Capítulo 24

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Paul estaba seguro de una cosa: quería pasar el resto de su vida con Lana. Lo sabía desde hacía mucho tiempo pero se dio cuenta aquella mañana cuando la vio dormida en sus brazos, tan tranquila y relajada. La amaba y no la dejaría escapar por nada del mundo.

- Quédate un poquito más. - Le pidió el  ojiverde.

- Sabes que no puedo. - Besó sus labios. - Tengo que preparar todo para mañana. -La tienda estaba como nueva y había llegado el momento de reabrirla.

- Esta bien. - Se rindió. - Pero déjame vestirme y te llevo ¿ok?

Lana asintió alegre por las vistas que Paul le estaba regalando de su trasero.

Al llegar al sitio y ver todo acabado, se quedó realmente sorprendido por la remodelación de la tienda, ya no parecía la misma y no sólo porque ahora era más amplia sino por los muebles llenos de telas de diferentes colores, los maniquíes sin cabeza donde se colocarían los vestidos, el nuevo mostrador de cristal entre otros cambios.

- Y bien ¿Qué te parece? - Preguntó Lana a su lado.

- Sólo tengo una palabra para definirlo: impresionante. - Le contestó el empresario. - Pero ¿estarás segura?

- Amor, no te preocupes por eso ya detuvieron a los vándalos que hicieron esto.

- Nadie puede asegurarte que otro no pueda hacerlo.

- Eeii! Tengo un gran equipo de seguridad aquí, que se atrevan a entrar. - Le dijo para tranquilizarlo aunque en el fondo le gustaba que Paul se preocupase por ella.

Al terminar los papeleos y preparativos para el día siguiente ya era de noche en la ciudad.

- ¿Vamos a por un helado?

- Esta vez no pienso negarme. - Contestó la morena sonriendo.

Después de pedir un helado de chocolate con crema y otro de nata los enamorados decidieron dar un paseo disfrutando de sus helados.

- Oye amor... ¿has pensado en perdonar a tu padre?

Lana rodó los ojos. - Tú también con eso. Ernesto también habló contigo ¿verdad? No le basta con atormentar a mamá ahora tiene que hablar con mi novio. - Dijo elevando un poco el tono de voz.

- Mi amor tranquila, él no ha hablado conmigo. Pero pienso que todos cometemos errores y también creo en las segundas oportunidades. - Dio un gran bocado a su helado.

- Puede que tengas razón pero aún no estoy preparada para perdonarlo. - Habló sincera.

Después de aquella charla los dos volvieron a hablar de otras cosas más alegres y siguieron caminando hasta llegar a un parque muy hermoso y al ser de noche había poca gente así que el ambiente era tranquilo. La morena cogió de la mano a su acompañante y lo condujo al césped donde se tumbaron a mirar las estrellas.

- Las estrellas son hermosas. - Dijo la joven.

- Tú eres más hermosa. - Le dijo mientras la observaba. Le encantaba como cambiaba su expresión, sonreía y se ponía colorada.

Lana se giró a mirarlo también después se acercó más a él  y unió sus labios con los suyos en un beso que duró muy poco porque Lana se apartó bruscamente.

- ¿Qué pasa? - Preguntó extrañado.

- Creo que he oído algo. - Dijo mirando de lado a lado.

- Serán imaginaciones tuyas cariño.

Aquel ruido se volvió a escuchar y Lana se fijó en un arbusto cerca de donde estaban. Se encaminó hacia él.

- Lana vuelve. - Le susurró Paul que también se había levantado.

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