Capítulo 28

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La comida estaba resultando muy interesante, al menos para los curiosos que observaban divertidos aquella peculiar reunión, estaban en un restaurante muy elegante donde los camareros con traje y pajarita te podían explicar las distintas variedades de vinos que tenían en su bodega o el exquisito marisco fresco que les acababan de llegar directamente desde la costa, pero nada de eso le importaba a Lana que estaba mosqueada, aunque lo intentase negar. Al ver el atrevimiento de aquella mujer que no paraba de tontear con Paul, con gestos como tocando su mejilla, riendo por cada palabra que él dijese y aprovechando cada momento para acercarse más y más al ojiverde, cosa que no era muy difícil ya que estaban sentados el uno al lado del otro mientras que Lana y Angelo estaban situados en frente, decidió hacer lo mismo con el hermano de la rubia, demostrando así que ella también podía coquetear pero a pesar de los intentos de la joven, no lograba ninguna reacción por parte de Paul, al menos que ella pudiera notar porque a diferencia de Lana, él sí sabía disimular sus emociones, dejando a la vista una expresión seria e indiferente.

En un momento dado y viendo que la comida seguiría por ese camino, la joven se levantó y disculpó antes de encaminarse a los servicios de mujeres. Entró y se lavó la cara, quitando así el poco rastro que quedaba de su maquillaje, respiró hondo por unos instantes, intentando mantenerse calmada y repetirse una y otra vez que no pasaba nada, que Paul la quería a ella y que sería incapaz de engañarla, no después de todo lo que les había costado llegar hasta allí. Después de haber aclarado sus ideas abrió la puerta dispuesta a reunirse otra vez con todos en la mesa pero el cuerpo de Paul apoyado en la pared y con los brazos cruzados y una expresión seria, la detuvo.

- Creo que acabo de tener un Déjà vu.

- Bromas a parte... sé lo que intentas. - Dijo él sin moverse del sitio.

Lana se apoyó en la pared, en la misma posición que él.

- No sé de qué me estás hablando. - Mintió.

- Hablo de que es evidente que estás muerta de celos y quieres que yo también lo esté. - Dijo tranquilo, la expresión de la morena le provocó una ligera pizca de diversión que se pudo apreciar en la pequeña curvatura de la comisura de sus labios.

- Puede... Y sólo puede. - Dijo apuntándole con el dedo. - Que estuviera un poco celosa pero el agua fría me lo ha quitado.

- ¿Entonces no intentabas ponerme celoso con Angelo?

Abrió los ojos fingiendo estar sorprendida.

- ¡Claaaaaro que no! Que le haya preguntado si va al gimnasio y que si tiene novia no significa que intentara ponerte celoso.

- Ajaaaamm.

- ¿No me crees? ¡Yo no haría eso por Dios! - Después de un breve suspiro- ¿Ha funcionado? - Preguntó mirando hacia otro lado, avergonzada.

- ¿Qué si ha funcionado?

Ella sólo asintió con la cabeza.

Liberó sus brazos cruzados y apretó los puños. - Estaba a punto de mandarlo todo al diablo y pegarle una paliza. - Confesó.

Lana giró rápidamente su cabeza y lo miró alarmada. - ¿Qué? No no no. - Repitió acercándose a él con rapidez. - Lo siento, yo...yo no quería causarte problemas ni a ti ni a la empresa. - Se disculpó. - Sé que no debo ponerme así, que los celos sólo muestran tus inseguridades pero ¡mírala! ella es perfecta y yo bueno, no es que sea la más fea del mundo pero no puedo competir con chicas como ella.

Paul meditó por un segundo lo que le acababa de decir y no la culpaba por sentir celos ya que él también lo experimentó con Angelo pero no era el tema de los celos lo que le estaba cabreando sino la manera de pensar de su chica.

Alguien diferente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora