XXIX

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— ¿Estás segura de que va a estar bien? — preguntó notablemente preocupado —. Mira que no voy si te sentís mal —.

— Dale, anda — insistió —. No vas a faltar a esa práctica de mierda por mi culpa, vas a quedar —.

— ¿Vos decís? — preguntó con una pequeña sonrisa asomándose en su rostro —. ¿Confías? —.

— Claro que sí, boludo — ella tomó su rostro entre sus manos, haciendo que él sonriera torpemente —. No sé por qué tratarte así se me hace tan familiar... —.

Él posó ambas de sus manos sobre las de la chica, tomándolas y bajándolas con cuidado, manteniendo el agarre. Le dio un beso fugaz y sonrió.

— Me encantaría vivir así contigo toda mi vida — sonrió tímidamente —. Siendo nosotros nomás, solo vos y yo... —.

— ¿Pero...? — preguntó la pelirroja al ver su mueca —. Tenés un pero —.

— Mira — volvió a hablar él —. No sé si puedo hacerte feliz. Soy un boludo, mirá que hago una cagada y te alejas para siempre de mí... No quiero perderte, a vos no —.

— Dale — insistió ella —. No vas a hacer nada... pero sí me da un toque de vergüenza hablar con vos tan lindo — sonrió —. Me gustaban los insultos, ¿sabes? —.

— ¿Extrañas los insultos? — se burló, moviendo sus manos —. ¿Querés que te siga llamando taradita? —.

— Pero bueno, taradito — ella rió, dándole un suave golpe en el hombro —. No te emociones, no todos los días vas a escuchar cumplidos de mi parte —.

— Qué rara forma de conquistar, ¿no? — Danilo bromeó, mirando la remera de Boca que ella llevaba puesta —. Mirá vos, la primera hincha de River que veo caer tan bajo por un hombre —.

Martina lo miró con expresión de desdén.
— Mirá vos, el pelotudo que se burla de la elección de mi remera como si la hubiera elegido yo — le espetó, cruzándose de brazos —. Tenés cuarenta remeras de fútbol y justo una de Boca me pones ¿Tenés algo para decir de mi elección de calzado también? —.

— Tranquila, tranquila — él rió —. No voy a meterme con tus elecciones de moda, aunque sea difícil no hacerlo cuando te vestís con eso — señaló la remera de Boca —. ¿En serio, River? ¿No te da vergüenza? —.

— Sí, sí, soy una vergüenza para los hinchas de River — ella rodó los ojos —. Pero por lo menos no soy un pelotudo hincha de Boca que se burla de su novia —.

Danilo la miró, sorprendido al escuchar lo que ella decía, pero aún así no pudo evitar esbozar una sonrisa ladeada para mirarla con aún más intensidad.

— Bueno, no todos somos perfectos, cariño — se burló, acercándose más a ella —. Pero hablando de eso, ¿te ayudo a quitarte esa remera de mierda? —.

Martina se quedó en silencio por un momento, mirándolo con una expresión entre divertida y desconcertada. Finalmente, comenzó a quitarse la remera, pero antes de que pudiera hacerlo por completo, sintió un dolor punzante en la cabeza.

— ¿Martu? ¿Estás bien? — Danilo se preocupó, deteniéndola —. ¿Necesitás ayuda? ¿Te duele mucho la cabeza? —.

Martina suspiró, rodando los ojos ante la preocupación evidente de Danilo.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora