XXIII

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Martina caminaba al lado de Carlos, ese día había ido junto a él, como habían acordado la noche anterior. Por una llamada.

Ella mantenía los ojos cerrados mientras avanzaba, provocando risas en el chico cada vez que chocaba con algo. Su caminata se volvía más pausada para evitar que ella se golpeara.

— ¿Te sentís bien vos? — preguntó, tirando de su campera hacia él, ya que casi choca con un bote de basura —. Pareces un zombie, te juro —.

Ella abrió sus ojos un poco, acercándose más a él. Recostó su cabeza en su hombro para después abrazar su brazo, ante esto, el chico solo rió.

— Mira que así nos ve Mariela y se arma quilombo — se burló él —. ¿Querés que te lleve a tu depto para descansar? — ella negó —. Vos te vas a dormir en la clase de literatura, sí o sí —

— No pegué el ojo toda la noche — susurró, sintiendo cómo él dirigía el paso —. Déjame quedarme así un ratito, Marlene no se va a enojar tanto... —.

— Mariela — corrigió —. Vos y Danilo siempre dicen mal su nombre. El uno para el otro son —.

Ella no dijo nada, dejando al morocho confundido. Pensó que estaba actuando extraño; ella no hablaba más del castaño y siempre que lo mencionaba cambiaba de tema. Además, estaban actuando como una pareja divorciada, y él se sentía como el hijo de ese ex matrimonio.

— ¿Vos decís que en una me duermo y no despierto más? — él suspiró —. Tipo de onda, imagínate... ¿Te vas a mi funeral? —.

— Ojo, escaleras — informó él, logrando que ella abriera sus ojos —. Dale, Martu... no sé qué te pasa, pero me deprime. Dale. Mostra algo de vida —.

— ¿Qué vida voy a mostrarte? Estoy muerta desde que él me dejó — él frunció el ceño.

— ¿Vos te viste novelas anoche? — sonrió —. Esa la vio mi mamá —.

— No me hables, José Luis — continuó —. Todo a la basura por un beso —.

— Y seguía — se quejó —. Mira que parece que te cortaron — al ver su cara, su sonrisa se borró, alejándose un poco —. ¿Qué pasó con Danilo? —.

Martina suspiró antes de responder, notando que la conversación daría un giro.

— Ayer me declaré a Danilo — el morocho la miro incrédulo —. Y, bah, prácticamente me rechazó. Dijo que no éramos tan compatibles y no sé que más, ni me quiero acordar... te juro —.

Carlos, con los ojos abiertos de par en par, detuvo su caminar y miró a Martina con incredulidad.

— ¿Qué? ¿En serio? — preguntó sorprendido —. No puede ser, Martu, vos sos una piba re linda y buena. Se lo pierde él —.

Martina chocó sus hombros en un gesto desinteresado.

— Y... que se lo pierda él — sonrió con tristeza —. Me dijo que prefiere quedarnos como amigos. Está claro que mi corazón no le importa mucho —

Carlos frunció el ceño, molesto por la actitud de Danilo.

— No sé qué le pasa a ese flaco, pero te juro que es un pelotudo si no ve lo que tiene al lado — puso una mano en su hombro, intentando reconfortarla —. Sos increíble, Martu —.

Ella sonrió débilmente, agradeciendo el gesto de Carlos.

— Gracias, José Luis — siguió con ese apodo —. Pero, sabes qué, me cansé de esperar a alguien que no valora lo que tengo para ofrecer. Así que me quedo con la vista que todos los pibes son iguales, la típica —.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora