-Capitulo 66-

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- ¿Entonces? - preguntó una vez más Diego con fastidio ante la indecisión de sus hermanos. - ¿Gotcha? - preguntó mirándome divertido.
- ¡No! - Todos rieron con mi grito de terror -Mejor vamos a... - me calle y me miraron intrigados.
- ¿A dónde? - Preguntó Anna con ansias.
-Suban a cambiarse y después les digo- estaba por correr hacia las escaleras al igual que los niños pero Diego me atrapo por la cintura.
-No, No, No... - Sonrió perversamente -A mí me dices a donde vamos ahora mismo, si no, no sabré hacia donde conduciré- hacia cariños con su nariz en mi cuello y mejillas.
-No te preocupes... - le sonreí -Yo conduciré- como pude me liberé de su agarre y corrí hasta la mesa donde estaban las llaves del auto.
-Te las quitaré de todas formas- dijo engreídamente mientras yo le presumía las llaves agitándolas con mi mano derecha.
-No lo creo- le saque la vuelta y subía los escalones a toda velocidad pero fue inútil ya que antes de llegar a mi habitación me atrapo acorralándome contra la puerta.
-Dámelas- sonrió victorioso.
-Gánatelas... - sonreí aún más agrandada y triunfante que él. Si quería me quitaba las llaves fácilmente pero elegiría ganárselas, nos convenía a ambos.
Nuestros cuerpos se acoplaron tal y como piezas de rompecabezas y sus manos se posicionaron en mi cintura. Nuestros pechos aún se contraían y expandían con rapidez por la carrera de hace segundos.
Comenzó a besar mi cuello, estos besos prácticamente me quemaban por dentro. Hacían estallar mis hormonas, hacían que solo con el roce de sus labios mi cuerpo se pusiera a temblar. Subí mis manos a su cuello y lo acaricie tan lentamente levanto su mirada hacia mí y unió nuestros labios.
-Ya estamos listos- rápido gire la perilla y me metí en la habitación.
- ¡Eres una tramposa! - grito girando la perilla pero ya le había puesto seguro. Me cambie a la velocidad de la luz, y deje que se hicieran las naturales ondas en mi cabello ya que aún estaba húmedo por la ducha de en la mañana.
-Espero que no nos lleves a un salón de belleza o un aburrido spa- dijo Diego mirando por la ventana del copiloto.
- ¿Cómo adivinaste? - Pregunté con excesiva emoción -Iremos a hacernos manicure, pedicura, nos pondremos mascarillas y...
-Aquí mismo me bajo- dijo Diego abriendo la puerta con el auto aun en movimiento
- ¡Estás loco! - le grité por abrir la puerta en plena avenida y la cerro.
-Tú estás loca si piensas que entrare a un lugar así- carcajeé.
-Era broma- rodo los ojos -Y aunque quisieras... No te dejarían entrar- reí -No sin antes llamar a seguridad y que te hagan pasar por un detector de metales- los pequeños se unieron a mi risa. El solo soltó un sarcástico "que graciosa".
-Llegamos - les dije estacionándome frente a un gran edificio gris con detalles en blanco de dos pisos.
- ¿Que es aquí? - volteé a ver a Diego indignada ante la pregunta de Anna.
- ¿Nunca los has traído? - pregunté en tono de reproche.
- ¿A una bodega? ¡Para qué!
-No es una bodega- le reclame -Vengan- me baje del auto y me miraron desconfiados - ¿De verdad nunca habías venido? - le pregunté sorprendida.
-No- contesto pasando su brazo por mi cintura apegándome a él.
Entramos y un leve frio nos envolvió. Era una pista de patinaje de hielo.
- ¡Wow! - Anna se emocionó al ver la enorme pista blanca - ¿Vamos a entrar? ¿Sí? ¡Anda Diego vamos! - tiraba de su brazo y Jared se le unió.
-Hey hey hey- les llame y voltearon a verme atentos -Es más que claro que no venimos a ver solamente- ambos corearon un "¡Wi!" caminamos hacia la taquilla para pagar las entradas y que nos dieran los patines.
-Tres- pidió Diego y lo mire entrecerrando los ojos.
-Cuatro- corregí.
-Tres- repitió.
-Cuatro- le sonreí al señor que comenzaba a fastidiarse.
-Solo tres- me miró fijamente.
-Solo dos entonces- me di la media vuelta molesta y escuche como maldecía en un susurro.
-Cuatro- dijo finalmente y una sonrisa triúnfate apareció en mi rostro. -Eres una chiflada- susurro en mi oído abrazándome.
-Lo sé- tomé su mano entrelazando nuestros dedos para después caminar hacia los niños que miraban a través del cristal a las demás personas patinando.
Fuimos hacia el mostrador y entregamos los cuatro tickets, pusieron cuatro pares de patines sobre este y cada quien tomo los suyos.
Una vez listos esperábamos en una banca a que el tiempo de los que estaban en la pista terminara. No había muchas personas esperando, eran máximas algunas diez. Un fuerte sonido semejante al de un silbato indico que era hora de salir, después de esto el zamboni alisó la pista.
- ¿Quieres que te ayude para que no te caigas?- levante una de mis cejas y lo mire retóricamente
- ¿No querrás mejor que yo te ayude a ti?- le dije sonriente y carcajeo. Me di la media vuelta y me interne a la pista, si había algún deporte que me gustara era el patinaje. Me miro sorprendido ante la facilidad con la cual me desplazaba en el hielo.

•La Jugada del Destino• [[TERMINADA]]¡Lee esta historia GRATIS!