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—¿En serio, Niall? ¿En serio? —Pregunta Harry en cuanto cerramos la puerta de nuestro cuarto. 

—Por favor —Protesto —, ni siquiera nos ha buscado alguien además de ti y Toffee, ¿no estarás exagerando, Harold? 

Me lanzo sobre la cama y me cubro la cara con una almohada, más para evitar escuchar a mi amigo con complejos de madre que por cualquier otro motivo. No puedo creer que algo tan simple como capear una clase le haya preocupado tanto. 

Harry se queda en silencio y toma asiento, haciéndome reparar en su mirada seria. ¿Por qué de pronto es tan importante para él el que yo asista o no clases?

—Hombre, de verdad estás exagerando. Que es Viernes —Me excuso, riendo. 

—¡Exacto! —Exclama, extendiendo su mano hacia mi en el aire, como si acabara de adivinar un acertijo — Es viernes y Keyra y tú probablemente recibirán un castigo porque Defius dejó una nota en la oficina del prefecto. —Odio a Defius en este momento. Harry se inclina un poco hacia adelante, sin dejar de mirarme y no pestañea ni una sola vez. Se ve algo terrorífico. Y ésta vez susurra: —¿Sabes qué castigo recibes en un día viernes? 

Trago saliva, realmente asustado por un instante. 

—No —Digo.

—Te quedas aquí, Horan. Todo el fin de semana. 

Vamos, ¿qué tan malo puede ser? Sólo son dos días. Y quizá, sólo quizá si vale la pena un fin de semana sin ir a casa a cambio de esa conversación con Keyra. A cambio de su risa en el riachuelo, sus reflexiones calmas, tranquilas. Y por último, su disposición al responder cada una de las preguntas que le he hecho, aún cuando no tenía por qué hacerlo si es que no hubiese querido.

Además... ¡Hey! ¡Claro! Si yo tendré que quedarme aquí como castigo, imagino que ella también lo hará. Keyra también tendrá que permanecer en el instituto hasta el próximo fin de semana, y eso podría significar pasar el tiempo con ella mañana y pasado. 

Y repito, ¿qué tan malo podría ser, realmente?

—Y ahora qué te sucede. ¿Por qué diablos estás sonriendo, perdedor? 

—Keyra también tendrá que quedarse aquí el fin de semana —suelto, sin poder dejar de sonreír por ello. Incluso creo verme como un idiota al decirlo. 

—Tú estás mal de la cabeza, amigo. En serio. —Espeta. Se pone de pie y pone su bolso sobre su cama. Vuelve a mirarme, exhala, luego mira al techo y niega con la cabeza, indignado, como si yo no tuviera remedio alguno. 

Prepara sus cosas para ir a casa mientras yo espero a que alguien venga por mí para recibir mi sanción. 

No mucho tiempo después, el prefecto de mi pabellón toca nuestra puerta para preguntar por mí, y Harry se va a casa, no sin antes desearme suerte. 

Tomo asiento en cuanto llego al salón de dirección, y por más que intento relajarme y concentrarme en otras cosas, no dejo de sentirme como un criminal. Como si realmente hubiese hecho algo imperdonable. Y me siento en todo el derecho de culpar a la horrorosa ampolleta blanca que cuelga del techo, cuya luz rebota sobre las cuatro paredes que me rodea, mordiéndome los ojos y apuntándome burlona. 

Keyra no tarda en aparecer. 

Toma asiento a mi lado, sin siquiera mirarme. Como si no hubiésemos hablado sobre su vida por muchísimo rato, en vez de ir a física y ahorrarnos este incómodo momento. 

Pero al fin lo hace. Y siento que me acaricia con la mirada. Luego me da una sonrisa fantasma, sin realmente querer sonreír. 

—Al menos es viernes —digo. De cierto modo tengo la culpa de que nos encontremos aquí en este momento, asi que, ¿por qué no excusarme, al menos?

Keyra en las nubes (fanfic n.h)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora