VIII

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—Debí de haberme cortado el cabello —farfulló el padre de Stiles frente a un espejo de bolsillo en su oficina en la comisaría.

—A tu edad deberías estar feliz de tener cabello que cortar —comentó Stiles frente a él. A sus espaldas estaba Hannah, quien jugaba a dar vueltas en la silla giratoria mientras comía helado.

—Si te vas a ver como tu padre en unos años creo que voy a considerar quedarme contigo —ronroneó Hannah, sonriéndole juguetonamente para después añadir más seria—: Yo creo que se ve increíble, Sheriff.

—Y yo creo que te ves genial —dijo Scott, poniéndose al lado de Stiles.

—Gracias hijo que debí tener y futura nuera —después de eso, el Sheriff se quebró, deshaciéndose la corbata que Hannah le había hecho con bastante esfuerzo—. ¿Qué diablos hago? Es una idea terrible.

—Papá, papá. Es una cita, ¿entiendes? —Lo detuvo Stiles—. El pueblo de Beacon Hills no se desintegrará si sales con una mujer...

—O un hombre —Hannah se encogió de hombros—. Yo no juzgo.

—Es una mujer —enfatizó el padre de Stiles.

—Bien —cedió Stiles.

—Una mujer muy hermosa.

—¿Cuál mujer hermosa?

—Uhh... ¿acaso es Melissa? Porque ustedes se verían adorables, en serio —exclamó Hannah, emocionada.

—Eso no les incumbe —los regañó el Sheriff—. A ninguno de los tres.

—Yo quiero saber —dijo Stiles, entrecerrando los ojos. Estaba acomodándole la corbata a su padre cuando en diez segundos escucharon a alguien gritando "Stilinski"; Hannah estuvo de pie en la puerta en dos. El sheriff salió detrás de ella.

Hannah analizó al chico que había gritado. Todo en él gritaba problemas, desde el costoso abogado a su lado hasta la postura rígida de Parrish al lado contrario. Sin embargo, era solo un chico inofensivo y rebelde.

—Te voy a matar —gritó el chico. Hannah le miró aburrida, mordiendo la cuchara de su helado.

—Donovan, si crees que me espantas... recuerda que está documentado en tu archivo de expresiones de ira —respondió tranquilamente el padre de Stiles—. Agentes, escolten al chico afuera.

—No es un enojo como para romperte una ventana. Estoy enojado como para encontrarte, sacar un cuchillo y apuñalarte hasta que mueras. Y cuando me veas y me preguntes por qué... recuerda este momento. Esta es la razón.

—Si lo intentas... —murmuró Hannah, suavemente, como si no fuera la gran cosa, sacándose la cuchara de la boca—. Voy a sacarte los ojos con esta cuchara, ¿me entiendes? —el abogado miró al sheriff con los ojos abiertos de par en par, como si indicara que la detuviera.

—Solo está bromeando —suspiró el Sheriff, mirando mal a Hannah.

—No lo estoy —gesticuló Hannah silenciosamente. Scott decidió intervenir, pasando un brazo alrededor de los hombros de Hannah y llevándosela a un rincón para alejarla del problema—. ¿Qué? Me dijiste que no matara a nadie y técnicamente si le saco los ojos aún puede vivir. Creo. Me gustaría averiguarlo, tal vez la maestra me dé puntos extra si hago un experimento sobre esto.

—Eres una zorra estúpida —escupió el chico, Donovan, fulminando con la mirada a la rubia—. Debería de violarte antes de matar a Stilinski para enseñarte una lección. ¿Debería usar el mismo cuchillo?

Breaking /Teen Wolf |running#4|¡Lee esta historia GRATIS!