XXVII

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— ¿Por qué te sentás en el suelo otra vez? — inquirió el castaño, propinándole dos golpes a sus piernas —. Mirá que acá tenés un buen asiento — se mofó.

— Ya, flasheas cualquier cosa — rió mirándolo —. Sos un buen pibe vos — ladeó su cabeza, observando su cara. Volvió a levantarse para tomarla entre sus manos —. No te hagas mierda, ¿entendés? —.

— ¿Y vos de qué hablás? — sonrió sin entender el drástico cambio de ambiente —. Recién nos estábamos prácticamente comiendo, y ahora me salís que soy un buen pibe — sonrió de lado —. ¿Vos querés otro beso? —.

Él estiró su brazo, forzándola a sentarse sobre él. Las piernas de la chica en ese momento eran tan incómodas, ya que molestaban para su cercanía.

Ella despeinó su cabello y sonrió, sintiendo cómo esta vez era él quien limpiaba su labial.

— ¿Conocés al Max vos? — preguntó ella con una sonrisa melancólica —. El pibe que se sentaba a un lado nuestro —.

Él quitó la mano de su rostro, frunciendo el ceño. Buscando en sus ojos la respuesta del repentino nombramiento a uno de sus compañeros. Al no escuchar nada, solo asintió, manteniendo incomodidad al escucharla hablar de otro chico.

— Y se metió en la falopa ese — Danilo frunció el ceño —. Vos no lo hagas — ella negó apretando un poquito más su rostro con sus manos —. No voy a soportar ver cómo te perdés poco a poco —.

— ¿Qué decís? — se burló para después poner sus manos sobre las de la pelirroja —. Mira que si estoy volado no voy a poder apreciar tan bien tu belleza — acercó su rostro al suyo, logrando que sus narices se rocen —. Encima que sos preciosa, no quiero perder un segundo sin vos, mirá si estoy en otra... ni en pedo —.

— ¿Me lo prometés? — susurró ella, levantando su dedo meñique esperando la confirmación —. Dale, jurame que nunca vas a probar esa mierda — sus ojos reflejaron la necesidad de que él se lo dijera —. Porque si te metés en eso, Danilo... yo no quiero estar con alguien que se destruye a sí mismo —.

Él sonrió de lado.
— ¿Querés estar conmigo, entonces? — preguntó.

Ella no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar su tono emocionado. Volvió a mostrarle su mano.

— Prometélo — susurró, él junto sus meñiques cerrando aquel pacto —. No lo vas a hacer... decilo, dale —.

— Martu... sos re pesada — sonrió un poco —. Prometo que no me voy a meter en la falopa — abrió un poco sus ojos acercándose a ella —. Y también prometo que te voy a amar hasta el día que me muera —.

— ¿Tanto? — murmuró ella sorprendida —. Mira que seguro después me odias cuando nos casemos —.

— ¿Vos decís? — se burló —. Yo creo que me vas a volver más loco todavía —.

— Si pasar más de veinticuatro horas conmigo, te vas a hartar — él negó —. Te juro —.

Danilo la miró con una sonrisa y tomó sus manos, entrelazándolas.

— Bueno, creo que estoy dispuesto a correr ese riesgo — dijo con una sonrisa juguetona.

Martina soltó una risa contagiosa, sintiendo una conexión inexplicable con aquel chico de ojos intensos y sonrisa encantadora.

— ¿En serio? — preguntó ella, simulando sorpresa —. Vas a tener que soportar mi sarcasmo, mi mal genio y mis días de locura, ¿estás seguro de que estás preparado para eso? —.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora