de su habitación. Una vez que Stiles estuvo lejos, Hannah se permitió pensar.

Stiles había matado a alguien.

Stiles había matado a alguien.

Stiles había matado a Donovan.

Los pensamientos de Hannah eran vagos. Parte de su mente solo podía pensar en lo que esto le haría a Stiles. Matar a alguien era difícil para casi cualquier persona, pero Stiles era Stiles. El chico desvanecía a la vista de sangre. Y era inocente y puro. Todos sus amigos lo eran. No podía imaginarse lo que sentía en esos momentos, probablemente culpándose por ello, como si Donovan no fuera el malo de la película.

Ah, Donovan. Tan solo pensar en él le hervía la sangre. Pensar en él haciéndole daño a Stiles le despertaba instintos asesinos. Merecía mucho peor por tratar de herirlo. Si no estuviera muerto le arrancaría la piel lentamente. Y si estaba vivo... Si estaba vivo esperaba que en ese momento estuviera planeando huir al otro lado del mundo porque si dependiera de Hannah lo cazaría hasta destriparlo.

Por último, pensaba en Scott. En Scott, quien veía todo blanco y negro: bueno o malo. Scott tendría que entender que a veces no se puede ser tan imparcial, que uno no puede simplemente evitar conflictos. A veces los conflictos te enfrentan a ti y debes de luchar contra ellos. A veces tienes que matar para defenderte y eso no te conviene en una mala persona. Quería pensar que Scott haría una excepción con su amigo pero... no, no podía correr el riesgo. Se lo ocultaría. Nadie tendría que saberlo. No había pruebas, no había evidencia. Sería fácil.

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