Capítulo 6

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Pasado el terrorífico incidente, la adrenalina de su cuerpo dejó de hacer efecto y aunque le curaron los cortes producidos, le seguían doliendo. El pasillo del hospital estaba tan tranquilo que daba miedo mientras que el cuerpo de Lana estaba ligeramente apoyado en la pared, Paul se encontraba a su lado sin decir una palabra.

- Gracias. - Dijo Lana rompiendo el silencio.

- Lo hubiera hecho por cualquiera. - Habló. Aunque esta vez su tono de voz no era serio sino relajado, al menos, así se lo pareció a ella.

- Ya... Pero lo hiciste por mí. - Dijo mirándolo

- ¡Hija! ¿Estas bien?-Lana se giró hacia la voz de Isabel, la mujer estaba vestida tan sólo con el pijama y un chaquetón. Al estar cerca madre e hija se abrazaron.

- Sí, solo son unos rasguños sin importancia.

- No puedo creer que aún en estos tiempos las mujeres no puedan salir por la noche sin tener miedo a que algo les pase. - Habló totalmente indignada María.

- Tienes razón abuela, al menos solo fue un susto gracias a la intervención de - Se giró para señalar a Paul pero él ya no estaba. - bueno de Paul que ya no esta, al parecer. - Lo último lo dijo susurrando.

***

- ¡¿QUÉ?! - Exclamó Jane.

- Sí, pero que está bien.

- ¿Y la dejaste sola en el hospital?

- No no, se quedó con su madre y su abuela creo.

- Es culpa mía, yo le dije de llevarla a su casa pero se negó, debí insistir más.

- ¿Y habéis dado el parte a la policía?. - Preguntó sereno su padre.

- Sí ahora toca que nos llamen para declarar en el juicio. Aunque bueno, no sé. - Dudó en hablar.

- ¿Qué hijo? - Esta vez fue su madre la que habló.

Sabía que sí hablaba le iban a crucificar, eran solo ideas locas de su mente.

- Bueno, perdonar lo que voy a decir pero igual ella pudo contratar al tipo no sé.

Jane rodeo los ojos. - Tú eres imbécil. - Dijo para irse a su habitación mientras marcaba el número de su amiga. Desde que le rompieron el corazón su hermano estaba un poco y por no decir mucho, obsesionado con la idea de que todas las mujeres que se le acercaban lo hacían por interés y sí algunas lo hacían pero no todas. Lo único que estaba consiguiendo era evadir el gran problema, aislarse cada día más.

- Raymond ¿me puedes dejar a solas un momento con Paul?

- Claro amor. - Dijo dándole un casto beso en la mejilla y una mirada recriminatoria a su hijo.

Él la miró y ella hizo lo mismo.

- Siéntate.- Ordenó la madre.

Él le hizo caso, sentándose en uno de los sofás de la sala.

-No quiero un sermón madre. - Dijo tranquilo.

-Te aguantas, tú padre y yo no críamos a un patán.

- ¿Por qué? ¿Por qué soy el único que se da cuenta de que esa mujer no es buena para Jane? Va disfrazada de ángel cuando es como todas. - Dijo mirando a Bárbara un poco ofuscado.

- ¿Y tú que sabrás? ¿La conoces a caso? ¿Sabes algo más a parte de su nombre? No le has dado ni una oportunidad, has decidido juzgarla antes de que pueda mover ficha.

- Tienes razón no la conozco pero es sospechosa la forma en la que se conocieron ¿no crees? Supongo que sabrás lo del vestido. -La mujer hizo un gesto con su cabeza para afirmarlo. - ¿Quién ayuda hoy en día así por qué sí?

- Mira hijo, yo tampoco conozco a esa muchacha pero que te hayan roto el corazón, ok lo entiendo pero eso no te da derecho a juzgar a todos. ¿Qué hubiera pasado si tu padre hubiera hecho caso a las malas lenguas? Seguramente ni tú ni Jane estarían aquí. Pero ten cuidado Paul, porque ya no me va a servir el tema de Sara, esto se esta saliendo de tu control y necesitas ayuda.

Paul se tensó al oír ese nombre. ¿Había intentado realmente pasar página? El alcohol le ayudaba pero solo por momentos. ¿Realmente necesitaba ayuda? ¿Era Lana una amenaza o solo estaba en su mente?

Bárbara dejó a su primogénito meditando en la sala, esto no había acabado. Se dijo a sí misma, pero era un paso.

-¿Segura que estás bien? - Preguntó por enésima vez Jane.

- Segurísima. - Contentó Lana con un todo de diversión en su voz. - No te preocupes más, ya estoy en casa, la grúa recogió el coche, menos mal que tenemos seguro, cené y tengo puesto mi pijama favorito de ositos. - Le explicó la morena.

- No sé, sigo sin estar tranquila.

- No fue culpa tuya, ni de nadie Jane. Las circunstancias fueron así. Ya le di las gracias a tu hermano pero puedes decirle "gracias" de mi parte otra vez.

- Olvídalo, mi hermano es un cretino aunque me alegro de que estuviese allí.

- ¿Por qué dices eso? ¿Acaso pasó algo?

- ¿Si te cuento prometes no enfadarte?

- Sí, habla. - Dijo preocupada.

- Él insinuó que igual tú podrías... Podrías haber contratado al desgraciado para montar un espectáculo o no sé qué mierdas se le pasó por la cabeza esta vez.

- ¿Qué yo QUÉ? - Exclamó Lana. - ¡Es el colmo! Aunque no me extraña, tu hermano me odia.

- No te odia Lana. - Dijo Jane esta vez cambiando el teléfono de lado. - Simplemente no te conoce y no confía en ti. Mi hermano esta pasando por una mala racha.

- Que consuelo.

- ¿Te importa lo que mi hermano piense? - Preguntó con una sonrisa mirando a la nada.

- Eee... No yo... Bueno es tarde y mañana tenemos que madrugar las dos, acuérdate de que tienes una entrevista muy importante.

"Muy lista cambiando de tema pero esa conversación queda pendiente."
Pensó Jane para sí.

- Esta bien, descansa. Buenas noches.

- Buenas noches guapetona. Besos.

***

- No puedo creer que mi niña haya estado a punto de morir esta noche María.

- Al menos no fue a peor. - Dijo la mujer preparando el té.

Ya se había vuelto costumbre desde que ella y Lana se mudaron con María que tuvieran sus pláticas en la cocina mientras comían, tomaban té, café u otras bebidas.

- Cuando me enteré de la noticia un cúmulo de momentos pasaron por mi mente. Te juro que no podría vivir sin ella. - Dijo al borde de las lágrimas.

- Ya, cálmate Isa. - Dijo acercándole la taza de té.

- Ahora más que nunca debo decirle la verdad a Lana.

- ¿Qué verdad?- Preguntó la joven desde la puerta.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora