Epílogo

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Antes que todo, perdón por la enorme tardanza.

CUMPLEAÑOS NÚMERO 5 DE MÍA WOODS-GRIFFIN | 5:26 A.M.

-Mamá, mami, mami, mamá, mamá, mami, mamá, mami... -No podía ser de otra forma, si hay alguien que ama las fiestas es Mía, especialmente si la fiesta significa que vendrá la cantidad suficiente de personas para habernos tenido tanto a Clarke como a mi agobiadas desde que nuestra pequeña comenzó a hacer la lista de invitados.

-MAMÁ, MAMÁ, MAMÁ, MAMÁ. –La había escuchado la primera vez, claro que la había escuchado y no solo desde que su vocesita había susurrado el primer mami, la sentí entrar a la habitación, tropezar con los tacones de Clarke, chocar con la mesita de noche y reír de una carcajada luego de su fallido intento de ninja.

-¿Hm? –Le digo porque no aguanto la risa que me provoca su desesperación y a pesar de no haber visto la hora tenía más que claro que fácilmente eran antes de las 6 de la mañana, mi esposa me pegó una sutil patada bajo las sábanas porque seguramente ella estaba apunto de soltar una carcajada que haría demasiado evidente que intentábamos gastarle una pequeña broma a nuestro ángel.

-Mami despieeeeeta.

-¿Qué pasa cariño? –Susurro como si Clarke no hubiera estado despierta y puse mi dedo índice sobre mis labios.

-Ups.-Rió tan bajito como pudo aunque realmente no lo suficiente como para, hipotéticamente, no despertar a su otra mami que se hacía la dormida a mi lado. –Alliba mami, hoy es un día especial. –Seguía hablando en lo que para ella era un susurro, punto por el esfuerzo.

-Arriba mi amor. –Le corregí.

-Arrrriba mami. –Dijo con dificultad.

-¿Navidad? –Digo con una voz más perezosa de lo real. –Dios no he comprado los regalos.

-¡No!

-Hmm oh ya, acción de gracias. –Me froto los ojos mirando la hora, sabía que no podían ser ni las seis.

-¡Mami no! –Esa tierna risita que soltaba tapándose la boca a sabiendas de lo ruidosa que era.

-Dios cariño no lo sé... -Comencé a incorporarme en la cama. –Año nuevo no es, de eso estoy segura.

-¡Ay mamá! –Soltó frustrada mi pequeño terremoto y yo me moví lo suficiente para dejarle un espacio a mi lado quedando yo entre mi preciosa esposa y mi preciosa hija.

-¿Qué pasa aquí? –Escuché a Clarke y apoyó su cabeza sobre mi hombro haciendo como que no se enteraba de nada.

-Mía dice que es un día especial pero no sé de qué habla. –Le digo mientras mi deliciosa hija se sentaba en la cama cruzada de brazos y con el ceño fruncido.

-¿Ya es navidad?

-¡Mamá nooooo! –Se dejó caer derrotada en la cama y es que desde mucho más pequeña nos habíamos dado cuenta era toda una reina del drama con esos deliciosos cachetes que se englobaban aún más cada vez que se molestaba y al mismo tiempo tomaban un gracioso color rosa.

-¿No? Wow cariño entonces no lo sé. –Clarke me dio un pequeño apretón en la cintura bajo las sábanas y mordió suave mi hombro, la miré un segundo divertida y ya supimos que era demasiado.

-Oh Clarke, espera. –Ahí me gané la atención de mi pequeña enojona.

-¿Qué pasa cariño? –Preguntó Clarke.

-Hoy... hoy es, no, no puede ser.

-¡Vaaaaamos mamá!

-¿Será que es mi cumpleaños y no lo recuerdo? –Dije para picar por última vez a mi hija.

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