Capítulo 2

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- ¿Lana?

Ella giró un poco su cabeza hacia Jane. - ¿Si?

- ¿Estás bien? Parece que estás en otro mundo.
- Sí estoy bien, sólo estaba pensando. - Miro el reloj negro que tenía en su mano derecha. - ¡Ya me tengo que ir! - Dijo levantándose bruscamente. - Lo siento pero tengo que seguir trabajando. - Dijo mientras iba hacia el coche.
- Espera, espera. - Habló Jane siguiéndola. - ¿Vendrás a mi graduación?

- Emm... No sé si tenga tiempo. - Dijo dudando.
- Te llamaré y no voy a aceptar un no por respuesta. - Dijo seria. Jane había encontrado una persona genial y no quería perder contacto con ella.

- Ya hablaremos. - Dijo dándole un beso en la mejilla para poco después dirigirse al coche, arrancar e irse.

***

- ¿Y por qué no vas?.

- Yaya. - dijo con un tono depresivo. - Acabo de conocerla, sería raro presentarme en su graduación, además eso me recuerda a que yo no pude graduarme.

- Por eso mismo, necesitas distraerte, desde que tuviste que dejar la universidad, has estado metida en esta tienda, que aprecio mucho, pero necesitas distraerte. - María tenía un plan para su nieta y no se iba a detener por mucho que ella insistiera, Lana era terca pero María mucho más. Desde que su hijo se fue al extranjero abandonado a su mujer y a Lana se prometió que estaría allí para ellas hasta el día de su muerte. No permitiría que su querida Lana viviera una vida triste viendo los años pasar y sin poder cumplir sus sueños. - Además, te falta un año de la carrera y sólo unos ahorros más para poder acabarlo. ¡Vamos! ese día seguro que es importante para esa joven y puede que verte allí, la haga feliz.

- No sé abu, me lo tengo que pensar pero por ahora hay que seguir con los pedidos. - Dijo Lana dándole un beso en la mejilla a su abuela. - Tú descansa ¿sí? Cerraré yo, nos vemos en la cena. - Habló mientras la acompañaba a la puerta.

Ese pantalón se le estaba resistiendo, ya lo había cosido dos veces y seguía sin ver mejoras en el resultado. ¿Qué podía hacerle? Era de marca y se notaba en el tacto de la tela con la piel. Y de repente como si una bombilla se encendiera por encima de su cabeza tuvo una idea brillante. Fue al primer cajón de la mesilla de madera para encontrar los parches de diferentes formas y colores. Colocó algunos en la parte superior donde estaba cosido, uno de ellos tenía la forma del signo de la paz y el otro unos labios rojos, conocía a la clienta desde hacia años, ya que era habitual y siempre que visitaba a su abuela la veía, sabía que le gustaría ya que los mandó a arreglar como un regalo para su hija mayor. "es moderno le gustara" Pensó Lana.

Sumergida en el trabajo no se dio cuenta que el tintineo de la puerta empezó a sonar, señal de que alguien había entrado. No fue hasta unos segundo después que Lana habló sin mirar quien era. - ¿Qué has olvidado esta vez abuela? - Preguntó en un tono divertido.

- No soy tu abuela. - Dijo la voz grave.

Esa voz

Lana subió la mirada para toparse con el hermano de Jane, con el mismo traje y con la misma mirada asesina. ¿Qué le pasaba a este tipo?

Por lo general Paul siempre era respetuoso con los demás, era lo que sus padres le habían inculcado desde pequeño. No tenía problemas con la gente de diferente estatus social pero desde las últimas veces, le costaba confiar tan a la ligera y eso empezaba a ser un problema, ya que siempre estaba de mal humor.

- Tú eres el hermano de Jane ¿no? - Dijo con un tono de voz bajo pero firme, esa mirada tan dura la intimidaba. ¿Siempre era así? ¿O sólo conmigo? Se preguntó mentalmente Lana.

- Sí, venía a pagarte el arreglo ya que mi hermana olvidó ese detalle. ¿Cuánto es?. - Frío a más no poder pero sin resultar superior a los demás como otras personas ricas que había tenido que conocer y callar ante sus actitudes y comentarios.

Lana pensó un momento hasta que habló. - Nada.

- ¿Nada? - Repitió ligeramente sorprendido, puede que Jane ya le hubiese pagado o ella le pidiera alguna joya a cambio.

- Sí nada, dile que es un regalo por su graduación, espero que su padre no se haya enterado, ella me dijo que no quería preocuparlo. - Dijo Lana, hablando más de la cuenta ya que Paul la estaba mirando de forma extraña, no podía saber cómo ya que nadie la había mirado así nunca. - Perdón, no es asunto mío.- Esta vez habló más rápido.

- Tienes razón, no es asunto tuyo. - Dijo con un tono borde, ¿qué le estaba pasando? Nunca se había comportado así con alguien a quien no conocía y mucho menos si era una mujer guapa y atractiva. Se dio la vuelta para marcharse, casi olvidando lo que realmente había venido a hacer. - Aah, una última cosa, agradezco lo que hiciste por mi hermana pero quiero que no la vuelvas a ver, ni a ella ni a nadie de mi familia.

¿Había escuchado bien? Ni siquiera le dio tiempo a defenderse porque Paul ya se había ido por la puerta, pero ella no se iba a quedar callada, salió de la tienda y llegó hasta el deportivo de Paul justo antes de que arrancará.

Él la miró expectante y un poco sorprendido, lentamente bajo la ventanilla del coche.

-¿Cuánto es el vestido? - Él sabía que se había arrepentido y quería el dinero.

Lana soltó un risa seca. - Mira, puede que tú seas el señor importante y yo sólo una modista, pero no ha nacido quién me diga qué hacer o no hacer. Y si tu hermana quiere tener una amistad conmigo deberías respetarla, es su decisión, no la tuya. No sé cuál será tu problema, aunque debe ser grave por tu actitud o igual siempre has sido un gilipollas.

Se giró para irse, le dejó boquiabierto unos segundos, ninguna mujer antes le había dejado así. Después de un tiempo, arrancó el coche y se marchó lejos de allí.

Esas palabras acompañaron a Lana casi toda la noche, ella no había hecho nada malo y por eso mismo iba a ir a esa graduación. Nadie le decía que hacer por mucho dinero que tuviese.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora