Parte 42

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—¿Qué cojones pasa, Hugo?

Hugo no tenía escapatoria, no podía ni darse la vuelta, no había espacio. Estaba pegado a ella. Tomó aire.

—Mira, conozco a ese tío. Te vi con él y... —Hugo miró al suelo—. Be, es un hijo de puta.

—Ya. —Bea miró hacia el escenario y no pudo disimular la cara de asco. Se giró hacia Hugo—. ¿Por qué me has mentido?

—Si hubiese aparecido y te hubiese dicho que te alejaras de él, ¿me habrías hecho caso? ¿O habrías pensado que solo estaba celoso?

—¿Celoso? —Bea rio con la boca cerrada, eso le resultaba absurdo.

No estaba de humor para los juegos de Hugo. Se dio la vuelta y siguió alejándose del escenario. Las palabras de Wences aún sonaban en su cabeza, machacándola y reabriendo heridas.

¿Por qué un desconocido la había tratado así? ¿Por qué se había tomado esas confianzas? ¿De qué se reían sus amigos? ¿Por qué ese enfado desproporcionado? ¿Por qué la había llamado "puta"?

Estaba convencida de que Wences había visto sus fotos. La misma idea volvía una y otra vez a su cabeza. Trataba de rebatirla, pero resistía a cualquier lógica. No tenía pruebas, pero de algún modo tenía esa certeza.

No podía verbalizarlo, no podía decírselo a Hugo porque no soportaría que él también la llamara paranoica.

Durante más de un año, cada vez que le presentaban a un chico, si la miraba demasiado o si evitaba mirarla, se preguntaba si habría visto o no las fotos.

Sospechó de dos o tres. Pero, aunque por dentro se moría de ganas de gritarles para que confesaran haberlo hecho, nunca lo hizo. Sabía que era pura paranoia.

Wences había ido más allá. La empujó, la trató con desprecio, la insultó y al final Bea perdió el control.

No se arrepentía de haberle golpeado, le habría dado unos cuantos puñetazos más, pero no quería ser esa chica.

No quería ser la chica que se comía la cabeza cada vez que alguien se acercaba, cada vez que alguien la miraba. No quería venirse abajo cada vez que salía el tema. Quería ser la chica fuerte, a la que aquello le resbalaba, que fingía ser.

No quería que la cruel venganza de un exnovio definiera quién era ella.

Que sonara "Nothing Else Matters" en aquel momento no ayudaba precisamente a levantarle el ánimo.

Se detuvo. En esa zona ya había suficiente espacio para moverse sin tener que tocar a nadie. Hugo la había seguido.

—Be, él...

—No quiero saberlo. No quiero hablar de él, no... —Bea daba pequeñas patadas al suelo—. No me acercaré al tío ese. ¿Vale? —tenía los ojos fijos en el escenario, aunque probablemente sólo veía la espalda del chico que tenía delante—. Puedes irte si quieres.

Una parte de ella quería perder de vista a Hugo. Que se liara con Erica o con quien fuese y no volver a verle.

La otra parte le habría suplicado que se quedara, le necesitaba a su lado. Ahora mismo todo daba vueltas a su alrededor y estaba muy confusa.

Él normalmente la desestabilizaba, pero en ese momento era lo más parecido a un amigo que tenía cerca.

Hugo agradeció aquella respuesta. No le habría hecho gracia tener que decidir si contarle o no la verdad, o hasta dónde contarle. No la conocía lo suficiente, él no era la persona más adecuada para tomar esa decisión. Meses atrás, después de pelearse con Bea por lo de las fotos, y de que Martín le echara la bronca por hacerlo, trató de sacarle más información a su amigo sobre ese tema. Quería entender si Bea sabía que había más fotos y si las necesitaba. Martín le explicó que Bea nunca hablaba de aquello, y que no quiso denunciar, salvo para que borraran sus fotos de un par de páginas web, porque quería pasar página lo antes posible.

Si me dices que noDonde viven las historias. Descúbrelo ahora