Capítulo 3

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- Buenos días. - Pronunció Lana aún con la boca seca y rascándose la cabeza.

- Hola cariño. - Su madre se levantó para darle un beso en la mejilla. - Anda y corre a bañarte. - Le dijo para después darle una leve palmadita en el culo mientras le sonreía.

Lana corrió al baño con una leve sonrisa en la cara, no había tenido muy buena noche.

- Isabel, ¿Cuándo vas a dejar de fingir que estás bien? - María lo sabía, la oía cada noche llorar y las bolsas que tenía en sus ojos la delataban.

Ella se puso seria y la miró. - Tengo que ser fuerte por ella.

- Tenemos que ser un equipo Isabel, ven he preparado té. Tú y yo tenemos una charla pendiente.

Dejó a su madre y su abuela hablando en la cocina de cosas que seguramente tendrían que ver con la tienda o con su padre, así que salió lo más rápido que pudo, odiaba ese tema.

Se puso sus cascos como todas las mañanas mientras la música sonaba en sus oídos hasta que se detuvó por la llegada de un mensaje:

Espero verte mañana en el salón de actos de la uni! Es muy importante para que estés allí.

Att: Jane :)

Estaba dudando en responder o no, prefirió no hacerlo. Llegó a la tienda y se puso a trabajar.

***
- Me sigue doliendo tanto que se fuera ¿qué puedo hacer? Cuando estoy sola los recuerdos viajan por mi mente. - La mirada de Isabel estaba perdida.

- Debes decirle la verdad. - Dijo seria.

- ¿Y cómo empiezo, mira cariño tu padre no nos quería y nos dejo por una mujer más joven?- Dijo cansada.

- Por ejemplo. Lo que no puedes hacer es ocultárselo, tu hija es muy lista y sabe que algo pasa y al final las mentiras siempre se acaban sabiendo. Te crees que ella no se pregunta por qué su padre no ha llamado ni una sola vez desde que se fue o por qué no se habla de él en esta casa.

- Tienes razón, lo sé, lo sé ya me ha preguntado varias veces, pero tengo miedo. - Dijo con los ojos cristalinos.

María la miró comprendiendo la situación.

- Se lo diré ¿vale? Solo tengo que encontrar el momento.

- Solo espero que no demores demasiado, las mentiras son como las bolas de nieve, se van haciendo más y más grandes.

Lana estaba convencida, iba a ir pero cómo tenía que ir vestida, ¿formal o informal? Estaba claro que formal ¿no? Debatía mientras reparaba una falda de tubo, si mal no recordaba era de Carla una joven ejecutiva. Apagó la máquina y miro el resultado: "perfecto" sólo faltaba planchar un poco, meterla en la bolsa y listo.

Mientras seguía con los pedidos, que a decir verdad eran pocos, le llegó otro mensaje, lo supo por la vibración del mismo, se encaminó hacia el mostrador y aunque no podía estar distrayéndose con el móvil, miró el mensaje:

Lana, por favor ven mañana.
Att: Jane

Esta vez le contestó:

Iré, pero no le digas a nadie ¿vale?

No tardo mucho en llegar la respuesta:

Oooooh graciaaaaaaaaaaas! Eres la mejor. Supongo que ya conoces la dirección. Será a las 17:30
Besos.

Lana miró el mensaje y después volvió al trabajo.

***

- Enséñamelo. - Bárbara quería ver el vestido que su hija había comprado ya que no la dejo acompañarla a la tienda.

- Esta bien, pero espera un momento. - Jane abrió la puerta de su amplio armario y cogió el vestido que estaba cuidadosamente colocado en una percha.

- Woww hija es precioso. - Dijo su madre acercándose para verlo mejor.

- ¿A qué sí? - Dijo orgullosa.

- ¿Irás junto a tus amigas mañana? - Bárbara no tenía ni idea de lo que había pasado igual que su marido.

- Nos hemos peleado, ya no somos amigas. - Dijo Jane con tristeza.

- Entonces te pasará a buscar George ¿no?.

- No. - Dijo triste. - Todo fue mentira mamá, me utilizaron y me di cuenta que en realidad no les caía bien y solo me hablaban por mi apellido. - Dijo intentando no llorar y colocando de nuevo el vestido en el armario.

Bárbara lo comprendía todo, ella misma había estado en esa situación cuando empezó la relación con Raymond, él era popular e importante, ella una chica venida de París, sin familia ni dinero. Cuando empezaron a salir todos la trataron bien y fingían su aprecio solo por ser la novia de Raymond. Pero a él eso no le importó, le daba igual. Amaba a Bárbara con todo su corazón y no iba a dejar que la sociedad los separará.

- Hija ven. - Jane le hizo caso, las dos se sentaron en el sillón violeta, frente a frente. - Sé lo que se siente, yo también lo he vivido. En la vida te encontrarás con un montón de gente así pero entre todos esos, conocerás a una o dos personas distintas que te querrán tal como eres. - Mientras hablaba Jane se dio cuenta de que tenía razón, Lana era una de ellas y lo mejor de todo era que había aceptado ir mañana a la graduación.

- ¿Mamá?

- ¿Sí?

- Eres la mejor. - Dijo mientras le daba un beso en la mejilla.

- Lo sé. - Dijo riendo.

- Una cosa. - Dijo Jane cambiando de tema. - Me ha dicho papá que el lunes tengo una entrevista en el bufete de abogados de su amigo Will y estoy nerviosa. - Bárbara era más que su madre, era su confidente.

- Lo harás genial. - Bárbara estaba muy orgullosa de ella, sonrió y la abrazo fuerte.

- Ma..má, no pue..do resp...irar.

- Ay perdona hija. - Dijo soltándola rápidamente.

Después de un leve silencio las dos empezaron a reír.

- ¿De qué se están riendo mis dos mujeres favoritas? - Preguntó Raymond mientras entraba al cuarto de su hija.

- Buenas noches mi amor. - Bárbara se levantó y le dio un beso en los labios a su marido.

Mientras tanto Paul se encontraba en el bar de siempre, bebiendo lo de siempre y pensando en lo de siempre. ¿Hasta cuándo iba a estar así? Su vida había pasado de feliz y maravillosa a odiar todo lo que hacia, hasta estar en la empresa metido hasta el cuello con papeles y en reuniones que ahora le parecían absurdas.

Esa mujer era la culpable, siempre era la misma pregunta ¿Por qué se tuvo de topar con ella?

Sara, una mujer perfecta pero sólo en el exterior. Interiormente estaba vacía y tardó mucho tiempo en darse cuenta. Ella era preciosa y seguramente donde quiera que este, seguirá siendo preciosa con sus ojos azules, su tez blanca, la sonrisa perfecta y su cuerpo, alta, delgada y con curvas, parecía que estaba hecha para él. Pero todo lo bueno se acaba y ahora estaba en aquel bar, compadeciéndose de sí mismo. ¿Dónde estaba el hombre soñador, libre y alegre? ¿Acaso ella se lo había llevado en la maleta aquel día? ¿o estaba enterrado en lo más hondo de su alma?

Paul cansado dio un puñetazo en la mesa de madera, pagó sus copas y se fue, caminó sin rumbo fijo hasta que pudo ver a la que creía que era Lana, andando por la otra acera, con cascos en los oídos, despreocupada. ¿Qué hacia andando sola a estas horas?

"Creo que esta noche he bebido más de la cuenta." Se dijo a sí mismo mientras seguía caminando.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora