Parte 12

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La gasolinera y su solitario surtidor se habían vuelto amarillentas con el paso del tiempo, del mismo color que el campo vacío en el que los habían plantado

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La gasolinera y su solitario surtidor se habían vuelto amarillentas con el paso del tiempo, del mismo color que el campo vacío en el que los habían plantado. Se fundían con el paisaje. Era como si hubiesen echado raíces allí donde nadie lo hacía. En aquel lugar el tiempo parecía haberse detenido hacía veinte o treinta años. El ritmo era distinto, más pausado, más espeso. La brisa soplaba lenta, la hierba seca se mecía sin ganas. Las chicharras cantaban con pereza, acompañando al silencio de aquel lugar, un silencio que el resto de coches y sus ocupantes respetaban, un silencio que reinó hasta que fue roto por las voces de los chicos.

—Voy a por algo de beber —dijo Hugo volviéndose hacia Bea—, ¿quieres algo?

—No, gracias. —Bea hizo tamborilear sus dedos sobre el volante.

Hugo, Martín y Germán salieron de la furgo y se dirigieron a la pequeña tienda.

La gasolinera estaba bastante concurrida, lo cual llamaba la atención en un lugar tan apartado. Al ver lo despacio que iba todo comprendieron por qué. Tras un rato, Bea se preguntó si sería legal que solo tuviera un surtidor con cuatro mangueras, mientras observaba desesperada lo mucho que tardaban en repostar los coches que tenía delante. Empezaba a perder los nervios y necesitaba ir al baño.

—Monito, ¿te traigo algo? ¿Una cerveza? —dijo Valeria con voz dulce, abriendo la puerta.

—Tráeme un Sunny, por favor— dijo Iker mirando el móvil.

Cuando Valeria salió del coche y se quedaron solos, se volvió hacia Iker.

—Sabes que lo tienes jodido con Valeria. ¿Verdad, "monito"? —No pudo evitar burlarse con esa última palabra.

—Bueno, al menos se viene y se lo pasa bien. Nunca ha estado en un concierto. —Iker se encogió de hombros sin dejar de mirar el móvil.

—Tío, Iker. Si quieres algo con esa chica no puedes seguir dejando que te trate como a un peluche; y no la culpes a ella, eres tú el que se deja llamar "monito" y le pide un puto Sunny como si tuvieras ocho años. —Mientras hablaba, Bea daba pequeños saltitos en su asiento.

—Eh —protestó Iker despegando los ojos de la pantalla—, está bueno.

Bea no podía creerse que usara tanta energía para defender aquella bebida para preadolescentes consistente en agua, azúcar y colorante naranja; y por otro lado no se esforzara en absoluto en atraer a Valeria. Le daba pena porque a ella le parecía que eran adorables juntos.

—Si tan solo te afeitaras. —Bea daba saltitos en su asiento—. Hazme caso, aunque sea solo en eso. Estás tan guapo cuando te afeitas. Acuérdate.

Iker se acarició la barba y volvió a encogerse de hombros.

—Be.

—Dime —contestó Bea dando saltitos.

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