Capítulo 13

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- ¿Qué significa esto? - Preguntó Ernesto, estaba sorprendido de ver a Lana allí, tenía los ojos abiertos como platos observando a la joven.

- Será mejor que os deje solos. - Dijo el empresario saliendo de su propio despacho.

- No sabía que tenías contactos tan altos. - Habló indiferente.

Lana tragó saliva, se había quedado petrificada y todas las palabras que llevaba meses queriendo decir se habían quedado atascadas en lo más profundo de su garganta.

- ¿Por qué te fuiste? - Pudo por fin hablar.

- ¿No has hablado con tu madre? - Preguntó elevando una ceja.

Lana sólo negó con la cabeza.

- Me lo imaginaba, siempre fue una cobarde. - Dijo indiferente.

- ¿Cómo puedes hablar así de ella? - Dijo ahora más firme.

¿No se suponía que era el amor de su vida? ¿Que por eso se casó?

- Tú no sabes nada.

Efectivamente ella no tenía ni idea, la actitud de su padre la desilusionó, ni un abrazo ni una sonrisa, nada.

- ¿!Por qué te fuiste!? - Volvió a preguntar.

- PORQUÉ DESCUBRÍ QUE NO ERES MI HIJA. - Gritó enfurecido.

El ojiverde se encaminó hacia la salita de descanso donde estaba el café. Tomó un trago y al sentir el amargo sabor en su boca hizo un gesto de desagrado y dejó el vaso de plástico en la mesa.

Su opinión hacia Lana había cambiado, es verdad que aún no confiaba plenamente en ella pero algo le decía que se había equivocado mucho con aquella joven. Desde lo de Sara no había pensado tanto en otra mujer pero Lana tenía algo que envolvía su mente y eso lo volvía loco.

Paul se giró al escuchar un ruido y vió a Bárbara entrando en la habitación.

- Tu secretaria me ha dicho que tenías una reunión con Silas ¿qué haces aquí? - Preguntó la rubia vertiendo un poco de café en otro vaso y llevándoselo a la boca. - Aarg cada día el café esta peor. - Se quejó la mujer provocando la risa de Paul.

- La reunión la he hecho para Lana, ella necesitaba hablar con su padre.

Bárbara sonrió triunfante, por fin su hijo se había abierto más a la posibilidad de llevarse bien con la chica.

- ¿Hace unos días la odiabas y ahora le haces favores? - Preguntó cruzándose de brazos divertida.

- Ya me conoces, soy un sensiblero al fin y al cabo.

- ¿Entonces ella está aquí?

- Sí. - Miró a su madre, tenía la típica expresión que ponía cuando planeaba cosas.- Madre. - Dijo mirándola serio. - Sea lo que sea que estés pensando, NO.

***

- ¿Cómo dices?. - Dijo con un hilo de voz. Sus ojos ardían pero no quería llorar, no quería soltar ni una sola lágrima. Miró a los ojos a Ernesto. - Cuéntamelo todo. - Exigió la morena firme.

- Hace unos meses me hice unas pruebas rutinarias de salud y el médico me dijo que era estéril desde hacia muchos años, así fue como lo descubrí. Ese día discutí con tu madre y me contó que hace veinticinco años me fue infiel y de allí vienes tú. No quería saber más del tema y me fui, no quería verla ni verte a ti.

Lana se quedó callada durante unos segundos mirando al suelo, pensando, analizando la información.

- Eso no es justo. - Susurró. - ¡No es justo! - Dijo más alto. - Necesitaba a mi padre conmigo. - Ya no pudo aguantar más las ganas de llorar.

- Ese es el problema Lana que yo no soy tu padre. - Dijo firme cruzándose de brazos.

La joven elevó su cabeza, mirando a aquel hombre que tanto admiró. - Sí que lo eres, me criaste durante veinticinco años ¿Es que eso no importa?

- Ya no me importa nada. - Dijo decidido a marcharse de aquel lugar.

- ¡Espera! - Dijo sin parar de llorar. - ¿Si tú no eres mi padre entonces quién es?

- Eso debes hablarlo con Isabel. - Dijo para luego dejarla sola en aquel despacho lo que le pareció una eternidad, todo se había vuelto oscuro y en silencio.

***

- Enhorabuena por el caso Collins. - felicitó Lola a la abogada mientras encendía su tercer cigarrillo del día.

- Un día eso te matará. - Dijo mirando a su compañera.

- De algo hay que morir. - Dijo inhalando el humo del cigarrillo.

- Cada uno con lo suyo. - Dijo Jane al final. Podía opinar lo que quisiese pero no iba a cambiar la costumbre de la gente. Se había integrado bastante bien en su puesto de trabajo y aunque había algunas personas tóxicas a su alrededor, otras eran como unos ángeles.

- Por cierto ¿Qué tal el caso A.A? - Preguntó curiosa.

- Chungo, el tipo es culpable pero así es este trabajo. A veces te toca defender a los malos. - Dijo mientras tiraba la colilla al suelo y la pisaba con su caro tacón.

- Señoritas, traigo café. - Habló Brad mientras caminaba hacia las abogadas.

Lola cogió uno, lanzando una ligera sonrisa de agradecimiento y se metió dentro del edificio, Jane hizo lo mismo pero permaneció junto a su compañero, en silencio pensando en lo que Lola acababa de decir.

- ¿Has defendido alguna vez a uno de los malos? - Preguntó mirando al frente.

- Una vez, desafortunadamente ese caso sí que lo gané. - Dijo mirando a Jane.

Ella se giró y permaneció observándolo por unos segundos. - Me gustas. - Soltó de repente pero a los pocos segundos se arrepintió a la vez que sus mejillas se tornaron de un rosa intenso.

Brad sonrió de lado sin apartar la vista de aquella espectacular mujer.

- Pensé que no lo dirías nunca. - Dijo para después unir sus labios con los suyos en un apasionado beso.

Bárbara vió al señor Silas salir del despacho de su hijo con una expresión seria. "Mala señal"

- Lo que ustedes han hecho carece de profesionalidad. - Se quejó el hombre.

- No se volverá a repetir, señor Silas. - Dijo con prisa, estaba preocupada por Lana. - Mi secretario le acompañará hasta la salida y por favor acepte mis disculpas en nombre de esta empresa.

La rubia abrió rápidamente la puerta del despacho encontrándose con una Lana hecha bola en el suelo, sus sollozos se escuchaban por lo bajo.

- Cariño. - Se acercó. - ¿En qué te puedo ayudar? - Dijo preocupada.

- ¿Qué demonios? - Habló Paul detrás de su madre. - ¿Qué coño le ha hecho? - En su tono de voz se apreciaba una chispa de preocupación y cabreo.

- Lana cariño. - La volvió a llamar.

Lentamente la joven avergonzada miró a Bárbara, tenía los ojos rojos e hinchados de llorar. - ¿Quieres que te lleve a casa?

- No a casa no. - Dijo rápidamente. Se levantó con pesadez y un poco mareada. - Yo... Sólo... Necesito un poco de aire, estoy bien. - Habló encaminándose hacia la salida.

- Tú no te puedes ir sola. - Dijo Paul serio.

Hasta ahora la joven no se había dado cuenta de su presencia, miró a Paul con tristeza. - Siento si he ocasionado algún problema por...

- Nada. - Dijo Bárbara rápidamente. - Te voy a llevar a un sitio bonito ¿Vale? - Dijo la mujer agarrando a la morena por la cintura.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora