Capítulo 29

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La joven miraba a su compañera de piso sin saber muy bien qué decir, mientras su mano subía y bajaba acariciando el pelaje de Goliath, el cual cada día crecía más. Era viernes por la tarde y después de una larga jornada de trabajo en la tienda, lo único que le apetecía hacer era tumbarse en el cómodo sofá y ver alguna película mientras se quedaba dormida, y no lo que Jane le estaba proponiendo.

- ¡Será divertido! - Pronunció entusiasmada.

La castaña sólo pedía un fin de semana en la playa junto a su mejor amiga, su maravilloso novio, que estuvo pendiente de ella toda la semana, y su hermano. Lana suspiró y meditó el plan de su amiga por unos segundos, la miró a ella y luego al perro.

- Con dos condiciones. - Habló. - La primera es que Goliath se viene con nosotros y la segunda es que te toca conducir a ti.

- Hecho. - Dijo con una gran sonrisa.

En menos de media hora tenían todo preparado para iniciar el viaje solo faltaba un pequeño detalle y era convencer a sus chicos de que se unieran a la pequeña aventura. Lana pensaba que ellos ya lo sabían y que estarían listos, así que no le dio mucha importancia hasta que la abogada sacó el tema. La morena la fulminó con la mirada en ese mismo instante mientras cerraba la maleta de viajes que su madre le había regalado el día de su cumpleaños.

- Yo llamaré a Brad mientras pasamos por mi hermano y quedaremos con él en algún sitio. - Le comunicó Jane mientras buscaba a su novio en la agenda.

- No se te da muy bien eso de planear cosas ¿verdad? - Le recriminó.

Agarró su maleta por el asa y la dejó en el suelo mientras la castaña hablaba por teléfono. Tiempo después ya en el coche y con las cosas metidas en el maletero, la morena le envió un mensaje a Paul para que le diera tiempo de estar listo, cosa que dudaba.

- Cambia esa cara, ya verás que nos lo pasaremos genial. - Animó la castaña.

Ella volteó para poder apreciarla más, en el fondo comprendía su entusiasmo ya que después de una semana metida en casa con fiebre y tos, era normal querer salir y tomar aire fresco. Encendió la radio y fijó su vista en la ventanilla.

Después de pasar por Paul, que por suerte ya estaba preparado, y recoger a Brad, les esperaba un viaje por carretera de varias horas a las dos parejas y por supuesto sin olvidar al peludo animal. Con suerte los chicos aceptaron la petición de última hora y ya estaban en marcha hacia la casa de la playa.

A pesar de estar cansada Lana tenía un pequeño plan nada más llegar y era dar un paseo nocturno por la playa junto al empresario, disfrutar de la arena fría en sus pies mientras caminaban y escuchar el relajante sonido de las olas.

Las cosas le iban bastante bien a Isabel, aunque eso no significaba que a veces se sentía un poco sola, con su hija viviendo ahora en otra parte y María que andaba de vacaciones, la casa se le hacia muy grande y a pesar de trabajar con sus pedidos online, seguía aburriéndose la mayor parte del tiempo, por eso había decidido emprender algunos cursos para distraerse. El primero que hizo fue de cocina, más bien de postres y esas cosas, después decidió apuntarse a uno de equitación, cosa que no se le dio muy mal y ahora estaba con uno de jardinería, siempre le habían gustado las flores y ya era tiempo de poner un poco de color en la casa.

Había terminado de preparar la cena y se disponía a disfrutar de su serie favorita mientras cenaba, hábito que se volvió costumbre desde que su hija ya no vivía con ella, cuando el teléfono sonó desde su cuarto. Dejó el plato de comida que llevaba en las manos, encima de la mesa del salón y se dirigió a la habitación para contestar la llamada.

Al leer el nombre en el identificador de llamadas no pudo evitar sonreír y rápidamente contestó el teléfono.

- Me tenías muy abandonada. - Dijo nada más contestar.

- Lo siento, ya sabes como es esto. Entre el mar, los mojitos y la buena compañía se olvida uno del resto del mundo. - Se disculpó la mujer que tenía la vista del océano y al amor de su vida al lado.

- En eso te tengo que dar la razón. - Dijo entre risas.

Mientras iba surgiendo la conversación entre las dos mujeres, Isabel ya se encontraba en el sillón contemplando su plato de comida sin empezar.

- ¿Entonces está todo arreglado por allí? - Puede que ella no estuviese presente en la vida de su familia, pero estaba pendiente de todo lo que ocurría allí. Con dicha pregunta se refería a la relación de su nieta con su hijo, el que ya había hablado con ella por Skype varios días atrás y a pesar de todo lo ocurrido, María seguía siendo su madre y no podía fingir que él no existía.

- Bueno todo todo no, pero hacen progresos. - Aclaró poniendo el manos libres para poder empezar su cena poco a poco. - ¿Y las vacaciones cómo van? - Preguntó al mismo tiempo que llevaba a su boca el primer bocado de su apetecible comida.

- ¡Ooh estupendamente! De hecho os tengo que contar muchas cosas que han pasado.

Y con esa frase ya la tenía pillada al móvil por varias horas.

Por otro lado, Bárbara ya se había recuperado del todo y había vuelto al trabajo ese mismo día, razón por la cual seguía en su despacho. Los días anteriores se había sentido inútil por no poder hacer cosas que normalmente sí haría y con muchísima facilidad, pero también se había sentido querida y apoyada, no sólo por sus hijos y su esposo, sino también por el personal que trabajaba en su casa y los empleados de la empresa, aunque estaba muy contenta de volver a trabajar y de seguir con cosas que tenía pendientes. Aún seguía metida en papeles y contestando E-mails cuando su secretario le comunicó que había un problema en la sala de juntas. Extrañada la mujer se quitó lentamente sus gafas de contacto, que únicamente utilizaba cuando tenía la vista muy cansada, y salió de su despacho para encaminarse a dicha sala, no sin antes ordenarle a su secretario que se fuera a casa a descansar.

Entró en la sala y lo primero que notó fue el olor a lavanda y la luz proveniente de las velas colocadas estratégicamente formando un pequeño camino en el suelo, después vio a su marido acercándose lentamente hacia ella con una sonrisa y una rosa en su mano. Ella la cogió y la olió mientras por su mente pasaban los recuerdos de su primera cita.

- Esa noche estaba nerviosismo porque no sabía que iba a hacer si no aceptabas ser mi novia. - Dijo Raymond acompañándola hacia la mesa, donde se encontraba una botella de vino, un par de platos tapados, dos vasos de cristal y un sobre.

La mujer no podía parar de sonreír, se sentó y Raymond hizo lo mismo quedando los dos uno frente al otro.

- Llevamos mucho tiempo metidos en el trabajo y creo que necesitamos unas vacaciones. - Dijo mientras le entregaba el sobre.

Ella un poco sorprendida agarró el sobre y lo abrió. En cuanto vio el contenido abrió los ojos y miró a su marido mientras sacaba los dos billetes de avión con destino a París.

- Creo que tienes razón, es hora de viajar un poco. - Habló sonriendo.

Nada más llegar a su destino, la joven pareja de abogados se dispuso a disfrutar de un relajante baño en la piscina. Por otro lado Lana y Paul se dirigieron hacia la playa junto a Goliath, que en cuanto pisó la arena empezó a jugar con ella efusivamente.

Paul agarró a su novia de la cintura y beso su cuello lentamente. - ¿En qué piensas? Desde que hemos llegado no has dicho ni una palabra. - Preguntó el joven.

Los dos sentían la tranquilidad de la noche y el relajante sonido de las olas. La morena suspiró, paró de andar y dio la vuelta, quedando a pocos centímetros de Paul, levantó sus brazos y rodeó con ellos su cuello, colocándolos en sus hombros. Lanzó una pequeña sonrisa y besó su mejilla mientras que él seguía teniendo las manos en sus caderas.

- Pienso que soy muy feliz. - Contestó.

Los dos sonrieron y se besaron lentamente junto al mar y la luna, siendo los únicos testigos de su amor puro y verdadero aquella noche.

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Un nuevo capítulo y el último antes del epílogo.

Muchas gracias por leer. ❤❤

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