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↳ El arte es para consolaraquellos que están rotos por la vida — Vincent Van Gogh

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El arte es para consolar
aquellos que están rotos
por la vida
Vincent Van Gogh
















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¿Cuántos caracteres tiene el amor aproximadamente? Demasiados, esa era la respuesta, pero para Enzo y Julie solo había una, y eran, dos. El hombre, la mujer.

Después de haberse quedado dormida sobre el pecho de Enzo como una nena de tres años, Enzo miró por un rato el libreto de la chica, sus dibujos y, algunos poemas que estaban apenas visibles entre unas páginas, algunos de ellos estaban borrosos debido a lo que el pensaba que eran, lágrimas.

Si, lágrimas. El libreto de Julie tenía lágrimas y al parecer eso lo volvía único, ¿cuántas personas leen, escriben, dibujan, pintan y aman mientas lloran? Julie era parte de toda esa sociedad de millones de personas, era normal, claro.

Pero a veces el dolor que sentía Enzo por la chiquilla era inexplicable. El verla tan comprimida bajo las sábanas, verla tan humilde durmiendo, no hacía nada, solo existía en esos momentos. Enzo entre tantos pensamientos se centró en la figura de ella, sabía que estaba babeando su remera, le sacó una pequeña carcajada haciendo que ella temblara sobre el, Julie abrió sus ojos y se alzó con mirada de sueño.

Se limpió la poca baba que tenía rededor de su boca y en la comisura de sus labios.

— Ay la concha de mi madre, lo siento tanto Enzo —maldijo, al mismo tiempo le pidió perdón por babearle.

El negó: — Tranquila Jules, es normal —ella se hizo a un lado acostándose a su lado, mirando los ventanales.

Enzo había dejado el libreto encima de la sábana gris.

— No sabía que dibujabas tan bien, me encanta cuando te encanta el arte,me encanta que me encantes como arte, no como persona, no como ser humano que respira, me encanta que me encantes como una pieza de arte —hablo el, con su voz de noche, así de grave.

Ella soltó un suspiro ante lo que el dijo. Tapó la mitad de su cuerpo con la sábana, Enzo volvió a tomar el libreto, se lo pasó a ella.

— ¿Qué has visto? —ella tomó el sketch en sus manos. Abriéndolo en las primeras páginas.

— Casi todo.

— Hum.

Se acomodó mejor en la cabecera, pasando los dibujos con una suavidad y lentitud jamás vista antes. Enzo se asomó para también mirar los dibujos, otra vez, ya los había visto.

Locos | Enzo VogrincicDonde viven las historias. Descúbrelo ahora