- Capitulo 31 -

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Rodo los ojos con fastidio y no pude evitar reír, rodo nuevamente recostándose en el pasto.

- "Que no entiendes que no quiero nada relacionado contigo"- imite su voz y rio por lo bajo. Me enderece solo para esta vez yo subirme sobre su cadera. -Vamos Diego debe de haber algo que me quieras preguntar- dije poniendo mis manos sobre su abdomen. Pero el parecía no escucharme solo se limitaba a ver el cielo. -Detesto que me ignoren- me recosté sobre su pecho para decírselo en el oído. Negó con la cabeza.

-Déjame levantarme- me dijo volteando a verme, no necesitaba que me moviera para poder pararse, si el realmente lo quisiera ni siquiera me diría que me moviera, solo se levantaría.

-No- canturreé -Aquí nos quedaremos hasta que quieras hablar - sonreí -Tu dijiste que si yo me dejaba de hipocresías, tú lo hacías y yo quiero conocer al verdadero Diego- le dije mi objetivo y rio irónico.

-Maldita sea - dijo molesto - ¡No hay otro Diego!

- ¿Por qué no me dejas conocerte? - pregunte ahora yo molesta golpeándolo en el pecho.

-Ya, ya- repitió tomándome de las muñecas para que dejara de golpearlo -Me llamo Diego, tengo diecinueve años...

- ¿Diecinueve?- lo interrumpí -Vez...- logre que me soltara y lo volví a golpear -Eso no lo sabía- volvió a sujetar mis muñecas - ¿Qué haces un año atrás?- pregunte extrañada.

-No te importa- contesto de mala gana.

-Si me importa si no, no te estaría preguntando- le conteste obvia - ¿Reprobaste?- le pregunte divertida.

- ¡No!- reí por su gesto.

- ¿Entonces?

-Ya, está bien yo te pregunto a ti- finalmente accedió - ¿Responderás cualquier cosa?- pregunto y asentí con la cabeza.

-Con la única condición que después tú respondas todas mis preguntas- enfatice la palabra todas "todas''.

-Entonces no- sonrió hipócritamente.

- ¡Aldana que escondes!- le grite desesperada por qué demonios no quería responderme un par de preguntas.

-Nada- dijo tranquilo.

-Sabes... olvídalo- bufe molesta haciéndome a un lado -solo pierdo el tiempo intentando acercarme a ti- me puse de rodillas en el verde césped para luego ponerme de pie -Creo que tú me has rechazado lo suficiente para toda la vida- tome mi tacón que estaba aún enterrado en la tierra y cojeando comencé a caminar por el enorme jardín del campus. Sinceramente cruzaba los dedos porque Diego me alcanzara y me dijera que lo sentía y que respondería mis preguntas pero a eso se le llamaría un completo milagro.

- ¿Que te paso?- pregunto Luis riendo mirando mi irregularidad en los zapatos.

-Nada, le enterré el tacón en la cara a Débora- dije como si nada abriendo mi casillero.

- ¿E-Enserio?- pregunto sorprendido.

-No- conteste -Pero quisiera hacerlo- cerré la puerta de un golpe.

- ¿No te los cambiaras?

-No, hace días saque todas mis cosas del casillero- había sacado ropa, zapatos y accesorios ahora solo había libros, papeles y útiles escolares. - ¿Y tú qué haces afuera?- le pregunte mientras comenzaba a caminar junto a él.

-Al parecer el maestro no se levantó de buen humor- rio -Creo que se quedara solo en el salón- me uní a su risa, también lo había sacado.

- ¿Y cómo te fue anoche?

-Bien- dijo con una enorme sonrisa -Cenamos, platicamos, un "Quiero que seas mi novia"- dijo galán mente -Y por supuesto un "Claro que si Luis, eres tan guapo"- reí ante su exageración de la historia.

-Eres un mentiroso- no podía parar de reír.

- ¿Y tú? ¿Finalmente te rendirás y aceptaras que gane? El guapo Luis nunca pierde- dijo con seguridad.

-Pues esta vez...

-Lindos zapatos- escuche detrás de nosotros la burlona voz de Débora, me di la media vuelta para verla de frente. Daniel la abrazaba por detrás y a los lados como siempre Los clones.

- ¿Qué? ¿Te gustan?- pregunte con hipocresía -Estaba por tirarlos pero si los quieres te los regalo- sonreí -Creo que cualquiera será mejor que esos - hice una mueca de desagrado al ver sus zapatos.

Ni siquiera puse atención a su contestación porque toda mi atención se enfocó en Diego quien caminaba hacia nosotros con una caja blanca en las manos.

-Ten- me la entrego sin interesarle los demás -Espérame en la salida-susurro en mi odio antes de seguir caminando por el pasillo. Todos miraban sorprendidos excepto Daniel que lejos de "sorprenderse" estaba enfurecido. ¡Muérete de celos Henderson!

- ¿Entonces? ¿Si los quieres?- solté una carcajada antes de darme la media vuelta y seguir caminando con Luis por el pasillo.

•La Jugada del Destino• [[TERMINADA]]¡Lee esta historia GRATIS!