XXV

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— Estos Giles tardan una banda — se quejó sin dejar de observar a la pelirroja —. Y después terminan eligiendo a cada muerto —.

A un costado de los jugadores, que descansaban sentados sobre el césped de la cancha. Los entrenadores hablaban sobre el tipo de jugada de cada uno, discutiendo quién era el mejor para su equipo.

— Pero hoy jugamos re bien — añadió Carlos, aún distante.

— Más vale — susurró el castaño mirandolo —. ¿Cuando no juego bien yo? — se burló para después quedarse en silencio —. Igual, perdón che... Me fuí al chori —.

Carlos lo observó sin dejar de tomar de su botella, volteó al frente viendo a los mayores hablando con seriedad y después suspiró bajando su botella.

— Conmigo está todo bien — sonrió ligeramente —. Ya te dije yo —.

— Mira que, si quedamos tenemos que volver — volvió a hablar el castaño —. ¿Vos decís que a la Martu le pinte venir? —.

— ¿Eh? — preguntó el morocho desconcertado —. ¿Volver? —.

— Tenemos que volver si quedamos mañana — informó volteando a mirarlo —. Más vale —.

— No puedo — afirmó con pesar.

— ¿Por qué no podés? — preguntó sin dejar de jugar con la pelota.

— Porque tengo que estudiar — comunicó, volteando hacia el de tez blanca —. no me puedo rateae dos veces, boludo —.

— ¿Para qué estudias vos? — interrogó —. ¿Conoces a alguien que se hizo rico por estudiar? —.

Carlos volteo hacia él, pensando por un momento. Luego volvió su mirada al frente, mirando a los entrenadores.

— No — confesó aún pensando —. No conozco a ningún rico —.

Danilo ladeó la cabeza, permitiéndose pensar también.
— Yo tampoco —.

Los de remera blanca se observaron por un momento entre sí, esperando alguna queja o duda de sus compañeros. Al estar seguros de su decisión se acercaron a los postulantes.

— Chicos — comenzó a hablar —. Atención acá, un minuto —.

— Bueno — comenzó el de bigote —. Primero, gracias por venir — Carlos puso ambas de sus manos en su rostro —. Tenemos la lista de los chicos que tienen que volver el jueves —. Manrique, Celera, Morete, Martín — comenzó a leer, mientras de fondo de escuchaban los festejos de los mencionados —. Cristíanez, Martinez —.

— ¿Martinez qué? — preguntó Kiru gritando.

— Martínez, Marcelo — replicó, volviendo a leer —. Y Martínez Carlos, los dos —.

— ¡Vamos, la concha de la lora! — gritó la pelirroja poniéndose de pie —. ¡Ese es mi amigo, boludo! —.

— Vamos, nene, vamos — festejó en murmullos el mayor.

— Centellana — volvió a hablar el entrenador —. Y Saldivar, eso es todo —.

— ¡Eh, eh! — llamó Danilo levantándose —. ¿Cómo que eso es todo? ¿Y yo? —.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora