XIII

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Raquel rió ante la interacción entre Martina y Danilo, y procedió a servir más jugo en los vasos. Observó a Danilo con una mezcla de simpatía y curiosidad.

— No te hagas el tímido, Danilo, acá no comemo’ vidrio — dijo Raquel, entregándole el vaso —. Si estás con Martina, te tenés que bancar un poco de quilombo —.

Danilo aceptó el vaso con una sonrisa y agradeció tímidamente. Mientras disfrutaban del jugo, Raquel continuó conversando con ellos, preguntándoles sobre la escuela, y que tal estaban con las tareas. Martina y Danilo, aunque al principio se mostraban reacios a compartir demasiado, empezaron a sentirse más cómodos en ese ambiente hogareño.

— Che, Uruguayo, me parece que debería’ venir más seguido a casa. Así aprendé’ a comer algo que no sea fideos — sugirió Martina, burlándose de él —. Además, la tía cocina re bien —.

— Y, no me haga’ caso, pero la flaca e’ una maestra en la cocina — coincidió Danilo, guiñándole un ojo a Raquel —. Igual, yo sé defenderme solo, eh. No necesito que me cuiden todo el tiempo, ni que me den de come’ mira que tengo casa también —.

— ¿Ves tía? — comentó Martina, sonriendo —. E’ re testarudo, pero al final, se le cae la careta —.

Raquel asintió con una sonrisa cómplice, disfrutando de la compañía de los jóvenes. Poco a poco, Danilo empezó a relajarse, dejando de lado su actitud más reservada. Raquel, siempre atenta, notó el cambio y decidió preguntarle sobre su vida y su familia.

— Uruguayo, contame un poco más de vo’. ¿Tené’ hermanos o algo así? — inquirió Raquel, mostrando interés genuino.

Danilo, un tanto sorprendido por la pregunta pero sin querer ser descortés, compartió algunos detalles sobre su familia y sus vivencias, contando sobre cosas que le gustaría que pasaran en su día a día. Creándose mentalmente la imagen de una familia normal, y con una mamá que la acompañará todo el tiempo, y por supuesto; una figura paternal. Contando con normalidad una historia creada por él mismo.

— Bueno, no me gusta aburrir con mi vida, pero sí, tengo un par de hermano’ y... — sonrió —. Mi vieja los cuida a todo’ re loco’ son ahí —.

— ¿Cuántos hermanos tenés? — preguntó con curiosidad la mayor.

— Y cuatro tengo — añadió —. Son pibes todos todavía —.

— ¡Que lindo! — exclamó la señora, mostrando aquella sonrisa particular suya —. ¿Van a la escuelita todos? —.

— Sí — afirmó rápidamente —. Mi vieja los lleva y los trae, a veces mi papá también va, cuando ella no puede —.

— Me encantaría conocer a tú mamá — él abrió sus ojos sorprendido —. Tranca, le quiero decir que crío a un pibe bien educado y caballeroso —.

— Y... medio difícil va a se’ — fingió tristeza —. Está muy ocupada ella —.

— Que mala leche — dijo Martina suspirando —. Igual capaz un día le podemos invitar a comer a tus hermanos, mira que los quiero ver —.

— ¿Y para que queré’ verlos vo’? — preguntó —. Le vas a poner to’ en mi contra vo’ —.

— Igual capa’ lo hago — sonrió —. Mira que tienen que saber que su hermano e’ re loco —.

Danilo rió mientras le daba un último trago a la bebida que tenía en frente, al mirar hacia la ventana observó lo oscuro de la noche y suspiró levantándose, para despedirse.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora