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↳ Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos paraencontrarnos— Julio Cortázar

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Andábamos sin buscarnos
pero sabiendo que andábamos para
encontrarnos
Julio Cortázar














— Espera Enzo, espera —la chica trotó un poco hacia él ya que el chico había comenzado a caminar, ella iba subiendo el cierre de su chamarra verde—, Dios mío Enzo, ¿vos no te mueres de frío? Me estoy congelando —se abrazó a ella misma, su cuerpo estaba temblando.

Pero Julie, ¿estás segura de que tu cuerpo tiembla por frío...? O tu cuerpo tiembla porque estarás a solas con Enzo de noche, mientras todos duermen ya por lo agotado que había sido su día.

Logró comenzar a seguirle el paso, de nuevo ella le miró por lo alto que estaba, le sacaba una cabeza y eso le impresionó, o bueno, no tanto como una cabeza pero si era muy alto.

— ¿A donde vamos? —los pasos que daban eran lentos, o bueno, los de Julie ya que Enzo daba zancadas—, mas te vale Enzo que sea rápido, no me quiero dormir afuera o que me despidan por andar rondando por acá sin autorización —Enzo soltó varias risas, ella le miró extrañada pero él no la miró a ella, solo podía visualizar los hoyuelos que se le creaban al chico por sonreír.

— Que insistente, Julie Tess Soto —caminaron un poco más para que Enzo abriera la puerta, dejó pasar primero a Julie, entraron a un pasillo el cual prendía la luz por detector de movimiento.

Ella iba caminando delante de él, subieron unas cuantas escaleras y se hizo a un lado.

— ¿La azotea?

Alzó sus hombros, le sonrió y abrió la puerta para la peli negra casi castaña. Si, estaban en la azotea del edificio pequeño con los cuartos que compartían, ella pensaba que no iba a estar adornado, o que no tuviese nada, pero era todo lo contrario. La azotea estaba demasiado bien cuidada, había sillones, una mesa de billar, un techo arriba del lugar de estancia para que no se mojen por si llueve.

— Mierda, sí que es lindo esto —dejó de abrazarse a ella misma para caminar y tumbarse en uno de los sillones cafés que reposaban allí.

— Eh, eh, no, vení Julie —la señaló para que no se sentase, ella esbozó una mueca, estaba cansada y no entendía el porqué Enzo no lo estaba si él era el actor, no ella.

Se levantó del sillón soltando un suspiro, Enzo la esperó para que al llegar junto a él, este pudiera posar su grande mano venosa sobre su espalda y empujarla un poco para que caminase más rápido.

— Pero que lenta que sos Julie.

— Déjame, así soy, me duelen los pies, que queres que haga, ¿que vuele?

Locos | Enzo VogrincicDonde viven las historias. Descúbrelo ahora