XL

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Paren todo actualicé 

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Martina observaba con los brazos cruzados al chico, Danilo, moviendo la pelota con una naturalidad que la dejaba atónita. Cada toque, cada pase, era ejecutado con una precisión que la hipnotizaba por completo. Para ella, Danilo era el mejor, no solo por gusto personal, sino por la destreza que demostraba en cada movimiento.

El tono del entrenador disminuía gradualmente en intensidad para Martina, quien se encontraba absorta en la habilidad de Danilo, perdiéndose en su juego ágil y decidido.

Cuando Danilo dejó en ridículo al número nueve rival, humillándolo por completo, Martina no pudo contener una risa al ver la expresión avergonzada y decepcionada del chico.

—¡Che, cerrá las piernas! —gritó Raúl, visiblemente molesto—. ¡Date cuenta, Franco!

Franco mordió su labio, observando cómo Sánchez se alejaba de él. Reconociendo su error, sintió la necesidad de dejarlo seguir y enmendar su equivocación.

—¡Dale! —exclamó, viendo cómo Danilo superaba a todos—. ¡Salí, loco!

El arquero se lanzó en un intento desesperado de detener el balón, pero fue en vano. Danilo celebró su logro con emoción, saltando hacia el arco y mostrando su característica señal de dedicación, una M, hacia Martina.

—Dale, de nuevo —ordenó el entrenador.

—No te creas más que nadie acá, ¿entendido? —intervino el hombre de repente, dirigiéndose al castaño—. ¿Escuchaste? Respetá a la gente.

—Respetame vos a mí primero —se defendió el castaño.

—¿Y quién sos vos? —se burló Martina—. Viniste solo.

—¡Qué te hacés, viejo! Si estás más colado que yo acá —gritó Martina mirándolo con desprecio—. Seguro que tu hijo no metió ni una, y estás resentido. Cerrá el pico.

—Ey, ey —intervino el entrenador—. Martina, ya hablamos sobre esto.

—Bueno, que este también se calle un poco —se encogió de hombros—. Un tipo con pelos en las pelotas actúa más inmaduro que mi hermanito de siete años. ¡Dale!

—Callate vos que este cayó de regalo —se dirigió hacia Martina.

—¿Y si vos caíste de regalo? —suspiró enojada—. ¿De la torre Eiffel? Porque parece que tu cerebro está patas para arriba.

—Ya está, basta —ordenó el entrenador. Danilo lanzó con rabia la pelota y miró al entrenador—. Bueno, vamos con la jugada preparada. Lorenzini, armá bien la barrera. Danilo, dale —tiró la pelota—. ¡Manu, la línea!

Danilo fijó su mirada en el punto exacto donde quería dirigir la pelota. La precisión nunca fue un problema para él; la pelota obedecía sus órdenes, siempre estaba bajo su control. Con un potente movimiento, chutó la pelota hacia Martín, quien recibió el impacto en la cara y cayó al suelo quejándose de dolor.

—¡Loco, lo hizo a propósito! —exclamó, viendo a su hijo tirado en el suelo—. ¡Lo hizo a propósito, técnico! ¡Yo lo vi!

—¿Qué estás diciendo? —se acercó el entrenador incrédulo.

—¿Lo viste vos? —preguntó al número seis.

—Raúl —lo llamó el técnico—. ¿Podés calmarte un poco?

—¡El pibe lo hizo a propósito, te digo! —insistió Raúl—. ¡A propósito!

—¿A propósito de qué? —preguntó sarcástico, observando cómo Danilo ayudaba a Martín a levantarse.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora