Capítulo 27

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El pitido de la alarma empezó a sonar despertando a la joven como todas las mañanas. Somnolienta y con los ojos cerrados empezó a dar pequeños golpes para encontrar el teléfono y apagar la alarma, al ver que no estaba consiguiendo nada se levantó bruscamente y abrió los ojos, cogió su móvil de la cómoda y lo apagó. Al encaminarse hacia su baño pudo oír los gritos de su compañera de piso así que salió de la habitación para averiguar qué estaba pasando.

- ¿Me puedes decir por qué estás gritando a las siete de la mañana?

- ¡Tu perro! Me ha destrozado todos los calcetines.- Dijo enfadada.

Lana se fijó en el pequeño que las miraba con cara de "yo no he sido".

- ¿No crees qué...- Un bostezo la interrumpió. - exageras un poco?

Jane la miró mal.

- Hay que enseñarle a que no haga esas cosas, pero no creo que con gritos vaya a aprender.

La abogada lo pensó unos segundos aún con expresión seria. - Tienes razón, le llevaremos a un sitio donde puedan adiestrarlo.

- O podemos enseñarle nosotras. - Dijo entusiasmada.

Jane rodó los ojos y se fue a la cocina donde se puso a servir el café.

- Habrá que ponerle un nombre ¿no crees? Ya no podemos seguir diciéndole "perro". - Habló Lana entrando a la cocina al tiempo que Jane le tendía la taza con su café.

- Vale... - Pensó un momento. - ¿Qué te parece Toby?

La joven arrugó la nariz. - Nah, muy común.

- ¿Y Buggy?

- ¡Ya lo tengo! - Exclamó sin prestarle mucha atención al nombre que le acababa de decir su amiga. - Goliath.

Jane sonrió - Me gusta. - Un pequeño ladrido les avisaba que al perrito también le gustaba el nombre.

- Por cierto, hoy no me esperes a comer porque tengo una reunión muy importante con Kenner y otros compañeros. - Le informó la abogada.

- Tranquila iré a comer con tu hermano. - Le dio un último trago a su café, besó la mejilla de Jane y se fue a preparar para comenzar el día.

La castaña cogió su bolso y su maletín pero antes de abrir la puerta principal e irse al trabajo miró a Goliath. - Aléjate de mis calcetines. - Le ordenó señalandole con su dedo índice, el perro torció levemente  su cabeza como respuesta, ella suspiró y lentamente se agachó para acariciarle como despedida.

La mañana estaba siendo ajetreada y no sólo para los hombres Blake que tenían varias reuniones con accionistas, empleados, etc. Nada que saliese de lo normal salvo la visita de los hermanos Molinaro, los herederos de las cinco pequeñas empresas de su padre situadas en Italia y Francia. Debido a la insistencia de su padre, ya retirado de los negocios, tuvieron que viajar en persona para firmar el contrato que les permitirían exportar sus productos de una manera más rápida. Angelo, el hijo mayor y Rosanna, la hija menor habían bajado del coche y se dirigían a entrar en la empresa de los Blake a tiempo para su reunión. Los dos eran altos y rubios, con piel clara pero a diferencia de su hermano, Rosanna tenía los ojos azules y él marrones, lo único que les unía era el físico porque sus personalidades eran totalmente distintas, ella era coqueta y sonriente mientras que él era más serio y  centrado en el trabajo.

- Los Molinero están aquí señor. - Le comunicó su secretaria a Raymond.

- ¿Mi hijo ha sido avisado?

- Sí señor, le espera en la sala de juntas.

Fuera del mundo empresarial de los Blake estaba Lana que también tenía una mañana bastante ocupada. Estaba contenta porque la tienda iba bastante bien pero un poco abrumada por la cantidad de pedidos que tenía acumulados, sobretodo uno que constaba de reparar como una docena de disfraces para el próximo mes debido al estreno de una obra de teatro. En cuanto llegó se puso a trabajar sin fijarse mucho en el reloj.

Mientras todos tenían algo que hacer ese día Bárbara estaba en su casa sin muchas opciones a la hora de hacer cosas. Es verdad que había recibido hacia unas horas la visita de algunas de sus amistades más cercanas pero ella era una mujer inquieta y no le gustaba estar sin poder hacer nada. Se removió en la cama y cambió por enésima vez el canal de la televisión. Al poco rato se escucharon los golpes en la puerta.

- Señora, tiene visita. - Avisó Bill al tiempo que entraba a la habitación y ayudaba a la rubia a salir de la cama.

- ¿Quién ha venido? - Preguntó curiosa.

- Dos policías, dijeron que tenían noticias del asaltante. - Dijo entregándole una de sus batas de seda.

Al bajar a la sala se encontró con dos detectives que eran familiares para Raymond pero para ella no.

- Dile a Inés que traiga algo para tomar. - Le susurró a Bill.

- Perdonad mis pintas detectives. - Dijo haciendo un gesto con la mano para que ellos se sentaran. - Me han dicho que tienen noticias del hombre que nos atacó.

- Así es señora Blake. - Empezó a hablar la agente Colt.

- Dime Bárbara por favor. - La interrumpió.

- El tema, Bárbara es que no hemos podido capturar al culpable con vida.

- ¿Está muerto? - Preguntó sorprendida.  El agente Gil asintió en respuesta. - Pero ¿Cómo?

- No nos costó mucho averiguar su identidad y su dirección, aunque no se encontraba allí así que sabiendo que podía huir dimos aviso a todas las autoridades y días después lo encontramos.

- ¿Ya estaba muerto?

- No. - Dijo Gil. - Murió en el tiroteo intentando escapar.

- También queríamos comunicarle que hemos encontrado sus joyas y que en unos días se les serán entregadas.

La morena miró la hora de su reloj que marcaban las tres de la tarde. La joven miró su teléfono pero no tenía ninguna notificación de Paul así que decidió llamarle pero le contestó su buzón de voz. Dudó unos minutos pero el hambre era más fuerte que ella, recogió sus cosas y cerró la tienda para dirigirse a la oficina de su novio. Una vez allí su secretaria le había dicho que estaba ocupado con una nueva socia, cosa que no le gusto mucho ya que no la dejaban pasar.

- ¿Qué pasa? - Preguntó Raymond.

Lana se giró hacia él y se dio cuenta que estaba acompañado de otro hombre mucho más joven, rubio y con un traje italiano.

- Había quedado con Paul a comer y estaba preocupada porque no me contesta al móvil.

- Él está con mi hermana Rosanna explicándole algunas cosas de nuestro nuevo acuerdo. - Le contestó Angelo con un marcado acento italiano.

Lana sonrió aunque en el fondo no le hacia mucha gracia lo que aquel tipo le acababa de decir y si su hermana se parecía a él estaba jodida.

- Lana, él es Angelo un nuevo socio de nuestra empresa, Angelo ella es Lana, mi nuera. - Les presentó Raymond al ver la expresión de la joven, no se veía muy contenta a pesar de intentar disimularlo.

Angelo le tendió la mano a la morena de manera formal y ella le devolvió el saludo. - No cabe duda que Paul tiene muy buen gusto.

- Gra...gracias Angelo. - Contestó ella un poco sorprendida por el halago que acababa de recibir.

- ¿Lana? - Dijo Paul sorprendido al verla allí.

Ella lo miró y se dio cuenta que tenía a una rubia despampanante agarrando su brazo, como si su novia fuese ella y no Lana.

- Quedamos para comer ¿recuerdas? - Le dijo con una sonrisa, aunque por dentro estaba muriendo de celos.

- Podemos ir los cuatro ¿verdad hermano? Así probamos la comida de aquí. - Dijo Rosanna con un acento menos marcado que el de su hermano.

- Por mí no hay problema. - Dijo Lana acercándose a Paul para darle un beso en los labios. - ¿Tú qué dices cariño?

- A mí me parece bien. - Contestó el ojiverde tenso, sabiendo que aquella situación le traería unos cuantos problemas.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora