Capítulo 5

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-Tu hermano me esta poniendo de los nervios. - Dijo Lana elevando la voz debido al elevado volumen de la música electrónica.

-¿Qué?.- Preguntó Jane con el mismo tono de voz mientras saltaba al ritmo de la música.

- Tu hermano que... - Al ver que era inútil tener una conversación en esa situación dejó de hablar y empezó a saltar junto a Jane. Las dos se lo estaban pasando muy bien, bailando y riendo hasta que Jane paró de repente y salió corriendo fuera del local, al darse cuenta Lana fue tras ella y poco después su hermano hizo lo mismo.

- Eh... ¿Qué pasa? - Preguntó Lana al alcanzar a su amiga.

Se habían parado en un hermoso claro cerca de donde estaba la fiesta, la luz de la luna y unas cuantas farolas colocadas en distintos ángulos las iluminaba.

Las lágrimas no cesaban su recorrido por la suave y blanca piel de Jane.

- Es, él... Es...tá con otra. - Dijo mientras estaba intentando calmarse. - Pensarás que soy una llorona, siempre me ves así. - Dijo como disculpa mientras veía a su hermano acercarse con cara de preocupación.

- Para nada, para eso estoy y lo sabes, además si ese imbécil está o no con otra no debe de importarte porque no supo apreciar lo que tenía al lado y dentro de poco se dará cuenta.

- No me gusta admitir esto pero ella tiene razón. - Dijo Paul a su espalda.

Al darse cuenta de su presencia rodó los ojos pero decidió callarse por la situación.
Al momento Paul se acercó a su hermanita para darle un fuerte abrazo.

- ¿Quieres que nos vayamos? - Preguntó él después de darle un corto beso en la frente.

Ella se limpió los ojos. - No, no voy a permitir que un imbécil me arruine la noche. -Pronunció decidida.

- Tienes razón. - Dijo Lana sonriendo orgullosa.

Los tres estaban volviendo dentro del local, sin duda Paul quería mucho a su hermana y puede que Lana empezará a comprender porque la trataba así aunque su actitud no la llegaba a entender todavía y eso a ella le intrigaba.

*****

- No, sin duda el mejor momento fue cuando la otra le tiró su copa encima.- Dijo Lana entre carcajadas lo que provocó que Jane también empezará a reír.

Las dos caminaban hacia sus coches que no estaban muy lejos de allí.

- ¿Y qué me dices cuando las dos putigolfas se empezaron a coger de los pelos?-Continuó la castaña.

Lana en respuesta a su comentario soltó una carcajada mientras recordaba la escena.

- Oye, ¿Seguro que no quieres que te lleve? No me cuesta nada.

- Tranquila, esta antigualla aún sigue dando guerra.- Dijo sonriendo.

- Muchas gracias por lo de esta noche, sin ti habría sido horrible. - Dijo mientras le daba el abrazo.

- Por más noches así. - Concluyó Lana al despedirse de su nueva amiga.

- ¡Y mejores! - Soltó Jane mientras arrancaba el motor.

Lana se dispuesto a entrar a su coche y al intentar arrancarlo se dio cuenta que igual la antigualla no estaba en su mejor momento.

- ¡Mierda!- Maldijo mientras intentaba una y otra vez poner en marcha el coche. - No puede ser, vamos amigo. No me abandones. - Estaba a punto de rendirse y llamar a un taxi cuando escuchó unos pasos y una mano se posó en la ventanilla.

- ¿Necesita ayuda señorita?

- No gracias estoy bien. - Dijo aún dentro del coche. Lana era una chica desconfiada con esas cosas y más cuando era de noche.

- Anda abre. - Empezó a decir mientras su rostro era cada vez más claro, un hombre grande, no fuerte no, gordo al menos con barriga, con el cabello lleno de canas y se podía apreciar el brillo en sus ojos provocado por alguna sustancia. - ¡ABRE JODER! - Su semblante ya no era de un hombre amable y calmado.

Lana estaba paralizada, no sabía que hacer o decir. Le enseñó su teléfono. - Lárguese ahora mismo, estoy llamado a la policía. - Dijo intentado mantenerse con calma. Pero lejos de provocar miedo en ese hombre lo único que consiguió fue una respuesta más violenta, aporreando el cristal.

- Eres una traviesa, pero vas a ser mía conejita.

Cuánto tiempo podía aguantar ese pobre coche antes de que ese tipo pudiera romper el cristal. En su desesperación marcó al número de la policía.

- ¿Cuál es su emergencia?

- Hola, estoy en mi coche y hay un loco que quiere entrar, esta golpeando el cristal. Por favor envíen a alguien. - Estaba temblando, con lágrimas en los ojos y su corazón acelerado.

- Mantenga la calma, dígame su dirección y enviaremos una patrulla.

Los golpes eran cada vez más fuentes mientras maldecía palabras sin sentido.

- Estoy en la avenida Malcom, por favor deprisa. - Su voz empezaba a temblar no recordaba haber pasado tanto miedo nunca.

- La patrulla ya va para allá. No cuelgue señorita.

Demasiado tarde, un golpe en la ventanilla consiguió romper el cristal, los trozos cayeron como si de una cascada con afiladas cuchillas en vez de agua se tratase. Muchos pararon su recorrido dentro del coche provocando algunas heridas leves en brazos y piernas a la conductora.

Ella no sentía el dolor, la adrenalina hacia su función muy bien en ese momento. Sintió como su cuerpo era arrastrado fuera del coche. Pataleaba y forcejeaba como una leona, no le iba a dar el gusto de morir sin pelear.

En un momento dado cayó al suelo pero el hombre ya no la sujetaba. Elevó su cabeza tan sólo un poco para ver lo que estaba pasando. Un Paul muy cabreando dando puñetazos al psicópata que anteriormente la estaba arrastrando para violarla o matarla.

Con mucho esfuerzo se incorporó observando la escena. - Pa... Paul. - Su voz era casi inaudible. En los ojos del joven se podría ver con claridad la rabia, puñetazo tras puñetazo, sus nudillos estaban llenos de sangre pero no le importaba por mucho que Lana no le agradase, no le deseaba el mal.

- Paul. - Esta vez sí que él pudo escucharlo. - Para, la policía no debe tardar en venir. - Dijo muy lentamente, su cuerpo aún temblaba.

- No me importa, ninguna mujer debe ser maltratada de esta forma nunca. - Dijo con rabia, el tipo ya estaba inconsciente así que dejó caer su cuerpo en el suelo. No se había dado cuenta de los cortes que Lana tenía en su piel hasta ahora. Se acercó hacia ella quitándose su chaqueta para colocarsela a ella. Tenía la mirada perdida y aún no se había percatado del movimiento de Paul.

- ¿Estas bien? -Dijo inspeccionando su cuerpo con la mirada.

- Mejor que ese hijo de puta sí. - dijo más tranquila.

Pocos segundos después llegó la patrulla de policía, dos agentes uniformados salieron del vehículo. El más alto de ellos se llevó esposado al tipo inconsciente mientras que el otro con apariencia más joven se acercó hacia ellos mientras hablaba por radio pidiendo una ambulancia.

- Soy el agente Petter Bull, la ambulancia esta en camino y el tipo estará en la cárcel por ahora. Tendrán que prestar declaración.

- Por supuesto agente. - Dijo Paul sereno.

Lana seguía en shock. - Eeeh sí. - Pudo llegar a decir apretando el brazo de Paul con fuerza.

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