Capítulo 4

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Eran las dos de la tarde y Lana aún no había encontrado nada adecuado con lo que ir a la graduación, estaba en su habitación con la ropa esparcida por el suelo de ésta y caminando de un lugar a otro.

- ¡La comida ya está!- Se escuchó la voz de Isabel desde la cocina.
Lana no se había dado cuenta de la hora y del hambre que tenía hasta ese momento así que salió del cuarto.

- Hola. - Dijo dando un beso en la mejilla a su madre.

- ¿Qué has hecho hasta ahora encerrada en la habitación?- Dijo Isabel mientras le daba los platos para que fuera poniendo la mesa.

- Nada, solo buscaba un vestido para esta tarde. - Dijo sin importancia.

- Bueno, primero comemos y luego vemos a ver cual te puedes poner. - Dijo con una sonrisa.

- ¿Dónde esta la abuela? - Preguntó mientras se sentaba.

- Me dijo que tenía un recado que hacer y que llegaría más tarde. - Mientras tanto Isabel ya había servido la pasta en los platos.

- Oye mamá ¿tú duermes bien?.

- Claro que sí hija ¿por qué lo preguntas?

- No sé, últimamente te veo cansada. - Dijo preocupada.

- No es nada cariño.

Lana no estaba convencida con aquella breve charla, su madre estaba evadiendo hablar con ella siendo evidente que algo le estaba pasando.

-¿Cómo te va con la tienda online? -Decidió cambiar de tema.

-La verdad cada día mejor, mis perfumes se van vendiendo poco a poco. Ya queda nada para que pueda pagar tu último año. -Dijo sonriente.

-Entre tus ahorros y los míos creo que pronto volveré a estudiar.

***

- Estoy nerviosa. - Dijo Jane

Raymond miraba a su hija y no podía creerlo, que rápido pasa el tiempo, hace nada Jane era su niña, la que le pedía que le comprara muñecas y ahora se ha convertido en toda una mujer.

- Todo irá bien, no hay nada de que preocuparse. Tu madre y yo estaremos allí contigo. - Dijo con una sonrisa.

- ¿Y Paul?

- No llegó anoche a dormir y sinceramente cada vez su comportamiento me preocupa más. - Confesó.

- Yo pienso lo mismo, creo que se esta hundiendo y lo malo es que no pide ayuda.

- Tranquila, lo solucionaré como que me llamo Raymond Blake.

- ¿Aún estáis así?. - La dulce voz de su mujer hizo que los dos se giraran al mismo tiempo. Bárbara lucía un vestido simple de color pastel con el collar en forma de corazón que sus dos hijos le compraron por el día de la madre adornando así su cuello y el pelo rubio suelto con pequeños tirabuzones.

- Woow estas... - No le dejó acabar.

- ¿Lista? Cosa que vosotros no.

- Preciosa, estas preciosa. - Dijo acercándose a ella para besarla.

- Yo me voy a vestir ya.

- Tienes media hora Jane. - Dijo entre risas.

Padre e hija se dispusieron a arreglarse mientras Bárbara esperaba en la entrada, pocos minutos después notaba como se abría la puerta principal.

- ¿De dónde vienes a estas horas?. - Dijo cruzándose de brazos.

El rostro de Paul estaba pálido y cansado, seguía llevando el traje de la noche anterior y olor a alcohol salía del mismo.

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