24.

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Niall.

—Señor Horan, hemos aterrizado.— La asistente de viaje murmuró mientras me sacudía un poco para despertarme. Estiré mis brazos hacia arriba y bostecé mientras miraba a mí alrededor el jet vacío. Viajar en un jet privado definitivamente tenía sus ventajas.

Tomé mi mochila y emprendí mi camino hacia la terminal del aeropuerto, ya podía escuchar a las fans gritando. Espero que haya buena seguridad esperándome y también espero que hagan su trabajo bien. No estoy de humor para ser empujado ni nada de eso.

Salí de la terminal, y como dije, había 5 hombres grandes esperándome.

—Bienvenido a casa, señor Horan.— El más grande de ellos me saludó.

—Sí, bueno, aun no estoy en mi casa, ¿en dónde está mi equipaje?— Pregunté, sacando mi celular de mi bolsillo trasero. Le mandé un mensaje a _______ diciéndole que estaría en casa en una hora. O eso espero.

—Hemos mandado a alguien a que lo recoja y lo lleve hacia el auto. ¿Está listo?

—He estado listo desde que salí de ese avión, solo llévame al auto lo más rápido posible.— Ordené, mientras caminaba adelante del hombre. Los otros cuatro se pusieron alrededor de mí mientras salíamos de la terminal. Ahí fue donde todo empezó.

Había chicas gritando por todos lados. Estaban jalando mi ropa y empujándome por todos lados. Miré al hombre que se supone que estaba a cargo, el señor cabeza hueca.

—¿Podrían hacer bien su trabajo? No les estoy pagando para que se queden parados mientras todos me están empujando y me impiden salir.— Pedí con enfado.

El hombre les dio instrucciones a los otros cuatro y comenzaron a alejar a más gente de mi camino.

—¡Niall! ¿Podemos tener una foto?—Todas las chicas gritaban exactamente lo mismo. Yo simplemente seguía caminando sin siquiera decir nada o mirarlas. No estaba de humor.

Finalmente llegamos a la salida del aeropuerto y los paparazzis estaban alrededor del auto.

El señor cabeza hueca tuvo que pedir refuerzos a través del radio que se encontraba en su hombro. Pude entrar en los asientos traseros del auto pero nunca nos movimos.

Un guardia de seguridad estaba parado justo en mi ventana mientras trataba de alejar a las fans y a los paparazzis. Bajé la ventana del auto y los gritos por poco me dejan sordo.

—¿¡Por qué tardan tanto!?— Grité hacia el hombre.

—Al parecer hay un problema con su equipaje, señor. Ya tenemos a alguien haciéndose cargo.

—¿Hablas en serio? Esto es increíble, bien, solo olvídate del maldito equipaje y llévenme a casa.

Subí la ventana de nuevo y lo miré decir algo a través del radio. Algunos policías tuvieron que aparecer para limpiar el camino y el auto pudiera avanzar. Después de una hora, o un poco más, finalmente estaba camino a casa.

El conductor se detuvo en la cochera de mi casa y bajó del auto para abrir mi puerta.

—Bienvenido a casa, señor.—Sonrío.

Baje del auto y saqué un billete de 100 dólares de mi cartera para tendérselo al hombre sin siquiera decirle nada.

Tomé mi mochila y camine hacia la puerta principal. _______ estaba esperando por mí en la sala y tan pronto como abrí la puerta sus brazos estaban alrededor de mi cuello, casi haciendo que caiga cuando se lanzó sobre mí.

—¡Estoy tan contenta de que estés en casa!— Ella mencionó mientras seguía abrazándome.

Envolví mis brazos en su cintura y enterré mi cara en el espacio entre su cuello y su hombro.

Imaginas | Niall Horan¡Lee esta historia GRATIS!