III

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Martina observó al lado del castaño con una expresión de incredulidad, volteó los ojos y volvió a recostar su cabeza en la mesa, soportando en ese momento, ese dolor de cabeza que estaba a su lado.

Danilo, al notar la falta de respuesta, tragó su orgullo y se volteó hacia ella. Sin embargo, se dio cuenta de que la joven estaba recostada mirando en otra dirección. Descansó su cabeza sobre sus manos, cuestionándose si pelear por ese lugar había sido la decisión acertada, ya que nunca antes se había sentado ahí.

La primera clase transcurrió con normalidad, salvo por los comentarios burlones y molestos de Hernán, ese chico que no se callaba por nada. Sánchez, ignorando eso, decidió recuperar las horas de descanso perdidas, ya que el profesor de la siguiente clase no había asistido.

La risa desesperante de Hernán lo despertó de su cálido sueño. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue a la chica de lentes amarillos dibujando garabatos en su cuaderno. Molesto, arrastró la silla para levantarse y miró al pelinegro.

— ¿Qué no te cansas de hablar vos? — preguntó Danilo —. ¿No ves que quiero dormir, pelotudo? —.

— Buee — se burló riendo —. ¿Y que querés que haga? — preguntó sarcástico —. ¿Que te cante una canción de cuna? Deja de joder, la casa es para dormir —.

— Ah, mira — su ironía era evidente —. Sabes que me iba a gustar más ese datazo, si te hubiera preguntado, pedazo de gil —.

— Ya está, Danilo — interveno la delegada del curso, del año anterior —. Deja de buscar bronca, dale —.

— ¿Vos qué te metes, rubia teñida? — preguntó con enojo —. Mira que con vos no es, eh —.

Martina levantó la vista, quitandole su atención al dibujo, mirando al chico. Suspiró y se levantó, empujando al castaño con notable enojo.

— ¿Que te crees vos, imbecil? — interrogó molesta —. Colmas mi paciencia, sos más pesado que ese parece — ladeó la cabeza señalando a Hernán —. Tenés que dejar de ser tan pelotudo para alzarle la voz a una mujer, pelotudo —.

— ¿Y a vos quién te llamó, metiche? — él la miraba desafiante —. Encima que nos sos de acá, jodes y jodes. ¿Qué mierda tenés conmigo? —.

— Que decís, gil— suspiró sarcástica —. Vos sos el único que me caga la existencia —.

— Que te voy a dar bola yo — se rió mirando al costado —. Mira que no sos mi tipo, ojo que no te doy pelota más, para que no te ilusiones tanto... Recoleta —.

— Buee — tomó a Hernán del cuello, este se quedó mudo ante el tacto, ella sonrió mirándolo —. ¿Qué es la primera vez que te toca una mujer o qué? — se burló —. A mí no me gustan los nenes como vos — se dirigió a el que se hacía llamar Danilo —. Mira que prefiero sentarme con este que con vo’ —.

— Y hacelo — desafío —. ¿Quién te detiene? Mira que su amiguito está más feliz que él — se burló.

Martina expresó su disgusto antes de abandonar la clase. Sánchez no pudo contener la risa ante la reacción, regresó a su asiento ignorando las tonterías que Hernán soltaba sobre lo sucedido. Pero, ¿por qué mostraba una sonrisa tan amplia? ¿Le causaba tanta gracia molestarla?

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El camino de regreso a casa transcurrió en un inusual silencio. Carlos lo notó y miró a Danilo, quien sonreía durante todo el trayecto.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora