Capítulo 11

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Ya habían pasado unos cuantos días desde aquella visita y Lana estaba inquieta ¿Su padre seguía en la ciudad? Y no sólo eso sino que también había hecho negocios con los Blake y encima les estaba robando,al menos, eso es lo que pensaba Paul. Su mente había estado divagando, dudando si hablar con su madre o no. Y lo que Paul le había pedido, que le demostrase que era diferente pero a quién o a qué no lo sabía. Simplemente había muchas cosas de las que no tenía constancia.

Ernesto había podido sacar adelante una pequeña empresa que tenía muy poco tiempo creada, gracias a los consejos de una bellísima joven que lo volvía loco y no de manera negativa sino más bien de manera fogosa.

Realmente Paul no sabía lo que quería  con lo que le había pedido a Lana  pero de alguna manera una parte de él necesitaba creerle.

- ¿Tú no tenías una comida en casa de Jane? - Preguntó María desde la puerta.

- Sí, abu ahora me iré. - Dijo dando el último retoque a su maquillaje. Iba vestida informal, con unos vaqueros altos, un camiseta azul marino,un collar largo con un corazón y su pelo negro suelto.

"Ven  al despacho de casa, tenemos que hablar."

Ese era el mensaje que Paul acababa de recibir de su padre. Inmediatamente se subió a su coche y condujo hasta la gran casa de sus padres.

Entró por la puerta principal saludando a Bill con un ligero asentimiento de cabeza y subió al despacho.

- Ya estoy aquí. - Dijo entrando.

- Ya te veo. - Contesto Raymond divertido, estaba de buen humor y eso se notaba.

- Bueno ¿sobre qué querías hablar conmigo? - Preguntó el joven sentándose en frente de su padre.

- Quería decirte que el asunto de la empresa ya esta solucionado, no quería esperar hasta el lunes. Ya sabemos quién ha cometido el fraude.

Y efectivamente así era, Bárbara había hecho un gran trabajo y el tipo no cubrió nada bien sus huellas.

- Ernesto Silas. - Contestó.

- No, siempre eres muy impulsivo. El fraude financiero lo cometió uno de los nuestros, uno de los socios. - Habló apoyando los codos en la mesa.

Paul estaba sorprendido, se había equivocado una vez más y lo había pagado con Lana.

- Sí, debo cambiar eso - Eso y más cosas, se dijo mentalmente.

- Nuestro querido socio ahora esta entre rejas y teniendo a Will como nuestro abogado en la acusación de fraude, pasará un buen tiempo encerrado.

- Se lo merece por volverse avaricioso.

Raymond miró a su hijo detenidamente, había algo nuevo en él que no lograba descifrar por completo.

- Creo que le debes una disculpa a alguien.

- Lo sé.

***

No le había costado encontrar aparcamiento simplemente porque prefirió ir en metro y aunque llegaba un poco justa de tiempo pudo llegar a la gran casa blanca,llamó al timbre como hizo la primera vez que estuvo allí mientras se peinaba ligeramente la lisa cabellera con las yemas de los dedos.

- ¿Sí? - Contestó Bill.

- Hola, soy Lana. - Dijo nerviosa.

La puerta de metal blanco se abrió lentamente generando un chirrido. Los pies de la joven se movían a grandes pasos por el camino de piedra  que estaba decorado con pequeñas flores, cosa en la que no se fijó la primera vez.

- Perdón por llegar tarde. - Se disculpó Lana hacia Bill.

- No se preocupe señorita, llega a tiempo. - Habló Bill formalmente. - Sígame.

Lana obedeció rápidamente, estaba caminando detrás de aquel hombre hasta llegar a un gran salón y en el centro de este una hermosa mesa. La sorpresa de Lana al ver a Paul allí se pudo notar al instante.

Raymond le había pedido que se quedara a comer con la familia pero no sabía que Lana estaba invitada, él también se sorprendió ligeramente aunque podía deducir que esto fue algo planeado por su madre.

- Lana querida, empezaba a creer que no vendrías. - Dijo Bárbara al mismo tiempo en el que se levantaba a saludar.

- Lo siento. - Se disculpó de nuevo.

- Siéntate. - Ordenó con amabilidad  la rubia mientras la conducía a la mesa. Lana obedeció una vez más, justo estaba sentada en frente de Paul que esta vez no tenía una mirada de asco o de odio hacia ella sino una expresión neutral.

Lana saludó con una sonrisa a su amiga que estaba situada a la derecha de su padre.

La comida había transcurrido amenamente, todos charlaron amistosamente mientras degustaban la comida preparada por Inés, la cocinera. La morena había notado la mirada de Paul durante la comida pero no le había prestado mucha importancia e intentaba evitar cruzar miradas.  Al finalizar, Lana se disculpó y preguntó por el baño pero a pesar de las indicaciones de Bárbara no logró encontrarlo. Al fin pudo ver una puerta y la abrió.

- Perdón, pensaba que era el baño. - Dijo inmediatamente al darse cuanta que se encontraba en la cocina.

- No se preocupe señorita, el baño está más adelante siguiendo el pasillo. - Habló una mujer con delantal que debía ser la cocinara.

- Gracias, por cierto. - dijo antes de salir hacia el baño. - Estaba todo muy bueno. - Finalizó con una sonrisa.

Por fin lo había encontrado, es lo que tienen las casas grandes que te puedes perder en cualquier rincón. La chica hizo sus necesidades y se lavó las manos. Al abrir la puerta se encontró con Paul apoyado en la pared justo enfrente de ella. Estaba serio pero eso no era ninguna novedad.

- No sé como demostrar que...

- No tienes que hacerlo. - La interrumpió él.

Lana lo miró arrugando la nariz.- No entiendo.

- Me equivoqué. - Le estaba pidiendo perdón pero no era suficiente, Lana se había sentido muy mal con su comportamiento pero tampoco tenía ganas de seguir discutiendo. - Sé que no tuviste nada que ver en lo de la empresa. - Volvió a hablar al ver que Lana no decía ni una palabra.

- Ya te lo dije. - Dijo cruzándose de brazos y saliendo del baño, posicionándose más cerca de Paul.

- Lo sé y lo siento, no suelo disculparme a menudo pero últimamente la estoy cagando con todo y más contigo.

- Es normal que desconfíes al fin y al cabo mi amistad con tu hermana empezó de una manera muy rara. - Dijo en un tono normal.

- Entonces, ¿eso es que me perdonas? - Preguntó con una media sonrisa.

- ¿Amigos? - Dijo mientras extendía su mano en forma de saludo. Paul hizo lo mismo y sus manos se unieron en un ligero apretón.

- ¿Mi padre fue el responsable? - Preguntó un poco indecisa.

- Al principio pensé que sí pero mis padres averiguaron que fue uno de nuestros socios. - Explicó Paul.

- Pero aun así habéis firmado un contrato con él. - Afirmó la joven.

Paul contestó con un asentimiento de cabeza. Miró la hora en su reloj. - Ya me tengo que ir. - Dijo mientras se retiraba.

Lana se giró y pudo apreciar  su ancha espalda.

- Espera. - Dijo caminando hasta llegar donde él. - Ahora que nos llevamos mejor ¿me podrías hacer un favor?.

- Paul la miró extrañado, levantó una ceja. - ¿Qué tipo de favor?

- No pienses mal.- inhaló una gran cantidad de aire y la soltó lentamente. - Necesito hablar con mi padre.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora