Capítulo 18

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Los dos se dirigieron a un bar de la zona y una vez allí Lana aprovechó para contarle a su nuevo amigo las novedades de su peculiar situación familiar. Paul había descubierto que le gustaba pasar el rato con la morena y no sólo porque le hacía reír sino también por la facilidad que tenían de conversar de cualquier cosa. Él le había comentado que tenía una antigua amiga en el hospital y que igual podría hacerle el favor de agilizar las cosas para que los resultados del ADN estuvieran antes. Lana estaba más que agradecida con los gestos del empresario y cada día lo apreciaba más.

- ¿Sabes? Hay algo que no entiendo. - Habló la chica pensativa. - si Ernesto ya sabía lo de la aventura por qué se largó ahora y no lo hizo en su momento.

- Creo que yo sé por qué. - Dijo el ojiverde recordando los acontecimientos relacionados con el protagonista de la conversación.

Lana lo miró un poco extrañada esperando a que él volviese a hablar.

- Tú me preguntaste quién era la mujer que me había hecho tanto daño. - La joven asintió sin comprender qué tenía que ver eso con Ernesto. - Pues bien, esa mujer se llama Sara y la primera vez que la vi me cautivó, supo seducirme y me enamoré perdidamente como un estúpido adolescente. - No sabía por qué pero a Lana esa confesión le provocó un malestar que no lograba descifrar . - Tuvimos una larga relación hasta que ella decidió buscarse a otro con más dinero y que no le pusiera pegas a la hora de gastar.

- Estaba contigo por tu dinero. - Dijo en voz baja.

- Así es, seguramente me había investigado mucho antes de conocerla, es una cazafortunas.

"Y una zorra" Pensó Lana para sí. Ahora entendía el comportamiento de Paul hacia ella.

- Tú pensaste que yo también lo era ¿verdad? - Afirmó la joven mirándolo a los ojos.

- No voy a negar que al principio sí. - Dijo apenado. - Pero me he dado cuenta que fui un imbécil contigo. - Confesó.

- Eso queda en el pasado. - Dijo con una sonrisa. - Pero no entiendo qué tiene que ver Sara con Ernesto. - Dijo unos segundos después.

- El día que mi madre te llevó a la casa de la playa, mi hermana y mi padre fueron a cenar ajenos a lo que había pasado contigo y vieron a Silas en el restaurante en compañía femenina.

- ¿Algo así como una cita? - Preguntó. Decir que estaba sorprendida era poco, es curioso pensar que conoces a alguien cuando en realidad no sabes nada de él.

- Exacto. Y aquí viene la otra parte, la mujer con la que estaba era... Sara. - Contó.

- Estoy alucinando ahora mismo. - Dijo Lana y no era para menos, su padre le había mentido a la cara. - Así que el verdadero motivo por el que me abandonó es una amante.

- Siento ser yo él que te lo diga.

- No te disculpes, te agradezco tu sinceridad y tu confianza. - Habló rápidamente.

Pasaron unos minutos hasta que a Paul le pareció ver una figura familiar por el rabillo del ojo, se giró lentamente y al verla abrió los ojos sorprendido.

- ¡Esto tiene que ser una broma!

- ¿Qué pasa? - Preguntó la joven mirando en la misma dirección que él donde había una preciosa joven de pelo castaño y un cuerpo de modelo.

- Esa es Sara. - Habló dirigiéndose a Lana.

Ella se quedó mirándola, era perfecta.
"Con razón se enamoró de ella" Pensó. A los pocos segundos Sara también la estaba mirando a ella. Las dos mujeres cruzaron miradas hasta que Sara empezó a caminar meneando sus caderas hasta la mesa de la pareja.

- Paul querido ¿Cómo estás? - Saludó con actitud hipócrita.

Él no podía creer que tuviese el descaro de venir a saludar. El empresario con la misma actitud que la de ella le contestó un simple "Muy bien"

- ¿No me vas a presentar? ¿No me digas que es tu nueva novia? - Preguntó en un tono de burla y mirando de arriba a abajo a la morena que la miraba con una expresión seria.

- Pues sí. - Habló Paul sorprendiendo a las dos mujeres. Se levantó de su asiento y en un ágil movimiento unió sus labios con los de Lana. Un beso lento y cálido. No sabía por qué pero le costó separarse de ella. Se miraron a los ojos, él pudo apreciar un cierto brillo en los de ella y sus mejillas ligeramente sonrosadas.

- Y si nos disculpas, tenemos que irnos. - Dijo cortés dejando a Sara con la palabra en la boca.

Las manos de la anciana se movían con agilidad sobre las prendas, cuando estaba trabajando se evadía de cualquier problema pero eso no evitaba el tema de su hijo, ella estaba convencida de que Lana era de su sangre. Se preguntaba qué había hecho mal con Ernesto y como él no se había dado cuenta de lo que ella sí. El tintineo de la puerta avisó a María de que algún cliente había entrado en la tienda.

- María. - Casi fue un susurro pero ella lo pudo escuchar. Esa voz la reconocería en cualquier parte, aunque ahora sonaba más ronca y cansada. Levantó la vista hacia esa voz y se quedó petrificada en el sitio. Edgar miraba a la mujer que una vez fue todo para él con nostalgia y un cierto brillo en sus ojos marrones.

- ¿No vas a decir nada mujer? - Preguntó el señor avanzando hasta ella.

- No... No puede ser. - Dijo contemplando al hombre como si fuera un fantasma. - Tú estás muerto. - Pronunció con un hilo de voz.

- Eso es lo que te hicieron creer mi amor. Acabé mal herido en un combate pero a ti te dijeron que estaba muerto y cuando ya me había recuperado de mis lesiones tú ya estabas casada con otro. - Relató tristemente.

- ¿Por qué ahora? - Le estaba preguntando por qué no se presentó antes y esperó tantos años. - Lo hubiera dejado por ti. - En este punto ya los dos estaban muy cerca el uno del otro.

- Ya tenías una vida formada María, no quería estropearlo.

Ella lo miró a los ojos lo que le pareció una década y después lo abrazó con todas sus fuerzas.

- Nunca es tarde para estar con la persona que amas. - Le dijo Edgar en el oído.

***
La doctora Mollins estaba feliz de tener noticias de Paul y por supuesto que le iba a hacer el favor no sin antes darle una larga charla de por qué no se debe abandonar a los amigos. Ella le dijo que en menos de 72 horas los resultados ya estarían.

- En dos días podrás ir a recoger las pruebas. - Le comunicó el ojiverde desde el asiento del deportivo. - Mi amiga me ha dado un sermón por teléfono pero te va ha ayudar. - Lana estaba mirando por la ventana sin escuchar lo que él le decía. - Sólo tienes que ir y preguntar por la Doctora Mollins. - Paul se giró hacia la joven. - También ha dicho que tiene un unicornio en el hospital con rotura de cuerno. - Dijo al ver que ella no estaba atenta a nada de lo que decía. - Lana.

-mmm... - Fue su única contestación.

- No has escuchado nada de lo que te acabo de decir.

Ella ladeó su cabeza hasta mirarlo. - Lo siento, es que estaba pensando en una cosa. - Dijo avergonzada.

- ¿En qué?

- ¿Me besaste para darle celos a Sara? - Era mejor ser directa y sin rodeos.

Paul suspiró y pensó unos segundos la respuesta. - En parte sí.

- ¿En parte? - Repitió la joven sin comprender.

- También te besé porque quería besarte. - Dijo sin dejar de mirar la carretera.

Muchas gracias por leer. ❤

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