XXII

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Martina cerró los ojos, recordando el beso con una sonrisa tímida. Las mariposas revoloteaban en su estómago, cada recuerdo era un cosquilleo cálido.

Sus manos temblaban al evocar la intensidad del momento, como si aún sintiera el roce suave de aquellos labios.

Era como estar en una montaña rusa emocional, una mezcla de emoción y vértigo. La necesidad de no separarse se convertía en un anhelo palpable, como si el tiempo se hubiera detenido en aquel instante mágico.

Temía que al descirle lo que sentía él la rechazara. Ya que, ella mejor que nadie sabía lo horrible que era su personalidad y temperamento, llegando ser insoportable para la mayoría de sus conocidos.

Por algo nunca tuvo un novio... ¿no?

Imaginaba que él le explicaba que la veía como una gran amiga, pero no compartía los mismos sentimientos románticos. Para Martina, esa escena mental fue como un golpe inesperado que la sumió en una profunda desilusión. Ya que, parecía ni siquiera lograr que él la amara, incluso en su mente.

Se refugiaba en la idea de que él podría corresponder a sus sentimientos, pero la realidad le mostraba una puerta cerrada.

Sentía que cada interacción se volvería incómoda, que cada risa compartida se teñiria de amargura. Se sintió vulnerable y expuesta, como si sus emociones fueran un faro que revelaba su vulnerabilidad.

Rodríguez, con el peso de la desilusión en su pecho, comenzó a distanciarse sutilmente de Danilo. Evitaba encuentros innecesarios y buscaba refugio en la soledad para procesar la tormenta emocional que la invadía. Se preguntaba cómo había llegado a ese punto y si alguna vez podría superar el dolor de haber arriesgado su corazón.

Faltó un buen tiempo al colegio, logrando que incluso la mayor se preocupara. Pero al intentar convencerla solo al verla tan demacrada, aceptó que faltará el tiempo necesario.

En cada rincón de su mente, resonaba la posibilidad de que nunca sería suficiente para él. Sus inseguridades y autocríticas se volvieron más intensas, convirtiéndose en compañeras constantes en sus pensamientos. ¿Cómo podía esperar que alguien la amara si ni siquiera se amaba a sí misma?

Todo había comenzado el día después, él al verla simplemente la ignoro por completo. Logrando que su corazón le doliera un poco.

En su mente resonaba que capaz le había besado mal, o que quizás él solo quería algo más. Pero ninguna excusa era tan fuerte como para lograr dejar de pensar que había sido su culpa.

La pelirroja se sumió en una introspección profunda, tratando de entender los matices de sus propias emociones y la relación con Sánchez. Se cuestionaba si había malinterpretado las señales, si había sido impulsiva al besarlo esa primera vez, sin considerar las consecuencias.

La dualidad de recordar aquel beso con cariño y al mismo tiempo enfrentarse a la posibilidad de la no correspondencia la confundía aún más.

La pelirroja se encontraba en un dilema interno, debatiéndose entre la resignación y la esperanza. En sus momentos de soledad, se repetía a sí misma que merecía encontrar a alguien que valorara cada faceta de su ser, incluso aquellas que ella consideraba defectos.

Aunque la pelirroja no borra de su memoria la charla previa, resultando frustrante recordar lo que pudo haber llevado a cabo, ya que no estaba pensando con claridad.

Estaba en una lucha emocional con sus pensamientos, pues; por una parte deseaba saber si él sentía lo mismo, pero por otra temia a la respuesta.

A pesar de ello, cuando rememoraba cómo las manos del chico reposaban en su cintura y ese beso, no podía evitar enrojecer por completo y sentir cosquilleos en su estómago.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora