Capítulo 12

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Paul miró a Lana una vez más. - ¿Quieres que concierte una cita con Silas para que puedas hablar con él? ¿Es eso?

- Por favor. - Lo miró suplicante. - Ya te dije que no me coge las llamadas y necesito algunas respuestas.

Algo dentro de Paul cambió, ya no miraba a Lana con los mismos ojos y podía verse que ella realmente necesitaba de su ayuda.

- Esta bien, pásate el martes por mi oficina. - Dijo mirando de nuevo su reloj. - De verdad que me tengo que ir.

Lana sonrió ampliamente. - Muchas gracias. - Dijo antes de inclinarse y darle un rápido beso en su mejilla y retirarse hacia la sala. Ese gesto  sorprendió a Paul dejándolo petrificado en el sitio.

***

- ¿Cómo declaran al acusado? - Preguntó la jueza desde su asiento.

El juicio había durado más de lo que se esperaba ya que el jurado andaba indeciso con el veredicto pero el buen trabajo de Jane y Brad hizo que se decidieran.

- Declaramos al acusado Mark Collins inocente de todos los cargos. - Pronunció el señor del jurado sujetando un pequeño papel.

Un ligero murmullo se escuchó en la sala,se notaba la alegría y más por parte del acusado que saludaba a todos con gran entusiasmo. Jane también estaba contenta al igual que Brad. Los dos se giraron juntándose en un abrazo demasiado largo, la colonia de Brad inundaba las fosas nasales de la joven abogada, era hipnotizante.

- Lo has hecho genial. - Susurró Brad en su oído provocando un ligero escalofrío a Jane que hizo que se separara bruscamente.

- Eee... Gracias, tú también has estado muy bien.. - Dijo mirando hacia Mark que se acercaba a ellos, le dio la mano a Brad y luego a Jane.

- Muchas gracias, sabía que podía contar con vosotros. - Dijo sonriendo ampliamente.

Al salir del juicio Jane por fin pudo respirar, pasar tanto tiempo con Brad la seguía incomodando y como le dijo su amiga era mejor hablar con él.

- Brad. - Dijo después de un silencio.

- ¿mmm? - Contestó el joven atento a su tablet.

- Te importa si vamos a tomar algo y lo celebramos. - Dijo tímida.

Brad paró en seco y miró a su compañera, él realmente pensaba que su relación con ella sería algo formal debido a su comportamiento y se alegraba de que por fin ella hubiera guardado las armas por un momento. Una pequeña sonrisa de medio lado se formó en la cara del abogado. - ¡Claro! - Contestó con demasiado entusiasmo.

Fueron caminando hasta un bar cerca  que por la hora estaba casi vacío pero era un lugar bastante acogedor. Se sentaron en una de las mesas al lado del gran ventanal donde se podía apreciar la ciudad.

Se volvió a formar un silencio incómodo, la castaña no sabía como empezar a hablar.

- Eres buena ¿sabes? - Comentó Brad.

- ¿Tú crees? Hay muchos que piensan que estoy en el bufete porque mi padre es amigo de Will.

- La gente puede pensar lo que quiera. Hoy has demostrado tu potencial y seguro que Will te dará un caso en solitario muy pronto.

Jane sonrió, Brad era un joven muy amable. - Si gané el caso fue gracias a ti.

Brad recordó sus primeros casos, fueron un desastre pero no por eso perdió el entusiasmo por su profesión. - Puedes decir lo que quieras pero yo perdí mi primer caso. - Dijo dándole un trago a su cerveza.

Lana seguía con su trabajo en la tienda, impaciente. Al día siguiente vería a su padre y tenía miedo de su reacción. Había repasado todo el fin de semana lo que iba a decir y las preguntas que haría pero ¿Y si no le gustaba las respuestas? Estaba tan metida en sus pensamiento que no se dio cuenta de que alguien había entrado.

- Perdona. - Dijo una voz grave.

Lana levantó la vista para atender a la persona que había hablado, era un hombre bastante mayor con una gabardina negra y un sombrero de copa.

- ¿En qué puedo ayudarle?

- Verá jovencita, ando buscando a una mujer y me han dicho que esta tienda es de su propiedad, su nombre es María.

- Sí. - Sonrió la joven. - Es mi abuela pero ahora no se encuentra. - Dijo apenada. - ¿Quiere que le deje algún mensaje?

- Ya decía yo que te parecías tanto a mi María, eres igual que ella cuando era joven. - Dijo riendo. - No hace falta preciosa, volveré en otra ocasión. - Dijo antes de cruzar la puerta de la pequeña tienda.

"¿Mi María? ¿Quien sería ese señor?"  - Pensó la morena.

Antes de volver a su trabajo recibió un mensaje, lo abrió después de comprobar que no había nadie en la tienda.

Confirmado, mañana a las 17:00 tu padre estará en mi oficina.

Att: Paul.

Ese mensaje la dejó nerviosa el resto de la tarde. Al menos pudo dormir algo y por supuesto que no le había comentado nada ni a su madre ni a su abuela.

- Abu, un hombre vino ayer a la tienda preguntando por ti. - Dijo mientras se llevaba la comida a la boca.

- ¿Así? ¿Quién? - Preguntó extrañada.

- Bueno no me dijo su nombre, todo fue muy rápido y tampoco dejó ningún recado pero te buscaba a ti.

- ¿Cómo era ese hombre? - Maria estaba cada vez más nerviosa, su corazón empezó a latir vivazmente.

- Pues... Señor mayor, con gabardina, sombrero, ojos claros y una gran sonrisa.

- No puede ser. - Susurró.

- ¿Qué pasa abu? - Preguntó Lana al ver la expresión de María.

- Nada nada, tu acaba de desayunar yo no me encuentro muy bien. - Habló dejando a madre e hija solas.

Llegó el momento, la joven se encontraba delante de la recepcionista, una chica pelirroja con el  pelo totalmente rizado y unas pequeñas pecas alrededor de su redonda nariz. - Tengo una cita con Paul Blake.

La joven tecleó algo en su ordenador. - Sí señorita Abbot puede pasar. - Dijo con una sonrisa cansada.

- Gracias. - Dijo mientras se encaminaba al ascensor. Al subir a la planta indicada este se abrió dejando  a la vista una enorme sala con varias puertas que correspondían a los despachos de Paul, Bárbara y Raymond.

Lana tocó dos veces en la puerta número dos, un "adelante" y abrió la puerta despacio.

- Llegas un poco pronto.

- Lo siento, estaba nerviosa y no podía esperar. Puedo volver más tarde si quieres. - Dijo dándose la vuelta.

- No no, pasa.

Lana obedeció y tomó asiento en el pequeño sofá que había a un lado de la oficina.

Paul fingió trabajar mientras miraba a la joven que tenía los ojos perdidos en los cuadros colgados en la pared.

Unos minutos después el intercomunicador sonó. - Señor Blake, el señor Silas acaba de llegar ¿Le digo que pase?

- Sí, por favor.

Lana estaba cada vez más acelerada, el joven se acercó a ella y la cogió de los brazos sin hacer presión alguna. - Todo irá bien. - Dijo mirándola a los ojos.

Sus palabras la tranquilizaron o igual fue su tacto, no lo sabía.

Los golpes en la puerta indicaban la llegada de Ernesto.  Paul miró por última vez a Lana dándole confianza.
- Adelante.

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