Parte 19

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Bea tropezó con una roca y estuvo a punto de caerse. Siguió caminando como si nada.

—Agárrate a mi brazo —le ofreció Hugo amablemente.

—No, estoy bien —bufó Bea—. Si apuntaras la linterna al suelo...

En el suelo acabó Bea después de volver a tropezar. Se levantó deprisa, rechazando la ayuda de Hugo. Tratando de mantener la dignidad por encima de todo.

—A ver, "estoy bien". Deja que te ayude.

—No hace falta, pesado —dijo Bea.

Hugo apagó la linterna del móvil y se alejó de ella.

—Me da igual. —Bea siguió andando—. Puedo orientarme perfectamente. Y distingo algunas cosas.

Hugo veía mejor y la observaba caminar con los brazos extendidos y arrastrando los pies. Tuvo que taparse la boca para que no le oyera reírse.

—Eres un cabrón y una persona horrible —Bea dejó de andar—. Esto no es gracioso... tienes el sentido del humor de un torturador nazi.

—¿Quieres que te ayude?

—Quiero que te vayas a tomar por culo, Hugo Benedicto.

—No sé quién es ese —dijo Hugo encendiendo de nuevo la linterna.

— Benedicto, Benedicto, Benedicto —se burló Bea mientras volvía a caminar.

Hugo trotó para ponerse a su lado mientras Bea lo seguía repitiendo.

—¿Qué tengo que hacer para que dejes de llamarme así?

—¿Qué harías?

—Cualquier cosa.

—Cuéntame qué hiciste para que Mart te pusiera el ojo así —pidió Bea sin vacilar.

—Pues le...

—Y no te inventes ninguna chorrada.

Hugo fingió indignación durante un par de segundos.

—Le dije que Paula era una zorra y que dejara de llorar por una chica que probablemente le estaba comiendo la polla a otro.

—¿Por qué no me sorprende? Eres lo peor.

—Lo hice para que no empezara otra vez con toda esa mierda de "salvar la relación".

—¿Para que Paula quede como la mala?

—No, para cabrearle y que explotara. Para que echara todo fuera. No me hizo gracia insultar a Paula, joder. Siempre se ha portado bien con Mart, es una tía de puta madre.

—Como si te costara mucho llamar zorra a alguien.

—Yo solo uso esa palabra en la intimidad y de forma consensuada, Beatriz. —Guiñó un ojo haciendo que Bea pusiera los suyos en blanco. 

Llegaron hasta la zona donde se habían tumbado antes y empezaron a buscar las llaves sin hablar. Estaban en medio de la nada, a oscuras y lejos de cualquier otra persona. Apenas se intuían el uno al otro, y no podían ver sus expresiones. Eso creó una extraña sensación de intimidad entre los dos. Sus discusiones empeoraban cuanto más público tenían, por eso las peores eran por redes sociales, pero en aquel momento ni siquiera había una luna para mirarles. Solo eran dos voces compartiendo una luz en medio de la noche. Fue ella quien rompió el silencio.

—No lo entiendo. No te entiendo. Por tu boca solo sale mierda machista, pero luego te comportas como si fueras un tío de puta madre. Te preocupas por la gente, has sido un buen amigo para Mart... a tu manera. Rechazaste a Valeria.

Si me dices que noDonde viven las historias. Descúbrelo ahora