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Primero abarcamos lo que es el presente para después volver al pasado, para ver cómo era la relación al comienzo de Danilo, Martina y Carlos.    

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CIUDADELA
AÑO 1996

La pelirroja exploraba el entorno en busca de dos figuras familiares. Sus esfuerzos resultaron infructuosos al no divisar a nadie conocido a su alrededor. Suspiró mientras se acomodaba en un banco cercano, descansando de esa búsqueda agotadora.

Al reconocer su propia falta de diligencia, se puso de pie y continuó escudriñando a los jóvenes que pudieran parecerse a Carlitos y Danilo, aunque ninguno cumplía con el perfil. ¿La habrían dejado plantada? Habían prometido salir con ella ese día, y Martina también había jurado asistir a su práctica, pero al parecer, no se presentarían.

Al pasar cerca de Cachucha, hizo una mueca de disgusto por el olor que emanaba de él. A pesar de ello, seguía buscando con la mirada a esos chicos.

— ¿Y, Carlos? — inquirió Danilo mientras realizaba ejercicios con sus "pesas" (dos botellas de birra llenas de arena y una soga) —. ¿Viene o no viene? —.

— Bancá — respondió, bajando la mirada. Mientras observaba, el castaño se acercó para buscar también entre la multitud.

— Ese Cachucha es re pajero — habló aún mirando al mencionado —.La otra vuelta, había unas pibas en la parada del bondi — se rió volteando a ver a su amigo —. El chabón se bajó los lompas, les mostró la poronga, todo —.

Carlos se rió ante la narración de Sánchez, y pronto el otro se unió a las risas al escuchar la contagiosa carcajada del rizado.

— Nada que ver — dejó de reír mientras miraba al que estaba a su lado —. Re atrevido, igual ¿eh? —.

Tevez frunció el ceño al ver el distintivo cabello de su amiga. No tardó en golpear el hombro de Danilo y señalarla.

— ¿Esa no es Martina? — señaló hacia donde estaba junto a Cachucha —. ¿No debería estar ensayando danza o algo así? —.

— Es verdad — asintió el castaño, coincidiendo —. Pero pensalo, esa loca jamás se metería en danza — al ver cómo el mayor hablaba con ella, entrecerró los ojos —. Igual, yo le prendería fuego por enfermo —.

Bajo el edificio, Martina sonreía incómoda con los brazos cruzados. Mientras el hombre, masticando una mandarina, divagaba sobre cualquier cosa, ella solo deseaba desaparecer cada vez que abría la boca.

— Mirá que le tenés que pegar, ¿eh? — desafió mientras reunía saliva —. Si le pegas a Marti, te compro un alfajor. Y si no, ya sabes, déjame a mí —.

Carlos, riendo, golpeó su hombro sin dejar de reír. Disfrutaba de la compañía de Danilo, más que un amigo, parecía un hermano; alguien cercano, como si compartieran la misma sangre.

— ¿Qué empujás? — se quejó el castaño con una sonrisa —. Mirá su me caigo, gil — ambos se recostaron en el piso de aquella terraza —. Mira, mira. Tenés que calcular la distancia y el viento. Cómo cuando le pegas a la pelota para que entre al ángulo — al ver que no respondía volteo a mirarlo —. ¿Me escuchaste? —.

— Sí —.

— También los pisos y la velocidad — continúo. Observaron un momento al piso y comenzaron a tirar sus escupitajos —. ¡Cachucha! —.

Cuando el hombre volteo a mirar hacia arriba, la saliva le cayó en la cara. Este asqueado, se limpió con la mano con una mueca de desagrado.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora