Capítulo 7

44.4K 2.2K 132
                                              

A veces nos cuesta sincerarnos con nuestros seres queridos y no porque seamos malas personas sino por miedo a cómo van a reaccionar. Una vez tomada una decisión no hay marcha atrás.

Isabel miró a su hija, intentando pensar si era el momento adecuado para hablar con ella.

- Estoy esperando ¿qué es lo que me tienes que decir?

- No creo que sea el momento para...- Empezó María hasta que Isabel la cortó con un ligero asentimiento de cabeza.

- ¿Qué pasa? Me estáis asustando. - Dijo Lana un poco alterada acercándose más a las dos mujeres que tenía en frente.

- Pasa que tu padre no va a volver. - Dijo rápidamente.

"Una media verdad no es la verdad" Pensó María.

- ¿Cómo que no va a volver? No entiendo nada. ¿Por eso no me coge las llamadas?. - Habló dolorida, triste y decepcionada.

- Seguramente no ha tenido tiempo de contestarte cariño. - Dijo su abuela acercándose a ella.

- No me quiere ¿verdad? - Dijo rindiéndose. Se sentó en una de las sillas blancas de la cocina frente a su madre.

Ernesto Silas siempre había sido su héroe, su admiración por él era muy grande, hasta el día que se marchó sin despedirse de ella.

- ¡Pues que no vuelva! - Gritó sin esperar ninguna otra explicación. - Si se ha ido sin preocuparse por ninguna de nosotras que le den. - Escupió con odio para luego volver a su cuarto.

- No me mires así María. - Dijo la mujer desanimada.

- No podrás ocultarlo por más tiempo y lo sabes. En cuanto se le pase el enfado hará preguntas.

- No quiero hacerle más daño, ya ha sufrido bastante.

- Diciendo medias verdades no la ayudas. - Dijo la señora antes de retirarse.

María tampoco sabía toda la historia y cuando lo averigüe la odiará igual que Lana.

Que si con osos asesinos, con bichos o con el hombre que la atacó, Lana pasó la noche entre pesadillas.

-Otra mala noche. - Dijo para sí misma mirando al techo. Agarró una de sus  almohadas y enterró su cara en ella.

Al cabo de unos minutos retiró la almohada de su rostro y miró el reloj digital de la mesilla. Este indicaban las 6:15 am. Al ver la hora se levantó de la cama con pesadez y lentitud. Con sigilo caminó hasta el baño, no se dió cuenta que estaba descalza hasta pisar el frío y azul mármol del lavabo.

- Me cago en...- Dijo mientras cogía el cepillo de dientes. Se miró al espejo, grandes ojeras debajo de sus ojos café y su cabello negro algo despeinado.

Suspiró, se lavó la cara e hizo las demás actividades matutinas. Se vistió con unos vaqueros negros y un blusa violeta junto a su grande bufanda negra y su chaquetón gris.

Antes de salir por la puerta dejó una nota en el pequeño salón para su madre.

Necesitaba despejarse, caminar, pensar. Fuera aún era de noche, la morena se abrochó con fuerza su abrigo y empezó a caminar hacia ninguna dirección.

Por otro lado, Jane estaba nerviosa, no quería entrar . Miró por última vez la puerta. Inspiró y exhaló lentamente y sin darse cuenta sus pies ya había comenzado a moverse. Llevaba el pelo recogido en una sencilla trenza que colgaba por su hombro derecho. Un maquillaje suave y una vestimenta formal, apropiada para una entrevista de trabajo.

Se acercó al mostrador donde se encontraba un hombre de unos cuarenta años y vestido de traje.

- Buenos días. - Saludo el hombre.

- Hola, mi nombre es Jane Blake, tengo una cita con el licenciado  Will Kenner. - Dijo con una sonrisa.

El hombre miró su ordenador y después acompañó a la joven hasta una sala donde se encontraba Will más otros dos hombres y una mujer. Jane tragó saliva, su nerviosismo aumentó.

- Puedes retirarte Patrick. - Empezó Will. El hombre hizo lo que su jefe le había ordenado. - Jane, un gusto volverte a ver.

- El placer es mío. - Dijo fijándose mejor en las otras personas  en la sala. Un hombre de unos cincuenta años con traje italiano, de buen porte y una tez oscura. El otra era más joven puede que de unos treinta y tantos bastante atractivo y por último la mujer rubia, con ciertos rasgos europeos y vestida con un traje pantalón.

- Te presento. - Él. - Empezó señalando mientras decía sus nombres. - es Felipe Casano -Después señaló a la rubia. - Ella es Lola Pérez y por último pero no menos importante, aunque el más joven, Brad Thomson.

- Mucho gusto señores. - Dijo mientras le daba la mano a cada uno.

- Nos gustaría que fueras miembro de este bufete. - Habló Felipe con su voz grave.

- Y para eso tendrás que hacer una pequeña prueba y si la pasas empezarás a trabajar desde mañana mismo. - Finalizó Lola.

Bárbara se encontraba en su despacho cerca del de su marido, ella no solo era madre, hermana y esposa sino también una de las mujeres más respetadas dentro de la empresa. Se encargaba entre otras cosas de la contabilidad y de revisar algunos casos de asuntos internos.

Marcó el número de su secretario. - Dile a mi hijo que venga por favor.

- Ahora mismo señora.

Al poco tiempo Paul entró en el despacho.

- ¿Me mandaste llamar? - Preguntó serio.

Su madre sonrió. - Sí, toma. - Dijo mientras le pasaba una carpeta.

- ¿Qué es esto? - Preguntó arrugando la frente y con la carpeta en la mano.

- Todo lo que tienes que saber de Lana Abbot. - Contestó la mujer.

Paul la miró alzando una ceja. - Eso no es propio de ti.

- Tienes razón, en realidad son sólo algunos datos sobre ella.

- ¿Y por qué crees que quiero tener esto?

- Por que te gusta. - Dijo sin más.

- ¡No digas tonterías madre! - Exclamó mientras rompía la carpeta en dos.

***

-¿Sí?

-¿Por qué has tratado tanto en responder?- Dijo Jane caminado hacia su coche.

- Perdona, lo tenía en silencio y no lo escuchaba. - Se disculpó Lana que se encontraba en un hermoso parque.

- Te llamaba para invitarte a comer.- Tenía su iPhone colocado entre su oreja y su hombro mientras metía la llave y arrancaba el motor.

- No estarás conduciendo mientras hablas por teléfono ¿verdad?

- Aún sigo en el aparcamiento del bufete. Va ¿Qué dices? Te paso a recoger a la tienda y vamos a comer, me muero de hambre.

- Es verdad, ¡la entrevista! Se me había olvidado por completo. Esta bien ven a buscarme, pero a la tienda no porque estoy en otro lugar.

- Mándame la dirección.

- Ahora te la mando.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora