Capítulo 25

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Era evidente la tensión que envolvía aquella pequeña sala de espera. Podía percibirse la impaciencia de todos ellos y era normal desesperarse con aquella situación en la que nadie les decía nada. En ese mismo momento Bárbara luchaba por su vida dentro del frío quirófano mientras que Raymond era atendido por su fuerte golpe en la cabeza.

- ¿Có...Cómo está mi mujer? - Preguntó con miedo.

- La respuesta es la misma que hace cinco minutos. - Le contestó la enfermera. - Acaban de llegar los inspectores para tomarle declaración ¿se siente preparado?

El hombre hizo un ligero y apenas perceptible asentimiento de cabeza. Al poco rato dos policías, uno de ellos bastante mayor y barrigón y su compañera, una mujer en la treintena con un porte recto.

- Señor Blake, soy el agente Gil y ella es mi compañera la agente Colt. ¿Puede decirnos qué fue lo que sucedió?

Raymond carraspeó notando la garganta seca. - Si me permiten. - Cogió el vaso de agua y tomó un gran trago. - Hay algunas cosas que están borrosas en mi cabeza pero será por el golpe. - Comenzó. - Mi mujer y yo salíamos de una cena benéfica a la que unos amigos nos habían invitado. Nos dimos cuenta de la presencia de aquel hombre demasiado tarde. Lo primero que vi fue el destello de la navaja apuntandonos. - Volvió a carraspear y se tomó un tiempo para continuar con la declaración al mismo tiempo que los agentes apuntaban los datos en sus pequeñas libretas. - Debí hacer lo que me dijo en el momento pero decidí hacerme el héroe, forcejeamos, intenté desarmarlo y en el acto él me empujó contra la pared, dejándome aturdido, entonces fue hacia Bárbara mientras ella retrocedía, intentó luchar con él y el muy bastardo la apuñaló y le quitó sus joyas.

Se sentía culpable por haber actuado así, su mujer estaba al borde de la muerte por su estupidez, por intentar que no les robaran, él sentía que era culpa suya. Acabó la declaración dando una perfecta descripción del atacante, después los policías se retiraron de la habitación, les fueron entregadas muestras de las uñas de Raymond, su ropa, fotografías y más pruebas tanto de él como de Bárbara.

Sus hijos pudieron verle y hablar con él, tranquilizarlo de algún modo, Raymond quería estar con ellos en la sala de espera así que convenció a la doctora para que le hiciese ese pequeño favor.

Habían pasado varias horas y aún no se sabía nada del estado de la mujer. Jane caminaba de un lado a otro mordiéndose las uñas, Paul se encontraba sentado al lado de Lana que le brindaba su apoyo, a él y a todos ellos rezando para que Bárbara saliera de todo aquello. Paul enredó sus dedos con los de ella y apretó uniendo así sus manos, ella apoyó su cabeza en sus hombros sin decir nada.  Brad entraba de nuevo en la sala con un paquete lleno de vasos con té de tilo, y los repartió.

- Yo no quiero. - Le dijo Jane nerviosa.

- Amor mira cómo estas, lo necesitas. - Le contestó con ternura y comprensión mientras le extendía el vaso de plástico.

Ella lo meditó por unos segundos mirando aquel vaso perdida en sus pensamientos, extendió sus brazos y lo agarró con cuidado. Él besó su frente.

- !¿Por qué no nos dicen nada?! - Soltó desesperado Paul.

Su padre se acercó con lentitud hasta su sitio y lo reconfortó un unos golpecitos en el hombro. - Tu madre es fuerte hijo, ya ha superado cosas peores en el pasado y con esto también podrá. - Las palabras no servían de mucho en ese momento pero en el fondo sabía que su padre tenía razón.

Pasados unos minutos un hombre canoso y con una vestimenta verde entraba por la puerta grande a la sala de espera. - ¿Familiares de Bárbara Blake? - Preguntó mientras se quitaba la mascarilla.

Tenía una expresión neutral en el rostro así que se les hizo imposible predecir lo que había ocurrido allí dentro. Los cinco se posicionaron delante de cirujano, esperando noticias, impacientes y con el corazón latiendo fuertemente.

- ¿Cómo está doctor? - Preguntó dubitativo Raymond.

- Hemos tenido varios problemas durante la operación por una hemorrágica interna producida por el arma blanca, al ser apuñalada muy cerca del pulmón derecho tenía muchos riesgos de no sobrevivir.

- Entonces está estable ¿no? - Habló Jane.

- Me temo que la paciente sigue en estado crítico, necesita urgentemente una transfusión de sangre que aquí no tenemos pero ya he puesto a mi gente en ello.

- Haré lo que sea, moveré cielo y tierra pero encontraré a alguien ahora mismo. - Dijo Raymond rápidamente mientras marcaba números en su celular.

- No hará falta. - Pronunció Lana hacia el hombre ganándose la mirada de todos. - Soy cero negativo, yo donaré la sangre necesaria. - Dijo decidida, lo haría por cualquier persona pero Bárbara no era cualquier mujer, se había convertido en su segunda madre, la había apoyado y aconsejado y si estaba en su mano ayudar, lo haría con los ojos cerrados y sin vacilar. Siguió las indicaciones de un enfermero que la condujo hasta una pequeña salita con una camilla y unos cuantos utensilios médicos. Inicialmente le tomaron una pequeña cantidad de su sangre para analizarla y así comprobar que no hubiese ningún problema, al tener los resultados pudieron proceder a la extracción de la sangre necesaria para la transfusión. Lana salió de allí un poco mareada y sujetando una pequeña bola de algodón en su brazo izquierdo. No tardaron en abrazarla con alegría, agradeciéndole aquel acto que podía salvar la vida de Bárbara.

Después de otro rato más esperando el médico volvió a salir y les comunicó que Bárbara estaba respondiendo bien a la transfusión pero aún tenía que estar unos días en observación constante. También les dijo que ya estaba despierta y que podían pasar a verla pero sólo de uno en uno.

- Hijo entra tú. - Le dijo Raymond, aún no estaba preparado para mirar a su mujer a la cara.

- Luego voy yo. - Habló Jane efusivamente.

Paul le dio un casto beso en los labios a Lana y entró a ver a su madre.

Lo primero que notó fue el pitido de aquel aparato que media sus signos vitales y después vio el cuerpo de su madre y cables a su alrededor. Se acercó lentamente, sus ojos estaban húmedos. Al estar a un lado de la cama, acarició suavemente la mano de su madre. Ella abrió los ojos al notar el tacto y giró las pupilas hacia su hijo. Le regaló una tierna aunque débil sonrisa.

- Estas horrible. - Le dijo su madre.

- Mira que tú. - Le contestó medio riendo medio llorando. - Nos has dado un buen susto.

- Bah. - Agitó su otra mano para quitarle importancia. - Hace falta algo más que una puñalada para acabar conmigo. - Bromeó para tranquilizar a su hijo.

- La morfina habla por ti madre. - Dijo negando con la cabeza divertido.

- Los doctores me han dicho que alguien me ha donado su sangre, quieres averiguar quién lo hizo por mí, quiero agradecérselo. - Le pidió.

- Tú conoces a esa persona. - Le contestó orgulloso. Su madre le miró intrigada. - Fue Lana madre, ella lo hizo sin pensárselo dos veces. ¿No soy el hombre más afortunado por tenerla a mi lado? Y creeme cuando te digo que no voy a dejarla marchar.

Bárbara volvió a sonreír. - Te costó lo tuyo darte cuenta de ello pero me alegro de que estéis juntos. - Cerró los ojos unos segundos para descansar. - ¿Cómo está tu padre?

- Tiene un vendaje en la cabeza pero por lo demás está bien. Él se culpa por lo que pasó. - Le contestó el ojiverde.

- Tráelo aquí que le voy a dar dos guantadas por pensar así. - Dijo la mujer seria. - Luego quiero hablar con mi nuera y por supuesto con mi niña que debe estar con un manojo de nervios.

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Más en el siguiente capítulo.
Muchas gracias por leer. ❤

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