Capítulo 15

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Paul se encontraba sentado en la mesa de la cocina, dando vueltas al vaso de whiskey, pensativo.

- ¿Qué haces? - Preguntó Jane entrando al lugar, iba descalza y con un pijama de dos piezas.

- No lo he probado si eso es lo que preguntas. - habló refiriéndose al amargo líquido

Jane se posicionó delante de él. - ¿Es verdad lo que dijiste antes?

- Creo que sí. - Dijo sin apartar su atención del vaso.

Jane sonrió y lentamente le quitó el vaso de entre las manos.

- Vamos a dormir un rato, he pasado por el cuarto donde está Lana y parece que duerme como un bebé. - Dijo sonriendo.

El joven esperó a que su hermana entrará a una de las habitaciones e hizo lo mismo.

Aunque había dormido poco, Jane estaba con el doble de energía, había recibido un mensaje de su padre y tuvo que abandonar la casa, no sin antes dejar una nota a su amiga que seguía durmiendo. En realidad la presencia de Jane no era necesaria pero Bárbara tenía otros planes en mente, estaba jugando a la Celestina sin estar segura de cómo acabaría todo aquello.

- ¿Le has dado algo a Lana? - Preguntó entrecerrando los ojos hacia su madre. Los tres se encontraban en la sala de reuniones de la última planta.

- Un calmante inofensivo. - Contestó la mujer levantando las manos. - Y ahora a trabajar. - Dijo la rubia entregándole el fichero.

Jane lo leyó con detenimiento unos minutos. - Creo que será fácil. - Levantó la vista sonriendo.

Los rayos del sol entraban por una de las ventanas proporcionando una cálida luz a la habitación. Lentamente la morena abrió uno de sus ojos y al darse cuenta de que no conocía el sitio abrió el otro observando todo a su alrededor. Tardó unos segundos en acordarse de todo lo sucedido el día anterior y poco a poco un malestar se apoderó de su cuerpo. Sabía que no podía huir para siempre y que tendría que tener una larga charla con su madre, necesitaba conocer las dos versiones de la historia, aunque las horas que tuvo para calmarse le sirvieron de gran ayuda.

Se levantó con pesadez del enorme colchón y pudo apreciar más el cuarto, era realmente bonito y amplio. Los pocos muebles que adornaba la habitación eran modernos y se notaba que baratos no eran. Tardó un poco en darse cuenta de la nota que estaba colocada en la mesita de noche.

Me hubiera gustado quedarme a desayunar contigo pero tengo que hacer unos recados antes. Volveré en unas horas.

Te quiere tu "fabulosa" amiga Jane.

Pd: Te he dejado alguna ropa mía en uno de los sillones espero que te valga.

Lana sonrió ampliamente al acabar de leer la nota. Tenía mucha suerte en contar con una persona como Jane y con los Blake en general que la trataron muy bien desde un principio sin contar, por supuesto con Paul, aunque eso estaba cambiando. La joven indecisa fue hasta donde se encontraba la ropa perfectamente doblada. La miró por un momento y después se decidió por un vestido negro con puntos blancos y escote en uve ya que si se ponía los pantalones blancos seguramente le vendrían grandes debido a que la abogada tenía más caderas que ella.

Jane había pensado en todo hasta le trajo ropa interior

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Jane había pensado en todo hasta le trajo ropa interior. Sonrojada la joven cogió las prendas y caminó hacia el baño que estaba en la misma habitación. "Que lujo" Pensó ella.

Al acabar la corta ducha y secarse brevemente el cabello con una toalla diminuta, se vistió y se dio cuenta que el vestido era demasiado largo así que para no arrastrarlo por toda la casa agarró la suave tela con sus manos y la subió un poco sin soltarla.

Al salir del cuarto un delicioso olor inundó sus fosas nasales. Lana arrugó la nariz ¿Si Jane no se encontraba en la casa quién estaba cocinando? Debía ser Bárbara al fin y al cabo ella la había traído a ese lugar. Bajó las escaleras con cuidado de no tropezarse con el vestido y se dirigió a la cocina.

- Eso huele deli... - De pronto dejó de hablar al darse cuenta de quien era la persona que estaba cocinando. ¿Qué hacia él allí? ¿Estaría preocupado por ella o sólo se aseguraba de que no robara ninguna pertenencia de valor?

Paul la miró por unos segundos de pies a cabeza, estaba hermosa con aquel sencillo vestido, el pelo aun mojado y sin rastro de maquillaje en su rostro.

- Espero que te gusten los huevos fritos es lo único que sé hacer. - Dijo sonriendo. - A no ser que seas una de esas que cuenta las calorías a todos los productos. - Dijo recordando a Sara y sus dietas.

- No no, me encantan. - Habló sorprendida. - Yo te puedo ayudar. - Caminó hasta donde él estaba. Lana se había fijado en lo sexy que se veía con el pelo despeinado y la camisa blanca con los primeros botones desabrochados y las mangas remangadas donde se podía apreciar la tinta de un tatuaje aunque no se podía ver por completo ya que la tela lo tapaba.

- No hace falta, ya están casi listos. - Habló sin despegar la vista de la sartén.

La morena se sentó en una de las sillas y aunque no le molestaba el silencio decidió comenzar una conversación al mismo tiempo en el que Paul colocaba el desayuno en los platos.

- ¿Dormiste aquí? - Preguntó curiosa. Quería saber qué hacia él allí y dónde estaba Bárbara.

- Sí. - Dijo poniendo los platos en la mesa y sentándose al lado de ella.

- ¿Por qué? - Siguió preguntando curiosa.

- Estábamos preocupados por ti. - Confesó el joven.

Lana abrió ligeramente los ojos sorprendida. - ¿Tú estabas preocupado por mí? - Preguntó bajo.

- Mi madre no cogía mis llamadas y tú no te veías muy bien después de hablar con tu padre así que sí estaba preocupado.

"mi padre" Pensó en esas dos palabras con tristeza.

- Supongo que querrás sabe qué es lo que me dijo. - Supuso ella.

- Todos tenemos curiosidad pero entiendo que yo soy la última persona con la que hablarías de temas familiares.

Lana pensó un poco, al menos se merecía una explicación ya que fue él quien la ayudó a ponerse en contacto con Ernesto.

- Me dijo que yo no... no era su hija biológica y por eso se fue. - Dijo mirando su plato.

Paul se quedó callado unos segundos, Ernesto era una rata y ahora podía ver que en realidad Lana era una chica inocente de toda maldad. Con mucho cuidado Paul agarró su mentón y le hizo mirarlo. - Lo siento. - Por su expresión decía la verdad y eso la tranquilizaba.

Lana sonrió levemente. - No sé cómo pagar todo lo que habéis hecho por mí.

Es curioso como su relación había evolucionado de una manera tan positiva. Ahora se alegraba de que su hermana tuviera una amiga como Lana.

- Nada de eso. - Dijo retirando su mano de la suave piel de la morena. - No debí juzgarte tan mal. - Dijo recordando sus primeras conversaciones. - Últimamente no he estado en mi mejor momento.

La curiosidad por saber más sobre aquella mujer que le hizo daño se hizo presente en su mente. - ¿Te puedo hacer una pregunta personal? - Preguntó tímida.

- Supongo que sí. - Contestó extrañado.

Lana dudó un poco en hablar. - ¿Quién te hizo tanto daño?

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora