Capítulo 8 - Going Nowhere

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El cuerpo de Lexa era justo como se lo había imaginado. No. Era incluso mejor. Sin esos benditos pantalones parecía que su cuerpo tenía aun más curvas, sensuales y sutiles, pero realmente excitantes. La morena era su nueva debilidad favorita, justo por encima de las paletas heladas bañadas en chocolate y el latte con dos de azúcar.

Por un segundo pensó que con una tarde follándose a la chica que le quitaba el aliento y la hacía temblar hasta lo más profundo era suficiente, pero apenas vio como la morena se volvía a vestir y se marchaba radiante por la puerta de su piso, supo que se había vuelto adicta al sabor de la mujer de brillantes ojos verdes, porque esa era sin duda alguna, toda una mujer.

-Ya debo irme, linda- dijo Lexa apenas unos minutos después de llegar al último orgasmo que le regaló la rubia esa larga tarde.

-Se que sí –y mordió por última vez el labio de la morena. Algo en su interior se tranquilizó al saber que Lexa no quería ir más allá de simple sexo, caliente y maravilloso, pero solo sexo. No quería ataduras, no en ese momento de su vida, no con una chica que estaba en una relación, por más frágil que esta fuera.

Clarke sabía que acostarse con Lexa no era algo de lo que podía sentirse orgullosa, pero las sensaciones que esa morena le hacía sufrir eran indescriptibles y superiores a cualquier contra. Pero había algo más, algo en lo que Clarke ni siquiera se permitía pensar, algo había en Lexa que no le permitía desligarse de ella, en su mirada, en su esencia, hasta en su voz. Sabía que a pesar de lo que todo el mundo sabía y pensaba de Lexa, existía otra chica detrás de la coraza de rica y popular. Pero no, no se permitiría pensar en eso, no mientras fuera capaz.

-¿Vas a la fiesta de Miller? ¿O me dejarás con las ganas de verte otra vez? –Lexa levantaba su ropa que estaba esparcida por la habitación de Clarke y bajo la mesa mientras lo últimos rayos de sol entraban por las ventanas.

-¿Miller? No me han invitado a ninguna fiesta, princesa –Clarke seguía cómodamente desnuda sobre su cama siguiendo a Lexa con la mirada.

-Clarke, ¿no te enteras de nada?

-Me han preguntado eso más de las veces que quisiera –comenzó a vestirse también y rieron.

-Todos los de primero y segundo están invitados, será una fiesta a lo grande. –Terminó por ponerse su chaqueta.

-Supongo que si Octavia se apunta iré también –notó como cambiaba la expresión de Lexa -¿Pasa algo con Octavia?

-Da igual, avísame si vienes, luego te envío un mensaje para que guardes el mío. –le entregó su teléfono a Clarke para que anotara su número.

-¿Y qué si voy? –guardó el contacto y esta vez fue ella quien acorraló a la morena contra la muralla, solo llevaba ropa interior.

-Se me ocurren un par de ideas cuando te tengo así de cerca. –Lexa se estremeció cuando los dedos de Clarke entraron en contacto con su mejilla y la rubia lo notó.

-Apuesto a que sí, princesa.- no permitió que Lexa la besara alejándose rápidamente cuando la morena intentó sentir los labios de Clarke.

Clarke aún en ropa interior abrió la puerta para que Lexa pudiera irse y apenas la cerró tras ella, la sonrisa no se la podía borrar de la cara. Había sido una tarde perfecta, con la chica perfecta. Se sentía libre al fin, como si todo el peso de la excitación acumulada durante los últimos meses saltara de sus hombros.

Pero ahora sentía algo distinto, ahora que había memorizado el cuerpo de la morena y grabado en sus papilas su sabor a miel, no sabía si podría resistirse la próxima vez que la provocara y eso la atemorizaba, pero una vez más bloqueó sus pensamientos.

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