Epílogo

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Varios años después.
Sábado 13:15 Pm.
     Reunión familiar: Casa de los Blake.

No era ninguna novedad saber que a Bárbara le encantaba organizar comedias,cenas o cualquier tipo de reunión y esta vez no iba a ser una excepción.

Toda la decoración, más los invitados y la comida a la parrilla tenía la función de celebrar la graduación de Lana, que después de levantar la tienda, quiso acabar sus estudios, lográndolo con éxito y sí su padre estuvo el día de su graduación tal como se lo preguntó aquel día en el que presenció la de Jane.

No todos los asuntos estaban resueltos y mucho menos vivían sin problemas y felices las veinticuatro horas al día, pero cada uno tenía su manera de afrontar las cosas y si la familia podía ayudar mejor que mejor, aunque todo marchaba muy bien y parecía que cada uno siguió su propio camino hacia la felicidad porque no nos engañemos, a veces es mejor ser un poco egoístas y pensar en nosotros mismos.

María y Edgar regresaron del crucero más vivos y jóvenes que nunca. Allí pasaron un tiempo increíble y para sorpresa de muchos, volvieron siendo marido y mujer. Isabel tiene una muy buena relación con Ernesto, pero no han regresado juntos, en cambio, ella se compró una casita a las afueras de la ciudad, que comparte con su novio francés, un amigo de la infancia de Bárbara.

Ernesto siguió su palabra y le demostró a su hija cuan arrepentido estaba y después de mucho tiempo logró tener su perdón. Ahora se dedica a perfeccionar su pequeño negocio de exportación e importación de productos, claro está con una ligera ayuda por parte de los Blake.

La pareja de abogados no se quedaba atrás, estaban viviendo los mejores años de su vida, dos personas listas y exitosas que no sólo se fueron a vivir juntos, sino que ahora son padres de una pequeña bebé, llamada Aurora y como "La bella durmiente" es la niña más guapa de toda la familia y la más consentida también. Y ni hablar de Lana y Paul que habían construido una preciosa y sólida relación. Debido a la mudanza de su mejor amiga, Lana tuvo que buscar otra alternativa y al final se decidió por compartir piso con Paul.

La tienda marchaba tan bien que estaba invirtiendo para abrir dos tiendas más a lo largo de la ciudad. Goliath, la mascota de la familia, no había parado de crecer, afortunadamente estaba sano y le esperaban muchos más años de vida.

Bárbara y Raymond seguían amándose a pesar de los años y los baches que se les cruza por el camino. Al parecer el viaje a París se convirtió en una tradición que seguían a rajatabla, cada año se escapaban y disfrutaban de su mutua compañía.

Ya estaba todo listo y los invitados empezaron a llegar. Los primeros fueron María y Edgar, que siempre eran muy puntuales a la hora de reunirse con la familia, seguido de Ernesto. Pocos minutos después llegaron las dos parejas, Lana con Paul, Jane y Brad acompañados de la pequeña Aurora que dormía en su carrito. Empezaron a acomodarse en la gran mesa del jardín, comenzando así a conversar de diversas cosas mientras esperaban la llegada del resto de personas.

Al cabo de veinte minutos ya estaban todos en la mesa y degustando el primer plato, que Bill les había servido. Poco después de eso Bárbara le ordenó que tomara asiento junto a ellos, ya que también era parte de la familia.

Durante el transcurso de aquella reunión familiar, la morena se empezó a sentir mal, su cara se quedó pálida y empezaba a tener náuseas, cosa que ya le estaba empezando a molestar y a preocupar al mismo tiempo, ya que no era la primera vez que le ocurría, llevaba un par de semanas sintiéndose débil y con malestar. Las náuseas se hicieron más fuertes y la joven tuvo que salir corriendo al baño para liberar aquel malestar. Paul, preocupado la siguió hasta el baño. Al llegar, la puerta estaba cerrada, se dispuso a abrirla pero falló en su intento.

- Cariño, ¿estás bien? - Preguntó preocupado.  No obtuvo respuesta, sólo el sonido del amargo líquido saliendo de su garganta.

Después de un tiempo, paró de vomitar y se lavó la cara. - Necesito un chicle o algo. - Dijo mirándose al espejo.

- ¿Eso es lo único que vas a decir? ¡Abre la puerta por Dios! - Contestó su novio.

Lana se dio cuenta de lo que estaba pasando, se dispuso a quitar el pestillo y a abrir la puerta, encontrándose con un Paul bastante preocupado. Una vez que tuvieron contacto visual, él la rodeó con sus brazos y ella apoyó su cabeza en uno de sus hombros.

- ¿Estás bien? - Susurró.

- Creo que sí, sólo que llevo un tiempo sintiéndome un poco mal. - Contestó ella en el mismo tono.

- ¿No será que...?

- ¿Qué?

- ¿Qué estás embarazada?

Los dos estuvieron en silencio por unos segundos, cabía la posibilidad de un embarazo y eso les hacía felices, pero también les daba miedo.

- ¿He oído embarazada? - Habló su abuela.

La pareja se dio la vuelta para encontrarse con toda la familia viéndolos, esperando alguna respuesta.

- Puede que no sea nada, es sólo un malestar. - Dijo Lana mirándolos a todos.

- ¿Por qué no lo compruebas? - Le dijo su amiga. - Creo que tengo alguna prueba de embarazo por el coche o en el bolso. - Y no era de extrañar, cuando se enteró de su embarazo, compró un montón de esas pruebas para estar totalmente segura.

Finalmente encontró una en el carrito de la niña, se la entregó a Lana. Ella dudosa la cogió. - Te estaremos esperando fuera. - Le dijo Paul, luego le dio un pequeño beso en los labios.

Un bebé, un hijo de los dos cambiaban las cosas, era una enorme responsabilidad pero estaban dispuestos a afrontarla. Después de diez minutos largos Lana salió con el resultado en sus manos, sin expresión en su cara.

- ¡VAMOS A SER PAPÁS! - Gritó emocionada.

Paul abrió los ojos de par en par y su primera reacción fue coger a Lana y abrazarla mientras le daba vueltas riendo a carcajadas.

Todos estaban felices y encantados con la inesperada noticia, comenzaron a abrazarse y a reír.

- Tenemos que ir al médico, comprarnos una casa, ver guarderías... - Habló el empresario rápidamente al bajar a la joven.

Ella lo calló con un apasionado beso. - Ya habrá tiempo para esas cosas. - Le dijo rozando sus labios.

- Te amo. - Dijo él.

- Yo también te amo. - Le respondió ella.

                            FIN
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Pues esta historia ya llegó a su fin. Muchas gracias por llegar hasta aquí. Nos seguiremos leyendo en otras historias. ❤

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