Capítulo 16

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La joven se arrepintió en el mismo momento de formular la pregunta. - Lo siento no es de mi incumbencia.

La expresión de Paul no había cambiado, miró a la joven y por un momento pensó que la pregunta la hacía por interés hacia él pero rápidamente desechó esa idea.

- Tranquila. - Dijo restándole importancia. - Puede que algún día te lo cuente. - Continuó comiendo de su plato. Lana hizo lo mismo y prefirió no hablar más de ese tema. Paul lo había superado, ahora sabía que no la quería a pesar de que hubo una vez en la que sintió ese sentimiento pero en el fondo lo que realmente le había dolido era la traición y el engaño en el que Sara lo envolvió tiempo atrás.

Después de desayunar y recoger la mesa el silencio se volvió a formar en la pareja.

- Puedes irte a casa si quieres. - Dijo Lana.

- No puedo, no hasta que Jane vuelva.

Ahora estaban sentados en unos sillas blancas en la terraza donde les acompañaba la vista del azulado océano.

Ahora estaban sentados en unos sillas blancas en la terraza donde les acompañaba la vista del azulado océano

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- ¿Y eso por qué? - Preguntó la joven.

- Anoche vinimos con su coche y hasta la parada más cercana de autobús hay que caminar unos veinte kilómetros. - Aclaró el chico.

Lana hizo un gesto para darle a entender que había comprendido la explicación.

- ¿Sabes? Llegué a creer que no nos llevaríamos bien nunca. - Dijo entre risas la morena.

- Fui un poco tonto en ese sentido, la verdad. - Dijo apenado. - ¿Sabes jugar al poker? - Preguntó cambiando de tema.

- Algo sé. - Dijo no muy segura, aunque era toda una experta en juegos de cartas no se lo iba a decir ¿cómo sino ganaría?

Ernesto entró en la gran sala de reuniones donde se encontraban los Blake. Todos en aquel lugar parecían tener una expresión neutral aunque Jane quería matarlo por lo que sea que le hiciese a su amiga.

- Señor Silas, siéntese. - Ordenó formalmente Raymond.

El hombre que vestía con un traje a medida hizo lo que se le había pedido tomando asiento delante de ellos.

- Acorde con algunos acontecimientos hemos tomado la decisión de romper nuestro contrato. - Habló Raymond.

Eso lo tomó por sorpresa, no habría imaginado que se rompería el contrato así como así.

- No podéis romperlo sino preparaos para una demanda que os dejará en la ruina. - Habló el empresario.

- Eso no pasará señor Silas. - Esta vez fue Jane quien habló. - Si usted es tan amable de leer el contrato verá que no hay ninguna cláusula que diga que no podemos poner fin al contrato. - Dijo calmadamente.

Ernesto hizo lo que la joven abogada dijo y era verdad, no había posibilidad de tener ganancias con aquello. - No entiendo a qué vienen los cambios, todos saldríamos ganando de este negocio. - Intentó convencerles pero fue en vano.

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