XXVI

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COMENTEN Q ME SIENTO RE JUZGADA SI NO (cosaron rompido)    

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Los insultos continuaban, Danilo intentaba calmar a Carlos, quién se mostraba enojado y incómodo por los comentarios que los otros lanzaban.

— Ya está — dijo el castaño —. Ya está —.

— Boludos — susurró Tevez para volver su mirada a su amigo. Ubicó una de sus manos sobre su hombro —. Escúchame... Hoy en la noche, necesito que me hagas la gamba con Mariela — sonrió —. Va a estar sola en la casa y voy a ir a... ya sabes qué —.

— Dios, cortame los oídos — susurró Martina con pesar —. No decía “a verla, la extraño” Noo — siguió sarcástica —. “Voy a hacer ya sabes qué” — lo imitó —. Que asco que dan los hombres —.

Danilo chocó su hombro con Carlos ignorando a la pelirroja.

— Buenaa — festejo —. ¿Pero que onda el viejo? — preguntó recordando lo incómodo que fue con la tía de Martina —. ¿No va a estar? —.

— A la noche siempre se paga una vuelta para ver cómo andan las obras — informó —. Aparte, no tiene una, tiene como cinco —.

— ¿Cinco? — preguntó sorprendido.

— Sí — asintió —. Está como dos o tres horas afuera —.

Sánchez lo observó un momento.

— Tené cuidado con el Hugo — advirtió —. Mira que está re chiflado — lo miró un momento —. Te llega a agarrar, y ni el Kiru te va a salvar —.

— Por eso te digo — continúo —. Necesito que te quedes afuera a hacerme campaña y me chifles si viene el viejo —.

Danilo miro al suelo y después observó a Carlos. Rodríguez los observó con curiosidad, sentía que no debía meterse más en su conversación.

— ¿Justo hoy tiene que ser? — preguntó con algo de pesar —. Es el cumpleaños de Jorge — sonrió de lado —.  Va a haber choripanes, gaseosa cara — mantuvo su sonrisa —. Helado también va a haber... Encima no como desde ayer —.

La naturalidad con la que lo decía desconcertó a la pelirroja. ¿Por qué no comía desde el día anterior? ¿Se había saltado comidas? No, eso no podía ser; ya que, si hacía eso después podía comer algo más.

Carlos sonrió incómodo, como si lo que le había dicho solo se trataba de un mal chiste.

El castaño jugaba con su resortera improvisada con un rulero. Imaginando todo lo que iba a comer esa noche. Ese día, estaba seguro que iba a dormir con el estómago lleno.

— Yo te hice la gamba en el club — continúo el morocho —. Ahora necesito que vos me hagas esto con Mariela —.

La sonrisa ladeada de Danilo se borraba cada vez que Tevez seguía hablando, como si las palabras del chico solo le causarán desilusión. Más bien, se arrepentiría de que el le haya ayudado en el club.

— Y después te vas al cumpleaños — ladeó su cabeza —. Que seguro termina re tarde. Si vos sos mi amigo vas a decir que sí —.

Danilo resopló ante lo que Carlos decía, por un momento volvió su vista a la colorada. Cómo si con solo mirarla todos sus ánimos volvieran, como si fuera un cargador que lo recargaba con positivismo, irónico ya que ella era de todo menos positiva.

— Bueno, dale — aceptó el castaño —. Pero si me aburro me voy, eh —.

— ¿Y vos podes? — preguntó mirando a la pelirroja. Sánchez no tardó en observarla también —. Me dijiste que tú hermano te invito, ¿te vas? —.

RESCATATE | Danilo Sánchez | Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora