Capítulo 22

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La joven rompió la cinta policial y entró en la tienda. Miró atentamente el local vacío ya tenía varias ideas en mente para mejorar la imagen de aquel sitio. Los trabajadores que se encargarían de remodelar y ampliar la vieja tienda de su abuela llegarían en media hora. Ya había hablado con su jefe por teléfono el día anterior y los profesionales ya sabían lo que tenían que hacer. A pesar de todo Lana tenía una gran ilusión de que todo marchase bien. Se giró para darle otro vistazo cuando se encontró a Sara parada en la puerta. La morena estaba sorprendida de su presencia allí.

- Me enteré de lo que paso, lo siento. - Dijo con falsedad.

A Lana no la podría engañar como a su padre, era lista y se había topado con mucha gente así a lo largo de su vida. Era el colmo que se atreviera a venir.

- Tú no sientes nada, lárgate. - Dijo seca.

- Wow ¡vaya! No sabía que eras tan maleducada. - Habló acercándose más a ella.

- Ni yo de que fueses tan cínica. - Le dijo cruzándose de brazos. - ¿A qué has venido?

- A felicitarte.

Lana arrugó la nariz. - Tú y yo no somos amigas, deja de fingir interés.

Sara se hizo la ofendida, en el fondo sabía que no la podría engañar como a Ernesto. No, ella no sentía nada por él aparte de atracción física claro. Seguía a su lado sólo porque ella ya tenía una gran fortuna gracias a la muerte repentina de su marido, un millonario de ochenta años con problemas del corazón.

- Esta bien. - Se rindió y mostró su verdadera cara. - Tú.- La miró de arriba a abajo con superioridad. - Eres sólo una distracción para Paul, él me sigue amando y lo hará siempre. - Habló con una sonrisa.

- ¿Así? Porque no me dice eso cada noche donde me hace el amor apasionadamente. - Lana estaba harta de su actitud y quería que esa mujer se fuera de su tienda. - De hecho, él me contó que a parte del sexo su relación contigo era vacía. - Mintió con la esperanza de que se fuera.

- Espero que seas buena con otra cosa porque mintiendo eres pésima. Querida, él estaba loco por mí y lo sigue estando. ¡por Dios! Si nos íbamos a casar. Y yo sé que en cuanto le diga que vuelva conmigo él vendrá corriendo. - Soltó una risa sarcástica y se fue dejando a Lana con la palabra en la boca y con ganas de quitarle esa sonrisa de un puñetazo.

Después de la visita inesperada de Sara, no pudo concentrarse mucho en la tienda y dejó a los obreros que hicieran su trabajo. Se fue a su casa donde su madre trabajaba en el ordenador. Se metió a la ducha para pensar con claridad, su relación con Paul no estaba formada, podía ser que lo que dijese aquella mujer fuese cierto y Paul estuviese enamorado de ella todavía. No tenía idea de que su relación llegase tan lejos como para querer casarse con Sara, ese era un gran paso y no se daba a la ligera y como su amiga Jane le dijo: su hermano no daba un paso sin estar seguro de ello. Le inundó un sentimiento de miedo, ya estaba perdidamente enamorada y no quería sufrir.

Llegó la hora de la cena en la nueva casa de Jane. La morena ya se había preparado varias horas antes, estaba nerviosa pero decidida a mostrar sus sentimientos y aclarar todo de una vez y por todas. Llevaba un vestido sencillo negro, un recogido con unos mechones ondulados rozando sus mejillas y un maquillaje sencillo. Cogió el coche de su madre y pensó que si la tienda daba muchos beneficios pronto se compraría el suyo propio, con ventanas blindadas a poder ser.

Aparcó cerca y se encaminó hacia el edificio, llamó y la puerta se abrió al instante. Al abrirse el ascensor pudo ver a su amiga sonriente en la puerta, le dio un gran abrazo y la dejó pasar. La joven saludo a los Blake con dos besos y luego a Brad que lucía muy elegante aunque se notaba que estaba un poco nervioso.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora