XXXIII

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Stiles despertó sobresaltado, tras una pesadilla. Sus ojos marrones parpadearon varias veces, tratando de acostumbrarse a la oscuridad. Alargó el brazo, intentando abrazar a Hannah pero no encontró más que un vacío donde se suponía su novia dormía. Se paró, descalzo, y caminó por el pasillo buscándola.

La encontró frente al gran cristal que tenía vista a Beacon Hills en todo su esplendor. Aunque de noche solo se veían un par de luces, la vista era indudablemente hermosa. Estaba lloviendo, por lo cual la temperatura había bajado. Sin embargo, Hannah estaba ahí sentada en el suelo, abrazando sus rodillas, con nada puesto más que su ropa interior. Veía en silencio ver la tormenta caer, totalmente inmóvil. A pesar de que su cuerpo estaba ahí, su mente parecía haber escapado muy lejos, pues ni siquiera notó cuando Stiles se acercó a ella. Cuando la vio de perfil, pudo ver que lágrimas se derramaban silenciosamente por sus mejillas.

—Hann —la llamó en voz baja para no asustarla. Ella parpadeó varias veces, regresando a la realidad.

—Hola —susurró Hannah, su voz cortándose ligeramente. Se aclaró la garganta y le sonrió con total normalidad—. Perdón, ¿te desperté? —Stiles negó con la cabeza, y en silencio, se sentó a su lado en el piso. Hannah recargó la cabeza en su hombro, soltando un gran suspiro.

—¿No podías dormir?

—No. No puedo dejar de pensar.

—Yo tampoco —admitió Stiles.

—¿Sabes que lo de Donovan fue un accidente, cierto? No importa lo que piense Scott. Tú debes de saber que no tenías otra opción. Tenías que elegir entre tu vida y la de él, y me alegro que ese bastardo haya muerto y que tú estés a mi lado.

—No lo sé. A veces pienso que Scott tiene razón. Otras veces que yo soy el que está equivocado. No lo sé. No sé nada.

—Ni siquiera quiso escucharnos.

—No... Oye, Hann.

—¿Si?

—Lamento que hayas tenido que ocultárselo, y lamento haberte puesto en esa posición.

—Yo no. Solamente lamento que se haya enterado. Solo eso.

—¿En qué piensas entonces?

—Todo lo que debo de hacer. Tengo que ir a ver cómo están Liam y Hayden, suponiendo que la mordida de Scott haya funcionado en ella. Encontrar a Parrish y a Lydia. Qué debo de hacer para que Kira regrese mis llamadas. Pensar cómo voy a hacer para que Malia esté de nuestro lado de nuevo...

—Malia está de tu lado —le recordó, interrumpiéndola.

—No hay un lado. No es un Scott contra Hannah. Somos una manada. Todos.

—¿Lo somos? —preguntó irónicamente.

—Tenemos que serlo.

—No es tu trabajo —Hannah abrió la boca para interrumpirlo, pero Stiles la detuvo—. Escucha. Hannah, no es tu trabajo. Sé que es tu deber de Beta o lo que sea que tus padres te hayan lavado el cerebro pero no es tu culpa. Somos todos. Todos tenemos la culpa.

—Lo sé. Lo sé. Pero tengo que hacerlo. Necesito hacerlo.

—Lo que necesitas es dormir si piensas solucionar la Guerra Fría en un día —Hannah asintió, aunque ambos sabían que Hannah no dormiría ni un instante.

—Iré en un rato, ¿sí? Tú trata de dormir.

—Bien. Te amo.

—Te amo —Stiles depositó un suave beso en la sien de Hannah antes de pararse y encaminarse al dormitorio.

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