XII

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La tardecita estaba presente, el calor era insoportable para todas las personas que caminaban por ahí, abanicandose con cualquier remera. Los albañiles, andaban sin remera mientras tomaban tereré descansando del trabajo un rato. Martina los ojeo y suspiró volviendo su mirada al frente, restándole importancia.

— Estás re loco vos — volvió a hablar ella, cruzando sus brazos frente al edificio donde quedaba su hogar —. Mira que hace setenta grados y vos ahí con tu campera —.

— Boludeces lo que decís — se burló él —. Vos todo lo día anda con tu cara de orto y nadie te dice na’ —.

Ella sonrió negando.
— Mira que tenés razón — aceptó —. Igual vos tenés la cara pateada desde que naciste, te tengo que banca’ —.

— Buee — se quejó, fingiendo enojo —. Si soy el pibe más lindo que viste en toda tu vida, deja de joder —.

— ¡Uru! — gritó un chico acercándose, estaban vestidos prácticamente igual —. Que raro que no estás Carlito’ con vos —.

— Que onda pa’ — saludo chocando las manos con él, la pelirroja solo frunció el ceño pensando si era buena idea irse —. Mira Pincha, está es mi amiga, la Martina —.

— ¿Que onda, Marti? — sonrió él, mostrando sus dientes amarillentos y la señaló, mirando a Danilo —. ¿Está es la novia del Carlito? —.

— No — negó el castaño —. La otra e’ Marcela, me parece —.

— ¡Ah! — exclamó asintiendo —. Mira que está es re linda, che — se dirigió a la pelirroja —. Tas re buena vos — se encogió de hombros —. Sin ofender, pa’ eso tenés vo’ ojo me dijo el ciego —.

Ella rió, pero al sentir la mirada pesada de Danilo, se tapó la boca. Sánchez volteó a mirar al de gorra.

— Bueno — continúo —. ¿Vos que hace por acá? —.

— Y soy del barrio, che — dijo burlándose —. Re en otra estás vos — negó —. ¿Seba’ te dió algo a vos? —.

— ¿Quién es Sebas? — preguntó ella y Danilo miro enojado al pelinegro —. Perdón... —.

— Esté tiene un hermano — informó y después ladeó la cabeza —. ¿No sabías vos? ¿No sos la wacha de éste? — ella negó —. Mira que si queré’ un pibe lindo, yo estoy sin wacha —.

— Deja de joder vos — regañó el de ojos cafés —. Vos pasabas a saludar nomá’ y no te fuiste más —.

— Cierto che — aceptó el contrario —. Tenía que ir a hablar con Jorge yo — suspiró —. Nos vemos después Uruguayo — guiñó un ojo —. No te olvide’ de mi che — se dirigió hacia Martina —. Mirá que yo me voy a dormir pensando en vos —.

Sánchez observó como se perdía a lo lejos, y entrecerro los ojos suspirando para después voltear hacia la castaña.

— Re pajero es ese — suspiró y sonrió —. No le hagas caso nomás vos —.

— ¿No querés ir a tomar helado vos? — preguntó Martina, desconcertandolo.

— Y… no sé, ¿vos decís? — respondió Danilo, pareciendo indeciso —. Mira si tú tía se enoja —.

— Dale, te invito yo. Me bancaste todo el día, mira que te lo merece’ vo’ — bromeó ella.

Caminaron hacia la tiendita más cercana, dónde vendían algunos helados en palitos, ya sean frutales o bañados en chocolate. También habían para poner en los conos, ambos observaron indecisos los sabores y tipos de helados que habían en el congelador. (no sé si en Argentina se vende así, pero vamos a decirle q si para q tenga sentido, total es ficción)

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora