Extra +18

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Lo primero de todo quiero daros las gracias por todo el apoyo que tiene la historia, por todos los comentarios, votos y lecturas. Aunque el libro ya tiene su final, esta es mi manera de agradeceros, sé que lleváis mucho tiempo pidiendo algunas detalles íntimos que no llegaron a plasmarse en la historia, espero que os guste. Os mando un saludo enorme. ¡Mil gracias!

***
Eran más de las cinco de la tarde cuando Lana atravesó la puerta principal. No escuchó el típico saludo de Paul al llegar a casa, ni las risas de su pequeño, aunque inquieto hijo.

- Mami está en casa. - Dijo con un tono de voz elevado, pero no hubo respuesta.

La joven frunció el ceño, sin embargo pensó que los chicos habrían salido a jugar al parque, ya que era sábado y Paul no trabajaba. Se quitó la parca mientras se dirigía al dormitorio. Cuando abrió la puerta un embriagador aroma a incienso de lavanda inundó sus fosas nasales. Sonrió inconcientemente, dejando caer suavemente el abrigo sobre el pequeño sofá; miró a su alrededor, observando la botella de vino frizzante colocada en la mesilla de noche y antes de que pudiera hacer nada, notó como los grandes brazos de Paul la envolvían en un cálido abrazo.

- Te he echado de menos. - Le susurró al oído.

Ella volvió a sonreír y giró su cuerpo para poder besarlo con lujuria.

- ¿Dónde está mi pequeño? - Preguntó medio triste, quería llenarlo de besos. Parecía mentira que ya tuviera cuatro años, el tiempo pasaba volando y cada día crecía más y más.

- Lo he llevado con sus abuelos a pasar la tarde. - Contestó acariciaba la parte baja de su espalda.

- Osea que estamos solitos. - Le dijo con tono pícaro.

- Aja. - Dijo él antes de agarrarla por la cintura y llevarla a la cama.

Lana soltó una risa nerviosa y lo atrajo hacia ella. Sus labios encajaban mejor que dos piezas de un puzzle. Sus lenguas comenzaron a danzar libremente, al mismo tiempo que sus ropas iban desapareciendo. Estaban agitados y enérgicos. Paul se separó un poco del suave y desnudo cuerpo de ella, la observó con deseo para después acariciar sus pechos, luego fue bajando poco a poco haciendo que Lana se mordiera el labio de placer. Gimió cuando intrudujo los dedos en su lubricada zona íntima.

- Me estás matando. - Dijo entrecortamente.

Paul sonrió satisfecho mientras seguía metiendo y sacando sus dedos cada vez con más frenesí. En un determinado momento, comenzó a lamer los labios superiores, Lana echó su cabeza hacia atrás, disfrutando de aquel momento de placer. Volvió a lamerla, moviendo su lengua ágilmente.

- Paul. - Susurró levemente.

Él volvió a subir hasta sus pechos y besó su cuello frenéticamente. Lana se puso encima de él en un rápido movimiento. Vio que su miembro estaba más que preparado para la acción. Lo agarró con su mano derecha y comenzó a tocarlo lentamente. Paul la miraba con amor y deseo, mientras acariciaba su espalda, dsifrutando de su tacto cada vez más acelerado.

- Ven aquí. - Le dijo con voz ronca.

Sus labios se volvieron a juntar y su miembro erecto penetró dentro de ella, generandoles un inmenso placer. Al principio se movían despacio, disfrutando del roce de sus cuerpos, pero después las embestidas comenzaron a ser más fuertes y salvajes. Gemían, se besaban, se lamían y se acariciaban con lascivia, hasta que ambos llegaron al climax. Agitados y sudorosos se quedaron tumbados, recuperando el aliento. Lana posó su cabeza sobre el contorneado pecho de Paul.

- Te amo. - Dijo ella.

- Yo mucho más. - Contestó besando su frente. Al cabo de unos intantes volvió a hablar. - ¿Qué te parece si abrimos la botella de vino mientras disfrutamos de un baño de espuma?

- Me parece una idea fantástica. - Contestó ella ilusionada.

Los dos pasaron una tarde increíble, brindaron, volvieron a hacer el amor en la bañera, rieron y disfrutaron de su mutua compañía.

Al anochecer, pasaron a buscar a su pequeño Dylan. Bárbara y Raymond parecían cansados pero estaban muy contentos de pasar tiempo con su nieto. Al llegar a casa, cenaron hamburguesas, después Lana le leyó un cuento mientras que Paul recogía la cocina.

El niño se quedó dormido enseguida, Lana lo observó con un tierno amor maternal. No podía ser más feliz, tenía una familia maravillosa, un hombre al cual adoraba con todo su corazón; un hijo hermoso e inteligente. Su amistad con Jane había pasado a otro nivel, habían madurado juntas y siempre procuraban almorzar o pasar un rato a solas.

Eran una familia grande, completa y llena de amor. Una vez al mes se reunían todos, comidas organizadas por Bárbara. Bajó las escaleras con aquellas ideas en su cabeza, Paul estaba secándose las manos al lado de la pila y se acercó a él.

- Creo que no te digo lo sufuciente, lo feliz que me haces cada día. - Dijo abranzadolo por detrás.

- Es lo que te mereces y más. - Contestó él girándose para estar frente a frente. - Jamás dejaré de amarte y de amar a nuestro hijo, sois lo más importante que tengo. - Le confesó mientras acariciaba su mejilla.

Sus labios se juntaron en un lento pero deseado beso.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora