Capítulo 23

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Había sido un día bastante largo para todos incluso para Ernesto, desde que abrió aquella estúpida empresa estaba metido hasta el cuello de papeles y estaba bien recibir ganancias, pero en el fondo no era feliz. Él no se consideraba un mal hombre hasta que Sara entró a su vida. Se empezaba a preguntar si realmente valió la pena. Llegó a su apartamento ya pasada la medianoche y casi automáticamente como llevaba haciendo años, abrió el buzón del correo donde se encontraba una pequeña carta sin remitente. El hombre la cogió y cerró de nuevo su buzón, estaba muy cansado pero más intrigado por aquella carta. Le dio un par de vueltas, se sentó en la cama de su dormitorio y la abrió con sigilo. Dentro del sobre había un papel perfectamente doblado y una pequeña llave. Al empezar a leer la carta sus pelos se pusieron de punta.

"Estimado señor Silas me veo en la obligación de comunicarme con usted mediante esta carta porque no sé cuán de seguro será su teléfono móvil. Le advierto que la mujer con la que se ha topado es muy peligrosa, no sólo es una estafadora profesional sino también una asesina sin escrúpulos, aunque eso no se haya demostrado todavía, todos sus maridos han resultado muertos. Yo que usted tendría cuidado.

PD: La llave que está junto a esta carta abre una taquilla del metro. Allí encontrará toda la información necesaria."

¿Sería cierto? Sólo había una forma de comprobarlo.

***

- No sé cómo me has convencido para hacer esto. - Dijo la joven sujetando la última y enorme caja de cartón con sus manos.

No llevó mucho tiempo ser convencida de aquello, eran todo ventajas y Lana lo sabía. Su madre estaba de acuerdo, Paul también y hasta su abuela la había llamado para darle su aprobación. Ya había llevado casi todas sus cosas, que no eran muchas, al nuevo apartamento de Jane y ahora también suyo.

- No me costó mucho trabajo hacerlo, además es mejor ahora porque conociéndote cuando se abra la tienda no saldrás de allí ni aunque te maten  - Dijo entre risas mientras revisaba algunos emails en su IPhone.

Ya dentro del piso, la joven soltó la caja y puso sus manos en las caderas mientras que su amiga recibía una llamada.

Su semblante había cambiado, fuera quien fuera la persona que estaba al otro lado del teléfono le estaba diciendo algo que a la castaña no le estaba gustado ni un pelo.

- Está bien... Sí...Allí a menos cuarto...Adiós.

- ¿Qué pasa? - Preguntó alarmada la morena.

- ¿A qué no adivinas quién me acaba de llamar para pedirme un consejo legal?

Lana negó con la cabeza impaciente.

- Tu padre. - Dijo guardando su celular en el bolso.

La joven abrió los ojos sorprendida. - ¿Consejo legal? ¿Está en problemas?

- Él no, es sobre Sara. Te lo explico en el coche de camino ¿vale?

Una vez de camino Jane le contó todo.

- Lo que no entiendo es por qué te llama a ti.

- Bueno también llamó a Paul y al tratarse de la sanguijuela de Sara sabía que me interesaría el tema.

- En eso tienes razón.

Jane aparcó su coche y las dos salieron en dirección a la cafetería acordada.

- No tenías porque traerla a ella también. - No era por desprecio sino porque no quería que su hija estuviera involucrada ya bastantes errores cometió él como para meter a Lana en esto.

- Yo también me alegro de verte. - Dijo seca. Le dio un beso a Paul y se sentó a su lado.

Ernesto suspiró y le entregó a la abogada los papeles que encontró en aquella taquilla. Ella leyó atentamente su contenido y al acabar miró sorprendida al hombre.

- ¿De dónde has sacado esto? - Preguntó

- De una carta anónima. Al parecer Sara lleva haciendo esto muchos años.

- La solución es simple, le entregamos esto a la policía y que ellos hagan su trabajo. - Dijo Jane.

- Yo sé a quien llamar. - Habló Lana cogiendo los papeles y ojeándolos. Era terrible lo que había allí, no sólo palabras sino fotos explícitas de los cadáveres, autopsias, documentos legales y muchas otras pruebas que condenarían a Sara para siempre. Mientras Lana hacia su llamada, los tres seguían en la mesa.

- Definitivamente yo tuve suerte. - Dijo con asco. Saber todo aquello le producía un sentimiento de malestar e impotencia, no podía evitar culparse   de haber sido tan estúpido y caer en el engaño de aquella mujer.

- Y que lo digas hermano, esa mujer es una psicópata.

Lana volvió a la mesa con una sonrisa. - El agente Bull estará aquí en un par de minutos.

- ¿Ese es el policía que vino cuando te atacaron? - Preguntó Paul.

- Así es, al parecer le han ascendido y ahora trabaja en la unidad de homicidios.

Pocos minutos después el agente ya estaba allí siendo informado de todo.

- No hay duda, con esto. - Señaló los papeles. - La meteremos en la cárcel. Avisaré a mi superior y daremos la alerta para que sea detenida inmediatamente.

Ajena a todo lo que le estaba a punto de caer encima la criminal disfrutaba de su día en el spa con el dinero que había robado.

- Señorita Castillo

La susodicha tenía enfrente a tres detectives de la policía.

- ¿En qué puedo ayudarles agentes? - Dijo coqueta.

- Está detenida. - Uno de los detectives le puso las esposas y le dictó sus derechos.

- ¿Se puede saber porqué me detienen? ¡Yo no he hecho nada! - Gritó furiosa.

- Por fraude, estafa y asesinato. Será mejor que se busque un buen abogado. - Dijo otro detective.

No le quedaba de otra que hacer un trato para evitar el juicio. Con cuatro cargos de asesinato y otros tantos de estafa y fraude podrían haberla condenado a más de doscientos años en prisión. Se declaró culpable y su condena fue de quince años por cada asesinato y cinco años por cada cargo de fraude. Todos respiraron tranquilos y aliviados de que se hiciera justicia.

- ¿Sabes? Pensé que era una arpía pero de allí a una asesina me parece demasiado. -  Dijo Lana refugiándose en los brazos de su novio.

- A veces la gente lleva demasiada maldad dentro pero ya no quiero seguir hablando de esa mujer. - Besó su frente. - Mejor hablemos de nosotros.

- ¿Nosotros?

Lana se puso roja al recordar lo que pasó la noche anterior: la cena romántica, las velas, la noche apasionada que vivieron juntos.

- Fue increíble. - Dijo besando su cuello.

Ella cambió de posición en el sofá y se puso a horcajadas sobre él, rodeó su cuello con sus brazos. - Podemos repetirlo.

- ¿Cómo? No te he oído bien.

- No me hagas repetirlo. - Dijo ocultando su cara entre sus manos. Él las apartó suavemente.

- Tú me devolviste las ganas de vivir y voy a compensarte toda mi vida por los malos ratos que te he hecho pasar.

- mmmm... ¿Qué te parece si empiezas por besarme?

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Nuevo capítulo.
Espero que os este gustando.
Gracias por leer. ❤

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