XI

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Martina dormía plácidamente en su mesa, ajena al bullicio del aula. Un ruido repentino la hizo sobresaltarse, y al abrir los ojos, se encontró con Danilo, cuyo rostro pálido y mirada perdida la desconcertaron. Sonrió entre sueños al verlo.

— ¿Che, qué onda? ¿Por qué esa cara de fantasma? — preguntó ella adormilada, todavía entre sombras del sueño —. Flasheaste Gasparín —.

Danilo, con arrepentimiento en sus ojos, comenzó a hablarle, y Martina, aún somnolienta, respondía con algunas palabras sin mucho sentido. Él le informó que ya estaban en el recreo, y ella, feliz, sacó un paquete de galletitas que había comprado.

— ¿Vos nunca merendás acá? — preguntó curiosa, ofreciéndole a Danilo.

— ¿Ahora merendas vo’? ¿Qué te pasó a vo’? — preguntó Danilo, curioso —. So’ cheta parece. Me olvidé que vo’ era de Recoleta luego —.

— Y... me pintó hoy — respondió ella, riendo un poco mientras compartían las galletitas —. Deja de decir boludece’ vo’ —.

Martina, sin percatarse de la mirada perdida de Danilo, comentó alegremente que su papá le había mandado plata, enfatizando que era lo único bueno que había hecho desde que nació.

— Y despué’ me mandó plata — él frunció el ceño, su mente estaba en otro lado y no entendía de que hablaba —. Lo único bueno que hizo en toda su vida, mira primera ve’ puedo decir que tengo un viejo piola, te juro —.

La atención de Danilo se centró en las galletitas, y Martina, con una sonrisa amplia, le ofreció más. Después de dialogar un rato, ella se dio cuenta de que el chico estaba bastante interesado en las galletitas.

— Mirá, mejor las guardo antes de que las afane el hambre — bromeó, volviendo a guardar el paquete —. Si queré’ má’, tenés que hacerme un favor vo’ — propuso, mostrando una sonrisa juguetona.

Danilo, intrigado, arqueó una ceja.
— ¿Un favor? ¿Qué quere’ vo’? — preguntó con intriga.

— Tené’ que acompañarme a comprar ropa — dijo Martina con una risa traviesa —. La que tengo es de mi tía Raquel y ta’ má’ desgastada que vo’ en una joda —.

Danilo frunció el ceño y cruzó los brazos con determinación.

— Ni en pedo, no me banco eso de andar comprando ropa — declaró con firmeza, ella lo miro insistente —. ¡Ni en pedo! ¿Qué queré’? ¿Que me haga el modelo para vo’? —.

Martina, tentada, soltó una risa y sonrió ampliamente. Él castaño solo se cruzó de brazos mostrando la firmeza de sus palabras.

— Dale, te doy do’ paquete má’ de gallitas más si venís — afirmó ella, quitando dos más de su mochila —. Mirá, que e’ mi última oferta —.

Danilo, con los ojos brillando al ver las galletitas, no pudo resistirse.

— Bueno, pero que quede claro que no es una cita ni nada, che — puso su mochila sobre sus rodillas —. No te haga’ la viva, eh —.

— Le iba a invitar al Carlo’ también — la mueca de Danilo cambio completamente —. Se te bajo la presión parece —.

— Déjate de joder, flaca — suspiró para después recostar su cabeza en la mesa —. Ni gana de na’ tengo —.

— ¿Ni de la galletita’? — preguntó entregándole los dos paquetes —. ¿Aceptas o no, gil? —.

— Y, bueno — se rindió finalmente —. Y mira que no pierdo na’ —.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora