Capítulo 26

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Bárbara miraba a su marido que estaba en la puerta sin decir ninguna palabra y con la mirada baja. Previamente ya había hablado con su hija y Lana, a la que había agradecido un buen rato el haberle salvado la vida.

- Ray, mírame. - Le pidió la mujer.

Él tardó un poco en obedecer, elevó su cabeza y la miró. Diciendo así con la mirada todo lo que pensaba.

- No te hagas esto Ray. - Le dijo la rubia en cuanto él se acercó más a la cama.

Suspiró - Todo esto es mi culpa y lo sabes.

- Todo esto es culpa de ese hombre que decidió asaltarnos y si no dejas de pensar así entonces sí que me voy a enfadar. - Habló muy seria.

Aunque estaba cansada y débil no iba a acabar aquella conversación sin que su marido eliminara esos pensamientos absurdos de su mente.

- ¿Y si tú...

- Nada de "y si" porque estoy bien. - Dijo sonriendo.

- Mejor descansa cariño. - Dijo mientras se sentaba en un pequeño sofá situado a un lado de la habitación.

- No hasta que me digas sinceramente que ya no piensas que esto ha sido culpa tuya. - Le exigió.

El hombre rascó su cabeza por encima de la venda blanca y luego miró a su mujer pensativo.

- No fue culpa mía. - Pronunció.

- Bien. - Le contestó la rubia mientras cerraba los ojos y caía rendida ante morfeo.

Al otro lado de la habitación se encontraban sus dos hijos más Brad y Lana.

- ¿No te importa que me quede con Brad esta noche verdad? - Le preguntó  Jane a su compañera de piso.

- Claro que no, ve con él.

- Iba a quedarme con mamá pero papá ha dicho que si pasa alguna cosa nos lo dirá.

Después de la breve conversación la pareja se despidió y se encaminó hacia el apartamento de Brad. La morena se quedó abrazada a Paul por un buen rato. - Te llevo a casa y así descansas un rato.

- ¿Me llevas? - Paul sabía que ella no llevaba el coche consigo.

- Con tu coche. - Contestó ella. - Has pasado por mucho estas horas, mejor conduzco yo.

- Tú debes estar mareada por la sangre que te extrajeron.

- Estoy bien. - Se separó del ojiverde unos centímetros para que viera su estado.

Él se quedó mirándola, cada parte de su rostro desde sus labios a sus ojos. Metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó las llaves del deportivo para entregárselas a su novia. Ya dentro del coche, la joven se dirigió a su apartamento, aparcó y apagó el motor.

- Pensé que me ibas a llevar a mi casa. - Le dijo el empresario mirando por la ventana.

- Olvidé que tengo que cuidar de un ser vivo. - Dijo saliendo del coche. - Seguro que encuentro alguna ropa tuya por allí para que puedas darte una ducha y dormir unas horas.

Nada más entrar por las puerta principal del piso su nuevo amigo empezó a mover la cola y a ladrar felizmente. Lana se acercó al perro y  lo cogió en brazos mientras  lo acariciaba suavemente.

- ¿Sabes qué sería una buena idea?

Lana levantó la vista del pequeño animal y miró a Paul.  - ¿Qué?

- Que tú y yo nos metieramos juntitos a la ducha. - Dijo pícaramente.

- Me encantaría ese maravilloso plan pero tengo que sacar a pasear a este chiquitín. - Habló señalándole.

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