𝟑𝟖

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MATIAS CAMINABA CON LA CABEZA GACHA, tenía la mirada un poco perdida y su paso era apurado

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MATIAS CAMINABA CON LA CABEZA GACHA, tenía la mirada un poco perdida y su paso era apurado. Apenas llegó donde quería, comenzó a tocar la puerta.

Eva se frotó los ojos cuando sintió los ruidos, no era alguien que tenía el sueño ligero, pero sorpresivamente hoy se había despertado.

―Yo voy gordo.―Apoyó su mano en el pecho del chico cuando sintió como se intentaba levantar.

Se refregó los ojos mientras se dirigía a la puerta, apenas la abrió, se encontró con Matias.―¿Que pasó Matu?.

El la miró sorprendido, creyó que tendría que rogarle a Felipe para que despierte a su amiga.―¿Podes salir un rato?. Te necesito contar algo.

―Mati, son las seis de la mañana corazón.―Cerró los ojos cansada.―Anda a dormir y antes de irte me contas.

―Por favor Evita.―Se rascaba la nuca nervioso.―Es urgente, necesito contárselo a alguien.

Ella suspiró.―Me pongo algo más abrigado y voy.―El chico le sonrió un poco avergonzado y espero pacientemente.

Evaz se fue a lavar los dientes y a ponerse un buzo de su novio, estaba agarrando un tupper con brownies que le habían sobrado cuando una voz la sobresaltó.―¿A donde vas gorda?.―Era Felipe, tenía la voz ronca y por lo poco que podía ver, su pelo estaba completamente desordenado.

―Ahora vengo pipe, voy con Mati un cachito.―Se acercó a dejarle un pequeño beso en la cabeza.―Dormi que es temprano.―El asintió y volvió a dormirse, tal como su novia le había indicado.

La pecosa salió por la puerta intentando hacer el menor ruido posible para que su novio pudiese seguir durmiendo en paz.

―Ayer conocí a una chica.―Estaban sentados en la vereda, compartían la comida que la chica había llevado.

―¿En serio?.―Ella lo miró sonriendo, todo el sueño que tenía anteriormente se había esfumado.

El asintió, poniéndose colorado.―Es linda, intercambiamos números.

―Que bueno Matu.―Eva lo abrazó por los hombros y el apoyó su cabeza en el hombro de ella.―¿Como se llama?.

―Olivia.―Cerró los ojos, el sueño ya le empezaba a llegar.

―¿Por que no me lo contaste después?.―La pecosa comenzó a desenredarle el pelo con las manos.

―Es que estaba emocionado y los chicos estaban en la suya como para contárselos.―Se acomodó un poco mejor.―Además quería que seas la primera en saberlo, yo fui el primero en saber que te gustaba Feli.

𝐏𝐄𝐀𝐂𝐄; 𝗳𝗲𝗹𝗶𝗽𝗲 𝗼𝘁𝗮ñ𝗼Donde viven las historias. Descúbrelo ahora