Tempestad

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Encontrarse entre los brazos del príncipe fue algo más que sorpresivo para Dahlia. Por unos segundos, la chica se quedó petrificada, debido a lo inesperado del comportamiento de él. No había amistad o lazos familiares entre ellos que justificasen semejante despliegue de afecto de su parte. Sin embargo, a ella no le molestó que Cedric se tomase aquella libertad. Cuando el sobresalto inicial pasó, los acelerados latidos del corazón de la rubia comenzaron a ralentizarse y en su sonrosado semblante una gentil sonrisa hizo su aparición. No tardó mucho para que, casi por instinto, sus extremidades superiores comenzasen a imitar los tiernos movimientos de las de él, y así los dos se encontraron representando una enternecedora escena cargada de sentimientos. No quedó ni un ápice de vacilación en el alma de la joven después de aquel curativo abrazo. Sus dudas sobre sí misma se desvanecieron en ese sublime instante. Su corazón rebosaba de paz y gratitud para con aquel esbelto Taikurime.

—Cedric... Muchas gracias por lo que acabas de hacer. Jamás me hubiese atrevido a pedirte algo como eso, pero era justo lo que necesitaba —admitió Dahlia, con un dejo de timidez en el suave tono de su voz.

—Descuida. Era lo menos que podía hacer para recompensarte por todas las molestias que te he ocasionado —le contestó él con una gran sonrisa en los labios, guiñándole su ojo izquierdo.

Con sus temores bajo control, la muchacha ahora estaba un poco mejor preparada para encarar la difícil situación en la que se encontraba inmersa, al menos en lo relacionado con su estado de ánimo. Ya casi se había olvidado de que estaba de pie a muchos metros de distancia del suelo, con una colosal pila de pestilentes restos esperando a que sus pies se posasen sobre ellos. Y por si fuera poco, la espesa y sollozante nube escarlata continuaba expandiendo sus dominios a un ritmo vertiginoso, e iba tomando poco a poco la apariencia de una deforme criatura invertebrada de gran tamaño, una monstruosa combinación de distintas clases de insectos en una sola alimaña. Al contemplar de nuevo el dantesco espectáculo que la rodeaba, la rubia sintió que se le revolvía el estómago. Sin lugar a dudas, ese sitio había sido creado solo para ella, pues reunía los elementos que más la atormentaban. Era una perfecta exhibición de todas sus fobias: acrofobia, entomofobia y necrofobia.

—En verdad dieron en el blanco con eso de inducirme a sentir pavor mediante el macabro diseño de este páramo. La gran pregunta ahora es: ¿cómo saldremos de acá?

—Concéntrate y razona un poco. ¿Cuál parece ser el elemento que no concuerda con la naturaleza de los demás? Es decir, de todo lo que te rodea, ¿qué es lo que no te da miedo?

—Aquí no hay nada que no me haga sentir escalofríos o malestar estomacal. Odio las alturas, los insectos y los cadáveres, y eso es justo lo que veo en este horrendo lugar.

—Piénsalo mejor. Tiene que haber algo distinto...

—Tengo una idea. Por favor, quédate callado un rato. Voy a poner en práctica uno de los consejos que me dio mi hermano...

Dahlia se agachó con cuidado y se dispuso a sentarse sobre sus glúteos, cruzando las piernas y manteniendo su espina dorsal muy recta. Cerró los ojos y permitió que la energía Keijukainen que emanaba de su purpúrea córnea derecha fluyera a su antojo, con la esperanza de que así se aclarasen sus confundidos pensamientos. Navegó por las turbias aguas en los intersticios de su subconsciente por un lapso de unos cinco minutos, al término del cual una solución muy plausible encontró el camino hacia su lóbulo frontal. Se reincorporó de un salto y se apresuró a comunicarle a Cedric su teoría sobre la forma adecuada para enfrentarse a la amenazadora bruma.

—Habiendo meditado acerca de las cosas que me rodean, como tú dijiste hace un rato, me di cuenta de que estamos de pie sobre el único elemento en este sitio que no representa una amenaza para mí: la esfera. De hecho, las figuras esféricas me agradan muchísimo. Y me parece que debemos movilizarnos utilizándola. Si corremos a toda velocidad, creo que es posible mantenerla rodando. De esa manera, podremos desplazarnos sin tener que descender a ese espantoso y fétido cementerio, ni tampoco tendremos que vernos cara a cara con la niebla. ¿Qué te parece mi propuesta?

La Legión de los Olvidados [Saga Forgotten #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora